Manuel Carrillo
Como cargador en las Tres Caídas del Templo de Cata, Sergio Mireles Méndez camina descalzo cerca de cinco horas, sobre el concreto que quema los pies.
Desde hace cinco años, Sergio enfrenta uno de los mayores desafíos, una responsabilidad que vive con valentía y mucha fe.
Originario del barrio de San Miguel, Mireles se unió a los cargadores por su devoción hace cinco años.
“De chico mi familia me traía al Viacrucis, ahora me encuentro que es difícil cargar con los pies descalzos”, comentó.
Sergio camina varias horas descalzo, porta su capucha, ropa especial y un lazo que cala como cientos de agujas en la piel en cada paso rumbo al templo.
Las imágenes pesan alrededor de 800 kilos, son cargados por alrededor de 60 personas, quienes todo el año se preparan.
“Lo que pesa es ir pisando lo caliente del suelo, empezamos en San Clemente, es algo que hacemos por devoción”, apuntó.
Aunque al principio se siente el dolor, conforme pasan las horas ya no se siente nada, se pierde la noción del tiempo y con fe se llega cargando las imágenes.
Este sufrimiento, Sergio lo dedica a la memoria de su mamá, quien ya falleció y fue quien le enseñó a vivir este viacrucis.
“A mi familia ahora los traigo, es algo que no debemos olvidar y seguir alimentando”.