León, Guanajuato.- Como uno de los padres de la Otorrinolaringología en Guanajuato y como un hombre sencillo, humano y siempre entregado a su familia y a sus pacientes, recuerdan al distinguido médico Mauro Arturo Arenas Hernández.
El sábado 30 de enero, el reconocido otorrinolaringólogo leonés sufrió un infarto fulminante que terminó con su vida a los 73 años, edad a la que todavía disfrutaba de atender a sus pacientes y aconsejar a sus colegas.

Segundo de ocho hermanos, cinco hombres y tres mujeres, el doctor Mauro Arturo Arenas Hernández nació el 24 de febrero de 1947.
Él fue el primer médico en su familia, pues desde joven siempre tuvo vocación y la inquietud por aliviar la enfermedad. Nació para ser doctor.
El especialista se casó con Lupita Ferrer con quien procreó tres hijos: Mauro Arturo, Alejandro y Anabella y tuvo cinco nietos: Arantza, Alejandro, María, Ana Regina y Leonardo.

Su hermano mayor, Francisco Javier Arenas Hernández y quien se desempeña como director de Fiscalización y Control en el Municipio de León, recordó los años compartidos con su hermano en la primaria, secundaria y hasta la preparatoria.
“La primaria la cursamos en el Colegio Constancia y Trabajo y la secundaria y la preparatoria en el Instituto Lux, después cada quien siguió su camino. Convivimos mucho porque casi éramos de la edad.”
En época de estudiantes practicábamos futbol y basquetbol, compartimos muchos años juntos y nos cuidábamos el uno al otro”, recordó nostálgico.
El doctor Arenas se formó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Guanajuato (UG), se tituló el 27 de junio de 1975 y estudió la especialidad de Otorrinolaringología en el Hospital General del Centro Médico La Raza en la Ciudad de México del 1 de marzo de 1975 al 28 de febrero de 1978.
Trabajó en la Clínica Omega. Fue miembro fundador de la Sociedad Leonesa de Otorrinolaringología, Audiología y Cirugía de Cabeza y Cuello y formó parte del Consejo Mexicano de Otorrinolaringología.
Cuando el Hospital Ángeles llegó a León, el doctor Ernesto Marín lo invitó a formar el primer equipo de otorrinolaringología, allí todavía tenía su consultorio.
“Un médico que se dedicó a sanar”
Anabella Arenas Ferrer describió al doctor como un sanador, buen padre e increíble abuelo que disfrutó sus últimos días rodeado de sus familiares, a quienes cada día les regaló su amor incondicional.
“Bien entregado, en primer lugar a su familia y en segundo a sus pacientes. Fue una persona siempre muy sencilla en su manera de ver la vida, muy humano y un médico que se dedicó a sanar. Un sanador en todo lo que la palabra significa.”
Disfrutaba mucho la vida, todos los domingos comíamos juntos, disfrutaba la comida y echarse una copita y cantar con la guitarra y así fueron sus últimos días”, compartió.
Confesó que ella y la familia, consideran que el médico Arenas Hernández se fue en un gran momento porque todavía tenía la oportunidad de trabajar, además de que gozaba de muy buena salud.
No sufrió nada porque se fue muy sano, fue una muerte muy repentina. Somos una familia muy unida, nos reuníamos todos los fines de semana y todos los días nos regaló su amor y nosotros a él. Mi papá no le quedó a deber nada a la vida y la vida no le quedó a deber nada a él”, expresó.
“Dejó lecciones valiosas”
Adriana Martínez Macías, presidenta de la Sociedad Leonesa de Otorrinolaringología, Audiología y Cirugía de Cabeza y Cuello, dijo que el doctor Arenas será recordado por las valiosas lecciones que cultivó en cada uno de los médicos que forman parte de esta sociedad.
“Lloramos la muerte de este querido gran amigo, maestro y compañero que dedicó su tiempo, su reconocimiento y su trabajo en beneficio de la población.”
Al ver al doctor Mauro y hablar de él a todos nos daba siempre un ejemplo muy claro de lo que era la honestidad, la responsabilidad, el sentido del deber y de la entrega a la profesión y el esfuerzo diario traducido en solidaridad, siempre dispuesto a ayudar”, expresó.
Que en paz descanse.