Irapuato, Guanajuato.- Lápidas inclinadas, monumentos con superficies desgastadas y estructuras que parecen vencidas por el paso del tiempo forman parte del paisaje de la zona antigua del Panteón Municipal de Irapuato. Entre la hierba seca, los árboles y las sepulturas de piedra, algunas tumbas conservan su forma original, mientras otras muestran un deterioro evidente.
La imagen contrasta con el valor histórico de este espacio, donde permanecen monumentos funerarios de más de un siglo de antigüedad. En febrero de 2022, el Gobierno Municipal informó que la zona antigua comprende el periodo de 1880 a 1890 y que algunas de sus tumbas son consideradas Monumentos Históricos de la Nación. También reconoció que varias lápidas han perdido sus inscripciones y reciben pocas visitas.
El deterioro se aprecia en las estructuras de piedra, algunas de las cuales están ladeadas o presentan superficies oscurecidas y desgastadas. Alrededor de otras sepulturas crece vegetación, mientras los monumentos permanecen expuestos a las condiciones ambientales.

“Es difícil mantenerlas, los familiares claramente ya no vienen, y aquí se busca la forma de que estén bien, pero hay mucho trabajo, tanto de las gente que va ingresando nueva, como de mantener las tumbas viejas”, señaló uno de los trabajadores de este camposanto.
La conservación de estos monumentos representa un reto que va más allá del mantenimiento cotidiano del cementerio, pues las lápidas y los mausoleos también son documentos materiales: sus inscripciones, fechas, esculturas y epitafios permiten reconstruir la historia de las familias que habitaron Irapuato durante otras épocas.
Sin embargo, cuando los nombres desaparecen o las estructuras se deterioran, recuperar esas historias se vuelve más complicado.
Entre las historias que guarda el camposanto está la de William Henry Headly, un estadounidense cuya sepultura permaneció olvidada durante años, hasta que uno de sus descendientes logró localizarla mediante una investigación genealógica.

“Aquí hay muchas leyendas, desde que espantan, más en la parte más vieja, pero creo que es más difícil mantener todo en orden cuando a veces vienen personas malas y, porque creen en ciertas cosas, destruyen las lápidas o ponen sus magias. Todo se complica mucho para mantener bien este lugar”, mencionó el trabajador.
Otra de las historias conocidas del Panteón Municipal es la de Blanquita Córdoba Raso, una niña que murió a los dos años de edad.
Su sepultura recibe visitas de personas que le llevan juguetes y dulces. Alrededor de ella se han transmitido relatos sobre supuestos sucesos inexplicables, como el movimiento de los juguetes que dejan los visitantes.

Estas historias forman parte de la tradición oral del cementerio y han mantenido el interés por algunas de sus tumbas, a diferencia de otras que reciben pocas visitas y cuyos nombres se han perdido.
El pasado del cementerio también está ligado a las hermanas González Valenzuela, conocidas como Las Poquianchis, cuya historia criminal tuvo repercusiones nacionales.
Dos de ellas, Delfina González Valenzuela y María Luisa, conocida como Eva, murieron mientras permanecían recluidas en Irapuato. Sus restos fueron sepultados inicialmente en el Panteón Municipal, pero, según las versiones históricas disponibles, sus familiares decidieron trasladarlos después de que las tumbas fueran objeto de vandalismo y hostigamiento.
Actualmente, sus sepulturas ya no se encuentran en el camposanto. Sin embargo, la historia permite observar otra forma en que el paso del tiempo transforma el patrimonio funerario: algunas tumbas se deterioran físicamente, mientras otras desaparecen del lugar, aunque su historia continúe vinculada con la ciudad.
La situación de la zona antigua pone sobre la mesa la necesidad de conocer qué acciones se realizan para proteger los monumentos, cuáles requieren intervención y si existe un inventario actualizado que permita identificar las sepulturas de mayor valor histórico.
Protección Civil Municipal informó que, antes de las celebraciones del Día de Muertos, se revisan posibles riesgos relacionados con lápidas, nichos y árboles, con el propósito de realizar correcciones preventivas.
Las lápidas inclinadas y las inscripciones desgastadas no solo reflejan el paso de los años. Son señales de que parte de la memoria material de Irapuato necesita atención para evitar que las historias que aún pueden recuperarse terminen por perderse.
Entre las tumbas que conservan sus nombres, las que se han convertido en leyenda y aquellas cuyos ocupantes ya no pueden identificarse, el Panteón Municipal mantiene una parte de la historia de la ciudad. La pregunta es cuánto de ese patrimonio podrá conservarse para las siguientes generaciones.
HLL