Guanajuato.- Edith, sobreviviente del ataque armado de Guardia Nacional en 2022, relató que a cuatro años de la lesión, todavía tiene dolor, poca movilidad del brazo y mucho miedo de salir a la calle. Prácticamente fue un milagro que siguiera con vida.
“Pensé que me iba a morir, nunca me había pasado ningún accidente, ni roto una pierna o un brazo. Vi a mi compañero que ya no se movía y pensé que me iba a pasar lo mismo a mí, pensé que los iba a dejar solos (a sus padres y dos hermanas) y que nunca los iba a volver a ver”, declaró Edith.
La joven de 26 años viajaba sentada detrás del asiento de Ángel Yael, de la camioneta Eco Sport a la que elementos de la Guardia Nacional dispararon la tarde del 27 de abril del 2022. En la continuación de la individualización de sanciones, recordó que ella escuchó un disparo, cuando volteó a ver lo que ocurría escuchó el segundo disparo al tiempo en que comenzó a sentir mojado el brazo, luego llegó el dolor y después de ver que su compañero estaba herido y no se movía, fue que se dio cuenta de que habían sido atacados con un arma de alto calibre.
Una vez que llegó la ambulancia la trasladaron al IMSS de Irapuato, donde tardaron mucho tiempo en atenderla porque estaban saturados. Cuando por fin la atendieron, únicamente le hicieron una limpieza.
Cabe recordar que según la doctora en urgencias que la atendió, la estudiante llegó muy grave con un choque hipovolémico, contusión pulmonar y una fractura de húmero; su hombro quedó prácticamente destrozado. Los médicos le dijeron que era un milagro, pues si la esquirla hubiera dado 5 milímetros a la izquierda, se hubiera muerto y 5 milímetros a la derecha, le hubieran arrancado el brazo.
Tras varios días internada, la trasladaron a la T1 en León donde le hicieron una reconstrucción del hombro, en otra cirugía le injertaron hueso y en otra le hicieron una transposición de tendones. Luego recibió terapia física en el CRIT de Irapuato y en el INGUDIS. Justamente el pasado 19 de mayo en este último tuvo consulta y le dijeron que tiene que seguir con la terapia física y hacer natación para no perder la poca movilidad que ganó.
Y es que apenas tiene un 40 % de movilidad del brazo, no lo puede levantar sola. Además de que el dolor es persistente. Antes del ataque armado, Edith estaba en el cuarto semestre de Ingeniería en Agronomía. Pero estuvo un año y medio sin estudiar tanto para tomar sus terapias, cirugías y además por miedo a revivir la tragedia.
“Ya no pude ver a mis amigos, ya no pude seguir estudiando, ya no pude hacer muchas cosas, ni mi plan de vida de salir de la carrera junto con mis compañeros. Había hecho muchos planes con Laissa (otra de las sobrevivientes), era una amistad que valoraba mucho. Pero ella quedó muy afectada y yo dejé de ir a la universidad. Me daba mucho miedo salir a la calle y ver a los elementos de Guardia Nacional por las armas largas”, recordó la sobreviviente caso Ángel Yael.
La Fiscalía General de la República (FGR) demostró que en cuatro años, la Guardia Nacional únicamente le brindó a Edith transporte a sus consultas y le dio cinco sesiones de atención psicológica. El resto de su atención corrió por cuenta de la Universidad de Guanajuato, la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) y el IMSS.
Edith mencionó que actualmente sigue con el miedo de salir a la calle, la ansiedad, daño emocional y pocas ganas de socializar. También hay veces que por las terapias, aunado a que hay ocasiones que ir a la escuela es demasiado doloroso porque es recordar a diario el ataque, no quiere ir a la escuela. Además de que por el juicio, comenzó a faltar y ahora tiene que esperar otro semestre más para recursar.
Persiste trauma psicológico de amigos de Ángel Yael que vieron su muerte: ‘que se haga justicia’, piden
AM publicó el 18 de mayo que a cuatro años del ataque armado de la Guardia Nacional contra estudiantes de la Universidad de Guanajuato, las víctimas todavía tienen miedo, por lo que pidieron a la juez que se haga justicia para poder descansar.
Durante la audiencia de individualización de sanciones en el juicio por el homicidio del estudiante de Agronomía, Ángel Yael, en El Copal, Irapuato, Laissa, quien es una de las sobrevivientes, relató que al momento del ataque quedó paralizada y su mundo se vino abajo al pensar que su vida se había truncado.
Y es que antes de que los elementos dispararan, su vida era completamente diferente. Dijo que era muy cariñosa con sus papás, tenía muchas habilidades sociales y se caracterizaba por ser muy inteligente. Sin embargo, luego del 27 de abril del 2022 nada fue igual. Ahora no solo tiene pánico de hablar con otras personas, sino que también le cuesta mucho concentrarse en su trabajo.
Una perito en psicología forense de la Fiscalía General de la República (FGR) confirmó que la joven de 24 años tuvo un daño psicológico con tendencias evitativas, daño emocional, alteraciones en las esferas esenciales de su vida como la familia, la escuela y los amigos. Tuvo además dificultad para adaptarse de nuevo a la normalidad, la misma sobreviviente dijo que nunca se recuperará del todo.
Mientras que Arón, otro de los sobrevivientes de la agresión, relató que cuando escuchó los disparos y vio a su amigo herido, trató de llevarlo a un hospital; no obstante, una patrulla de la SEDENA les impidió el paso. Por ello relató que se sentía culpable de lo que había pasado, aunque Ángel murió al instante tras el impacto de la bala.
Para él, regresar a la vida normal ha sido difícil, primero porque tanto él como su familia sufrieron la estigmatización de la gente de la comunidad donde vivían, por eso mismo y porque las personas lo reconocían en la calle, el negocio familiar terminó por quebrar.
El joven tenía una relación sana y feliz con su familia, pero después llegaron los ataques de pánico, los problemas para concentrarse, recordar cosas y dormir por tantas pesadillas. Y pese a que ha logrado avanzar profesionalmente, el miedo sigue ahí.
HLL