Historia 254
Esta es la historia 254 de 450 que te contaremos sobre León
Antes de convertirse en la avenida más importante de León, el bulevar Adolfo López Mateos era un conjunto de calles, viviendas, escuelas, comercios y espacios comunitarios que desaparecieron para dar paso a una ciudad que crecía a gran velocidad.
Hoy miles de vehículos lo recorren diariamente, pero debajo del asfalto permanece la memoria de otro León: el de las calles Morelos y Manuel Acuña, el de las casas demolidas y el de miles de familias que vieron transformarse para siempre una parte fundamental de la ciudad.

Del Juego de Barras al bulevar Adolfo López Mateos
Mucho antes de que existiera el llamado “Eje”, este corredor urbano tenía una identidad completamente distinta.
De acuerdo con registros históricos, en 1811 el tramo que hoy ocupa el bulevar se extendía desde el Arroyo de los Machingües hasta el Puente de Santiago, rumbo al barrio del Coecillo. A lo largo de siete cuadras recibía el nombre de Juego de Barras, aunque cada tramo tenía denominaciones particulares como Sustos, Herradores, Temor, Tecolote, Duende, Juego de Barras y Gavilán.
Con el paso del tiempo aquellas calles evolucionaron hasta convertirse en las avenidas Morelos Oriente y Poniente, así como en parte de la calle Manuel Acuña.
Nadie imaginaba entonces que décadas después gran parte de ese paisaje desaparecería para abrir paso a una de las obras urbanas más importantes en la historia de León.
La obra que cambió el mapa de la ciudad
La transformación comenzó oficialmente en mayo de 1963.
Ese año se formalizó la construcción del Eje Vial Oriente-Poniente como parte de un proyecto regional denominado bulevar del Bajío, impulsado por el gobernador Juan José Torres Landa para conectar ciudades como León, Silao, Irapuato, Salamanca y Celaya.
El proyecto contemplaba inicialmente una longitud de 3.5 kilómetros y una sección de 40 metros de ancho.
Sin embargo, para hacerlo realidad era necesario modificar una parte importante del mapa urbano de León.

Cuando León tuvo que derrumbarse para volver a construirse
Un acuerdo oficial declaró de utilidad pública los terrenos involucrados en el proyecto.
A partir de ese momento comenzó un proceso que transformó la vida de miles de personas.
Más de seis mil inmuebles fueron identificados dentro de la zona de afectación. Los propietarios recibieron notificaciones y se inició el proceso de indemnización conforme al valor fiscal de los predios.
Las calles Morelos, Manuel Acuña y zonas aledañas comenzaron a cambiar radicalmente.
Para quienes vivían ahí, la obra significó despedirse de viviendas, negocios familiares, escuelas y espacios comunitarios que formaban parte de su vida cotidiana.
El inicio formal de las demoliciones ocurrió el 10 de septiembre de 1963. Entre los inmuebles afectados estuvieron la Escuela Ramón López Velarde, la Escuela Técnica Industrial de León, diversos comercios, espacios religiosos y edificios comunitarios.
Mientras avanzaban las demoliciones también fueron modificadas las redes de agua potable, drenaje y electricidad.
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Una inversión histórica para la época
La magnitud del proyecto también quedó reflejada en las cifras.
Los registros históricos señalan que inicialmente se contempló un presupuesto de 45 millones de pesos para apertura, construcción, indemnizaciones y obras complementarias.
Sin embargo, documentos históricos registran una inversión total de 34 millones 254 mil 828 pesos con 92 centavos.
De esa cantidad, más de 17 millones de pesos fueron destinados a indemnizaciones por expropiaciones, reflejando el enorme impacto social y urbano de la obra.

La inauguración del bulevar Adolfo López Mateos
Tras nueve meses de trabajos, la inauguración oficial se realizó el 11 de junio de 1964.
A las 10:33 de la mañana, el presidente de México, Adolfo López Mateos, acompañado por el gobernador Juan José Torres Landa y autoridades municipales, encabezó el corte del listón.
A partir de ese momento, el Eje Vial Oriente-Poniente adoptó oficialmente el nombre de bulevar Adolfo López Mateos.
La nueva vialidad contaba con pavimento asfáltico, banquetas, áreas verdes, alumbrado público, drenaje, agua potable y un puente sobre el río de los Gómez.
El crecimiento de una avenida que nunca dejó de cambiar
La historia del López Mateos no terminó con su inauguración.
En 1965 se realizó su primera ampliación y en 1968 se incorporó el camellón central como una medida para mejorar la seguridad peatonal. Posteriormente, en 1978, nuevas obras extendieron y modernizaron el corredor vial.
En la década de 1990 volvió a transformarse para responder al crecimiento urbano y a las nuevas necesidades de movilidad.
La llegada del Sistema Integrado de Transporte (SIT) en 2003 consolidó al López Mateos como uno de los corredores más importantes de León, con carriles exclusivos, estaciones y paraderos del Optibús.

Del corredor vial al corazón comercial de León
Además de su función como eje de movilidad, el bulevar se convirtió en uno de los principales corredores comerciales de la ciudad.
A lo largo de sus carriles se instalaron hoteles, restaurantes, oficinas, centros comerciales y cientos de negocios que encontraron en esta avenida una ubicación estratégica para desarrollarse.
Con el paso de las décadas, el López Mateos se consolidó como la columna vertebral de la actividad económica y urbana de León.
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Más que una avenida
Actualmente el bulevar Adolfo López Mateos conecta algunos de los puntos más importantes de León, desde la Zona Piel y el Centro Histórico hasta la Deportiva del Estado, zonas comerciales, áreas de empleo y el Parque Metropolitano.
Sin embargo, su relevancia va más allá de la movilidad.

Debajo del asfalto permanecen las huellas de otro León: el de las calles que desaparecieron, las escuelas que fueron modificadas y las miles de familias que presenciaron cómo una ciudad comenzaba a reinventarse.
Más que una avenida, el López Mateos es una cicatriz urbana que acompañó el crecimiento de León durante más de seis décadas y que sigue conectando distintas etapas de la historia de la ciudad.
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