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Guanajuato, Gto.- Durante siglos fue la puerta de entrada a la grandeza minera de la capital. Hoy, entre muros antiguos, árboles centenarios y el murmullo del río, el Camino Antiguo de Marfil resiste como un testigo vivo de la historia de Guanajuato, gracias al esfuerzo de vecinos que se negaron a verlo caer en el abandono.

Este tramo, que por muchos años fue el principal acceso de entrada y salida a la ciudad, conectaba a viajeros, arrieros y comerciantes con el corazón minero del estado. A su paso se levantaron imponentes haciendas y casonas dedicadas al beneficio de minerales provenientes de las minas aledañas. Con el tiempo, aquellas estructuras se transformaron en grandes residencias, pero conservaron en sus muros la memoria de una época de esplendor.

Sin embargo, el deterioro, los derrumbes y la inseguridad comenzaron a amenazar este patrimonio. Fue entonces cuando un grupo de vecinos decidió organizarse. 

Así nació la asociación civil Guardianes del Camino Antiguo de Marfil, parte de sus representantes nos relatan que todo comenzó ante la posibilidad de construir un puente vehicular que modificaría de manera importante la dinámica del lugar.

Nos unimos como fuerza ciudadana para tocar puertas y defender el camino. Pero después entendimos que no sólo era evitar un proyecto, sino rescatar y dignificar este espacio histórico”, comparte.

La asociación emprendió acciones concretas: restauraron antiguas estructuras metálicas abandonadas, las intervinieron con información histórica resultado de investigaciones realizadas por historiadores, arquitectos y especialistas en antropología, e incorporaron fotografías antiguas del propio camino. Todo fue financiado con aportaciones de vecinos y donadores.

Además, implementaron la figura de un guardia comunitario para devolver seguridad a quienes transitan por la zona, luego de que se registraran asaltos que alejaban a la ciudadanía. Con cuotas accesibles —entre 200 y 400 pesos mensuales— han logrado sostener esta vigilancia y organizar jornadas de limpieza, recorridos históricos, exposiciones fotográficas, conciertos y carreras atléticas.

El cronista de la ciudad ha encabezado caminatas donde relata los hechos históricos ocurridos en el lugar, mientras que artistas locales han montado muestras pictóricas inspiradas en las haciendas, arcos, muros y paisajes del camino.

Para quienes lo recorren a diario, el impacto es evidente

Yo camino aquí todas las mañanas. Antes se sentía abandonado, ahora se nota el cuidado. Saber que estás haciendo ejercicio en un lugar con tanta historia te conecta diferente con la ciudad”, comenta Laura Méndez, vecina de la zona.

Por su parte, Jorge, corredor habitual, señala:

Este espacio es patrimonio, pero también es naturaleza y esparcimiento. Si lo dejamos perder, perdemos parte de nuestra identidad. Lo que hacen los vecinos es admirable”, dijo.

Hoy, además de enfrentar nuevos derrumbes y gestionar apoyos para la rehabilitación de la caja del río, la asociación busca impulsar proyectos ambientales y de conciencia comunitaria, especialmente entre jóvenes.

En ese esfuerzo por mantener viva la memoria del antiguo Real de Minas, la asociación anunció con agrado su primera charla del año titulada “Real de Minas de Santiago de Marfil: Ecos entre muros de cal”, que será impartida por la historiadora y promotora cultural Flor Janett Hernández Vargas.

La cita es el próximo 18 de febrero a las 6:00 de la tarde en el Foro Escarola, ubicado en el centro de la ciudad. El evento será con aportación consciente y a beneficio del Camino.

El Camino Antiguo de Marfil no es sólo un sendero de piedra y memoria; es símbolo de participación ciudadana y amor por la historia. En cada jornada de limpieza, en cada carrera y en cada charla histórica, sus guardianes demuestran que el patrimonio no se conserva solo: se defiende, se cuida y se vive.

Camino Antiguo de Marfil

Históricamente, el Camino Antiguo de Marfil no era un simple sendero, sino el tramo final del Camino Real de Tierra Adentro en su ramal hacia Guanajuato, una ruta declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Según registros del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y crónicas coloniales, este acceso fue vital durante el siglo XVIII, pues por aquí transitaba la plata extraída de las minas hacia la Caja Real y, en sentido contrario, ingresaban los insumos y miles de mulas que daban vida a la industria minera.

El camino flanquea el cauce del Río Guanajuato, donde se asentaron las haciendas de beneficio más importantes de la región, como la de San Gabriel de Barrera y la de San José de los Muleros, aprovechando la fuerza del agua para procesar el mineral.

Además, este trayecto fue escenario de eventos cruciales durante la Guerra de Independencia, siendo la ruta de entrada para las tropas insurgentes y un punto estratégico de control militar debido a su orografía de cañada.

LF

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