Opinión

¿Operación mochila?, ¿militarización?, ¿cómo resolver la violencia?

FRENOLOGÍA

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Por: Iván Lozano

En México tenemos la peor forma de resolver las cosas, o de intentar hacerlo porque muchas veces las soluciones no son tales y nomás nos gusta tapar el sol con un dedo. 

Actualmente la seguridad es probablemente la principal preocupación en este país y para combatirla tenemos básicamente tres propuestas: vigilar, encarcelar y militarizar. El objetivo de estas estrategias es el mismo, persuadir a una persona de cometer un delito. El discurso es: si robas, verbigracia, te captará una cámara de video o te va a cachar el soldado de la esquina y terminarás en prisión. Fórmula simple y (aparentemente) lógica que, sin embargo, ha sido completamente inservible pues la percepción de seguridad va de mal en peor. 

Con el desarrollo tecnológico florecen como margaritas las cámaras de seguridad en cada rincón. En Hidalgo, por ejemplo, parte esencial de la estrategia es llenar de aparatos la entidad. Circunstancia que supera la imaginación orwelliana porque además del Estado, los ciudadanos estamos convencidos de que la ubicuidad visual es el freno perfecto para la delincuencia y, gustosos, contribuimos a la psicosis del gran hermano con nuestras propias lentes en casas y negocios. Comunes son ya los videos de asaltos en tal lado, banco, edificio, local comercial o hasta en la Urvan. Además de observado, ¿te sientes más seguro?

Hay que endurecer las penas. Un delincuente va a pensarlo dos veces si pasará 20 años en el tanque por robar 3 mil pesos al cuentahabiente en quincena. Gracias a esto tenemos un sistema penitenciario rebasado cuyos principales internos son narcomenudistas, defraudadores y asaltantes sin antecedentes penales que se convierten en víctimas de un sistema penal corrupto que aprovecha la vulnerabilidad de quienes no pueden costear un buen abogado y deben permanecer años encerrados aun con acusaciones falsas, mientras los grandes líderes criminales permanecen inmunes. ¿Qué tal nos ha ido con esto?

Por otra parte, multiplicar militares en las calles (o polícias, pal’ caso es lo mismo) es recurso también frecuente cuando aumentan los índices delictivos u ocurre alguna tragedia como la sucedida recientemente en Torreón, Coahuila. Nos encanta tapar el pozo con efectivos de seguridad que, una vez calmadas las aguas, dejan los sitios justo como cuando llegaron, pues una estancia permanente de cientos de militares y policías tendría un costo prohibitivo para el Estado, además que sería un escenario por demás indeseable. 

Sin embargo, el despliegue de fuerza sirve a las autoridades para hacer como que hacen ante la opinión pública, y aunque las imágenes de perros policía olfateando mochilas de estudiantes es surreal y deprimente, parece no haber generado rechazo por parte de la sociedad que ya no sabe qué hacer ni dónde esconderse ante la violencia y prefiere ceder en la defensa de sus derechos a cambio de unos gramos de tranquilidad. 

Mientras tanto, la prevención ni se asoma. Todas las formas con las que enfrentamos expresiones de violencia se basan en sanciones (con la chancla primigenia). La lógica con la que buscamos mermar actos delictivos es que si haces tal o cual cosa recibirás tal o cual reprimenda. La disuasión, pues, deriva del temor. La estrategia del miedo al castigo por sobre la educación ética, responsable y moral de la ciudadanía.

La bronca es que mientras las estrategias de prevención con resultados de largo plazo no rindan frutos electorales, los encargados de la seguridad continuarán con sus despliegues cuasicinematográficos de ocasión que se ven chulos en pantalla y en la propaganda gubernamental.

ACLARACIÓN La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo.

Y tú, ¿qué opinas?