Hablar del método sociológico es, inevitablemente, hablar de Émile Durkheim. No porque haya sido el único en reflexionar sobre la sociedad, sino porque fue quien dio el paso decisivo para convertir a la sociología en una ciencia con reglas, objeto y método propios.
En una época dominada por explicaciones filosóficas, morales o psicológicas de los fenómenos sociales, Durkheim propuso algo radical: estudiar la sociedad como una realidad objetiva, externa al individuo y susceptible de análisis científico.
El punto de partida de su método es una idea tan simple como revolucionaria: los hechos sociales existen independientemente de la voluntad individual. Normas, costumbres, leyes, creencias religiosas o formas de organización no nacen de una sola persona, sino que se imponen a los individuos desde fuera.
Para Durkheim, estas formas de actuar y pensar ejercen una presión sobre nosotros, aun cuando no seamos plenamente conscientes de ello. De ahí su famosa afirmación de que los hechos sociales deben ser tratados como “cosas”, es decir, como realidades observables, medibles y analizables.
Esta propuesta, desarrollada de manera sistemática en Las reglas del método sociológico, no busca deshumanizar la vida social, sino todo lo contrario. Al separar el análisis científico de las opiniones personales, de los prejuicios morales y de las explicaciones basadas únicamente en la experiencia individual, Durkheim pretende comprender mejor las fuerzas colectivas que moldean nuestras acciones.
Su método exige al sociólogo una actitud de distancia crítica frente a su propio sentido común, pues muchas veces lo que creemos “natural” es, en realidad, una construcción social.
Uno de los aspectos más importantes del método durkheimiano es la búsqueda de causas sociales para los fenómenos sociales. Durkheim rechaza las explicaciones psicológicas o biológicas cuando estas intentan explicar directamente hechos como el crimen, la religión o el suicidio.
Su análisis del suicidio, por ejemplo, demuestra que incluso un acto aparentemente individual puede presentar regularidades estadísticas que solo se comprenden al analizar variables sociales como la integración y la regulación social. Con esto, Durkheim deja claro que la sociedad no es la simple suma de individuos, sino una realidad con dinámicas propias.
Además, el método sociológico durkheimiano se apoya firmemente en el uso de datos empíricos. La observación sistemática, la comparación entre sociedades y el análisis estadístico son herramientas fundamentales para descubrir patrones y regularidades. Esta insistencia en la evidencia empírica distingue a la sociología científica de la especulación filosófica.
Para Durkheim, solo mediante la comparación es posible identificar lo que es esencial en un fenómeno social y distinguirlo de lo accidental o circunstancial.
No obstante, el método de Durkheim no ha estado exento de críticas.
Algunos autores han señalado que tratar los hechos sociales como cosas puede conducir a una visión excesivamente rígida de la sociedad, dejando poco espacio para la creatividad individual y el cambio social impulsado desde abajo. Otros han cuestionado su énfasis en el consenso y el orden, argumentando que subestima el conflicto y las relaciones de poder.
Sin embargo, incluso estas críticas confirman la vigencia de su pensamiento: discutir a Durkheim sigue siendo una forma de pensar seriamente la sociedad.
En el contexto actual, marcado por la globalización, las redes sociales y la fragmentación de identidades, el método sociológico de Durkheim sigue ofreciendo herramientas valiosas.
Nos recuerda que detrás de nuestras decisiones individuales existen estructuras sociales, normas implícitas y presiones colectivas que influyen en nuestra conducta. Comprender estas fuerzas es fundamental no solo para el análisis académico, sino también para la reflexión crítica sobre la vida cotidiana.
En conclusión, el método sociológico propuesto por Émile Durkheim representa uno de los pilares fundamentales de la sociología moderna.
Su insistencia en la objetividad, en el estudio de los hechos sociales como realidades externas y en la búsqueda de causas sociales permitió consolidar a la sociología como una disciplina científica.
Más allá de sus límites y críticas, su legado sigue invitándonos a mirar la sociedad con ojos analíticos, cuestionando lo evidente y entendiendo que, para comprendernos a nosotros mismos, primero debemos comprender las fuerzas sociales que nos rodean.