Historia 303
Esta es la historia 303 de 450 que te contaremos sobre León
José “Chimenea” Núñez ha dedicado más de siete décadas de su vida a correr. Lo hizo cuando en León apenas comenzaban a organizarse las primeras carreras atléticas, siguió compitiendo por todo México, entrenó corredores en Estados Unidos y, a sus 94 años, continúa siendo una de las grandes leyendas del atletismo leonés.
Su historia corre de la mano con la del propio atletismo en la ciudad. Antes de que competencias como el Maratón León o la Carrera Nocturna reunieran a miles de participantes y de que la ciudad albergara decenas de carreras cada año, fue la tradicional Carrera de los Barrios la que sembró la afición por este deporte.
Tan solo en 2026, la Asociación de Atletismo Guanajuatense contempló alrededor de 66 competencias con sede en León, una tradición que comenzó a escribirse varias décadas atrás y de la que “Chimenea” fue uno de sus principales protagonistas.
Del futbol a las carreras
José Núñez nació y creció en la calle Josefa Ortiz de Domínguez, cerca del Mercado Aldama. Pasó su infancia entre la fonda donde trabajaba su madre y las calles donde jugaba con sus amigos a las canicas, los encantados y otros juegos tradicionales de la época.
Sin embargo, su primer amor deportivo no fue el atletismo, sino el futbol. Hasta los 23 años practicó este deporte, donde aprendió la disciplina y la constancia que más tarde marcarían su carrera como corredor.
Fue precisamente su trabajo en Cementos el que cambió su destino.
Uno de sus compañeros lo animó a participar en la tradicional Carrera de los Barrios, considerada uno de los pilares del atletismo leonés.
“Yo solo me inicié corriendo. Yo siempre jugué futbol, toda la vida, pero cuando trabajaba allá en Cementos me comentaron de la Carrera de los Barrios para que me animara a correr. Mi patrón me decía que me fuera hasta la Calzada corriendo para entrenar; eran como 10 kilómetros los que me aventaba casi a diario como entrenamiento para la carrera”.
Apenas una semana antes de aquella competencia comenzó a entrenar. Nunca olvidó esa fecha porque ese mismo día escuchó por la radio la noticia del fallecimiento de Jorge Negrete, “El Charro Cantor”.
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Una carrera cambió su vida
En su primera participación, cuando únicamente existían las distancias de 5 y 10 kilómetros, obtuvo un tercer lugar.
Aquella carrera marcó el inicio de una trayectoria que lo llevó a competir por todo Guanajuato y distintos estados del país en pruebas como la Carrera Guadalupana, el primer Maratón de las Fresas y la Carrera de Mazatlán.
Sus vitrinas comenzaron a llenarse de trofeos y reconocimientos, aunque en aquellos años el atletismo todavía era completamente amateur.

“En aquellos años no había aporte económico, lo único que daban eran diplomas. Por eso muchas personas me apoyaron para poder correr. Cuando iba a Mazatlán el presidente municipal me daba 20 pesos para el viaje”.
Durante muchos años llegó a competir prácticamente cada semana, cosechando primeros lugares en la categoría libre.
Su desempeño incluso le permitió participar en los procesos clasificatorios rumbo a los Juegos Olímpicos de México 68. Sin embargo, al acercarse a los 40 años ya no consiguió las marcas necesarias para integrar la selección nacional.
Me quedé con las ganas de representar a México en unos Olímpicos. Ya no podía porque tenía que dar buenos tiempos en el reloj y, aunque seguía corriendo, ya no me alcanzaba”.
De León a Chicago
Al comenzar la década de 1970 dejó atrás la categoría libre y emigró a Estados Unidos por motivos laborales y familiares.
Se estableció en Chicago, donde continuó compitiendo y mantuvo una racha de triunfos en las categorías de veteranos.
También comenzó una nueva faceta como entrenador, formando corredores y ayudando a abrir camino para otros atletas originarios de León.
“Allá en Estados Unidos era más fácil ganar; aquí la competencia era muy brava con los de Yuriria o los de Salamanca. Eran mejores que yo, pero nunca me bajaron del segundo o tercer lugar; por eso cuando me fui no me costaba nada ganarles”.
Gracias a su trayectoria obtuvo la ciudadanía estadounidense a finales de la década de 1990.
Años después regresó a León para seguir impulsando el atletismo mediante su propio club de corredores, Venados.
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El tiempo cobra factura
Durante toda su vida procuró una alimentación balanceada, evitó los vicios y mantuvo una disciplina que considera la clave de su longevidad.
Aunque el paso de los años ha reducido sus capacidades físicas, nunca perdió el deseo de correr.
Yo siempre quiero correr, y siempre con la mentalidad de ganar. Ahora quizá ya no recuerde bien mi edad, pero la disciplina siempre debe estar por delante. Yo nunca fui de tomar ni de ningún vicio; siempre procuré una buena alimentación con cereal, leche y plátano por la mañana”.
La pandemia de COVID-19 también marcó un antes y un después.
La última carrera en la que participó fue en 2019. Después llegaron el confinamiento y la pérdida de varios de sus compañeros de entrenamiento.
“Cuando fue la pandemia muchos corredores con los que entrenaba empezaron a dejar de practicar e incluso muchos se murieron; la mayoría ni siquiera eran tan grandes”.
Una leyenda del atletismo leonés
A pesar del paso del tiempo, José “Chimenea” Núñez recuerda con emoción aquellos años en los que recorría las calles del centro de León y la gente lo saludaba por su apodo.
“Sentía muy bonito cuando la gente me reconocía por la calle. Siempre que corría por San Miguel me gritaban: ‘¡Chimenea, Chimenea!’. Me siento agradecido por ser reconocido gracias al deporte”.
Hoy, cuando León es una de las ciudades con mayor tradición atlética del país y organiza decenas de competencias cada año, resulta difícil entender esa historia sin mencionar a José “Chimenea” Núñez. Su vida quedó ligada al crecimiento del atletismo leonés y a una generación de corredores que abrió camino para miles de personas que, décadas después, siguen recorriendo las calles de la ciudad con el mismo espíritu que él comenzó a forjar hace más de 70 años.
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