León, Guanajuato.- Cuando Motofiesta León nació en 2001, el motociclismo en México era muy distinto al que conocemos hoy. Las motocicletas de alta cilindrada eran difíciles de conseguir, existían pocas marcas en el mercado y la cultura biker aún cargaba con numerosos estigmas.

Durante una charla organizada por la Asociación Latinoamericana de Relaciones Públicas (ALARP) en Poliforum León, el presidente de Motofiesta León, Raúl Álvarez, recordó cómo surgió la idea de crear un encuentro que reuniera a quienes compartían la misma pasión por las motocicletas.

“Veías una moto en la calle y te acercabas a platicar con la persona. Así se fueron formando amistades que hasta la fecha siguen vigentes. Empezamos a reunirnos para hacer rodadas y poco a poco nació la idea de crear una festividad para convivir, como las que ya existían en ciudades como Guadalajara o Mazatlán, pero con nuestro propio estilo mexicano”.

En aquel entonces apenas existían tres motoclubes en León. Sin redes sociales ni herramientas digitales, la promoción de la primera edición se realizó mediante llamadas telefónicas, correos electrónicos e incluso cartas enviadas a asociaciones de motociclistas de otros estados.

El reto de convencer a las autoridades

Uno de los primeros obstáculos fue romper con la imagen negativa que existía alrededor de los motociclistas.

Álvarez recordó que cuando presentaron el proyecto ante las autoridades, la respuesta inicial fue de desconfianza debido a los estereotipos alimentados por el cine y la televisión.

“Cuando hablábamos de una concentración de motociclistas pensaban en las películas donde llegan los bikers a destruir pueblos. Nos preguntaban si éramos como los de esas historias. Tuvimos que explicar que detrás de cada motocicleta hay empresarios, profesionistas, padres de familia y personas que tienen esta actividad como una afición”.

Pese a las dudas iniciales, la primera edición resultó un éxito inesperado.

“Planeábamos algo para unas 300 personas y terminamos registrando 620 asistentes. Incluso llegó gente de Texas. Fue una sorpresa para todos porque desde el primer año se convirtió en un evento internacional”, recordó Raúl.

Una fiesta que creció junto con León

Con el paso de los años, el evento dejó de ser un esfuerzo voluntario para convertirse en una organización profesional que opera durante todo el año.

Actualmente Motofiesta Leóncuenta con personal especializado en producción, diseño, relaciones públicas, contratación de artistas y logística, además de oficinas permanentes para coordinar cada edición.

“La gente cree que esto se organiza en unos meses, pero el año completo no nos alcanza. Terminamos una edición y prácticamente ya estamos trabajando en la siguiente. Hay negociaciones que tardan uno o hasta dos años en concretarse”.

Uno de los primeros obstáculos fue romper con la imagen negativa que existía alrededor de los motociclistas. Foto: Facebook

El crecimiento del festival también obligó a formalizar procesos, establecer contratos y fortalecer la relación con instituciones gubernamentales y el sector turístico.

“Llegó un momento en que superamos los 10 mil motociclistas y todos dijeron: hay que poner orden. Ahí comenzó la formalización del proyecto y la transformación en una empresa con personal dedicado de tiempo completo”.

Más que motos: una comunidad solidaria

Para Raúl Álvarez, uno de los principales logros de Motofiesta ha sido demostrar que el motociclismo también está ligado al trabajo comunitario.

A lo largo del año, diversos grupos de motociclistas participan en campañas de donación de juguetes, entrega de cobijas, apoyo a comunidades rurales y actividades altruistas en distintos municipios.

“Muchas personas creen que los motociclistas son rebeldes o problemáticos, pero la realidad es muy distinta. Participamos en actividades sociales durante todo el año. Motofiesta es nuestra gran celebración, pero el trabajo con la comunidad ocurre permanentemente”.

La pandemia: el momento más difícil

Como ocurrió con la industria del entretenimiento en todo el mundo, la pandemia por COVID representó uno de los capítulos más complejos en la historia del festival.

La edición de 2020 tuvo que cancelarse apenas semanas antes de su realización, provocando pérdidas económicas y la reprogramación de compromisos ya adquiridos.

“Fuimos de los primeros en detener actividades y de los últimos en regresar. Había vuelos comprados, artistas contratados, proveedores comprometidos y mucha incertidumbre. Fue una etapa muy complicada para todos”.

Lejos de detenerse, el equipo apostó por reinventarse mediante un rally turístico que permitió mantener viva la marca y apoyar a distintos municipios del estado bajo estrictos protocolos sanitarios.

“Era hacer algo diferente o desaparecer. Nos adaptamos a las circunstancias y afortunadamente funcionó. Incluso ese modelo fue replicado posteriormente por otros eventos”.

Raúl Álvarez, presidente de la Motofiesta León. Foto: Juanita Crespo Arrona

El desafío de traer artistas internacionales

Otro de los retos permanentes ha sido la contratación de agrupaciones internacionales.

Aunque Motofiesta León ha logrado presentar bandas de reconocimiento mundial, convencer a algunos artistas de visitar México continúa siendo complicado debido a factores logísticos, presupuestales y de percepción sobre seguridad.

“No basta con tener el dinero. Los artistas investigan quién eres, cómo operas y qué tan sólida es tu empresa. Hay grupos que simplemente no quieren venir a México y convencerlos requiere años de trabajo y negociaciones”.

Aun así, el festival ha conseguido consolidar una oferta musical que se ha convertido en uno de sus principales atractivos.

En la reciente edición de Motofiesta León se presentó la banda española Kabrönes. Foto: Facebook

León y el reto de convertirse en destino de grandes espectáculos

Durante la conversación también surgió el debate sobre la posibilidad de que León compita con ciudades como Ciudad de México, Guadalajara o Monterrey como sede de espectáculos masivos.

Para Álvarez, aunque existe potencial, la infraestructura actual sigue representando un desafío importante.

“No es imposible, pero sí complicado. Los grandes conciertos requieren espacios para decenas de miles de personas, movilidad, estacionamientos, hoteles y servicios. Son factores que deben analizarse con realismo para poder aspirar a eventos de esa magnitud”.

Un legado que sigue acelerando

A 25 años de distancia, Motofiesta León mantiene el espíritu con el que nació: reunir a personas unidas por la pasión de rodar.

Lo que comenzó como una reunión improvisada entre amigos es hoy un evento reconocido dentro y fuera de México, capaz de atraer a miles de visitantes y colocar a León en el mapa internacional del motociclismo.

“Siempre hemos tratado de hacer las cosas de la mejor manera posible porque sabemos que muchas otras ciudades nos toman como referencia. Eso implica una gran responsabilidad, pero también es motivo de orgullo después de 25 años de historia”, finalizó.

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*Es periodista con más de 20 años de experiencia en temas locales, salud, seguridad y periodismo urbano; en la última década se especializó en temas de entretenimiento y mainstream, así como coberturas...