Historia 301

Esta es la historia 301 de 450 que te contaremos sobre León

Desde hace más de cien años, generaciones leonesas han encontrado en la farmacia y droguería Moderna una alternativa en el cuidado de la salud y la piel. 

Fundada en 1907 por don Augusto Espinosa de la Torre, Moderna cumple 119 años de brindar servicio en medicamentos y productos cosméticos preparados al estilo botica.

Las fórmulas secretas, elaboradas con recetas heredadas desde principios del siglo pasado, han sobrevivido a las normas sanitarias, la industria farmacéutica y de cosmética.

Hoy, la farmacia Moderna mantiene viva una tradición familiar al frente de la tercera y cuarta generación.  

Luz de Lourdes Lozornio Espinosa, nieta del fundador, relató cómo comenzó la historia de unos de los negocios más antiguos del Centro Histórico.

Luz de Lourdes sigue con la elaboración de farmacos y lociones cosméticas. Foto: Luz Elena Escobar

De aprendiz a una tradición familiar

Con apenas 19 años, don Augusto trabajaba con la familia Arcón, propietarios de la farmacia y droguería La Moderna, que estaba ubicada en donde ahora se encuentra el Patrocinio de María

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Tras años de experiencia, decidió independizarse para emprender su propio negocio en Álvaro Obregón #208, en la zona Centro, conservando el nombre comercial donde se había iniciado como boticario.  

A la fecha se mantienen en el mismo domicilio gracias a su éxito como resultado del trabajo en equipo familiar, la experiencia y formación profesional.

Mi abuelo estudió para Médico General. Además, desde los 19 años fue encargado de la Farmacia del Hospital Regional. Mi bisabuela tenía una farmacia en Los Portales y mi madre es auxiliar química. Todos esos conocimientos se aplicaron en el negocio que permitieron desarrollar las fórmulas que hasta hoy ofrecemos a nuestros clientes”, explicó Luz de Lourdes.  

Elaboración artesanal de medicamentos

Entonces la elaboración de medicamentos era artesanal, su preparación recaía en los boticarios o especialistas formados empíricamente. Estos establecimientos eran conocidos como boticas o droguerías. Por décadas fueron los antecesores de las farmacias modernas.

Era común que las droguerías elaboraran medicamentos a partir de fórmulas contenidas en libros especializados. Los medicamentos que Don Augusto preparaba eran principalmente jarabes, supositorios y algunas cápsulas para atender malestares intestinales, resfriados y algunas infecciones.

Augusto Espinosa de la Torre, fundador de la farmacia y droguería Moderna. Foto: Cortesía de la familia

Estas soluciones medicinales se elaboraban en La Moderna por Don Augusto y su hermana María de la Luz, con insumos provenientes de Ciudad de México. 

Sin embargo, los cambios en la  regulación sanitaria y el crecimiento de la industria farmacéutica en productos patentados, cambiaron paulatinamente la profesión y el espíritu de las droguerías. 

“Aún con las restricciones se continuó con la elaboración de algunos medicamentos, pues había medicina que no coincidía con la dosis para el paciente. Incluso a la fecha hay fármacos muy particulares que se elaboran bajo prescripción médica, aquí en La Moderna”, mencionó Lourdes.  

Cambios en los insumos

En sus inicios, La Moderna adquiría los insumos de laboratorios reconocidos en Ciudad de México que llegaban en polvo o líquidos, actualmente la materia prima la adquieren en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.

Hace como 40 años hubo otro gran cambio, las farmacias se separaron de los médicos debido al crecimiento exponencial de la industria de los laboratorios farmacéuticos; los médicos dejaron de elaborar fórmulas y la fabricación de  medicamentos pasó prácticamente a los laboratorios”, recordó Luz de Lourdes. 

Así fue para Don Augusto Espinosa, quien por décadas estuvo al servicio de la salud de cientos de familias que acudían a su establecimiento, incluso en 1966 recibió un diploma de honor por los 59 años de actividad profesional al servicio de la sociedad, emitido por la Cámara Nacional de la Industria Farmacéutica. 

En 1966 recibió un diploma de honor por los 59 años de actividad profesional al servicio de la sociedad. Foto: Luz Elena Escobar

Continúa el legado familiar en la tercera y cuarta generación

Tras la muerte de Don Augusto, sus hijos Rafael y María de la Luz Espinosa Hernández continuaron con el negocio familiar, siendo la segunda generación al frente de La Moderna. 

“Mi tío se quedó al frente como dueño y administrador, mientras que mi mamá por sus conocimientos elaboraba las fórmulas. Hace 23 años que murió mi tío, mi mamá continuó con las fórmulas y yo ingresé al frente del negocio”, compartió Lourdes. 

Actualmente, María de la Luz tiene 92 años y, antes de retirarse del negocio, heredó sus conocimientos a su hija Lourdes, quien se encarga de elaborar las fórmulas y administrar el establecimiento. Al legado familiar se sumó uno de sus sobrinos, con el propósito de aprender y dar continuidad a la historia de La Moderna. 

Con ellos al frente del negocio, la tradición se mantiene viva bajo la  tercera y cuarta generación familiar.

Aunque desde sus orígenes ya se preparaban fórmulas cosméticas, con los cambios en la industria farmacéutica, los esfuerzos se enfocaron en estos productos para el cuidado de la piel.

Lourdes comentó que el establecimiento ha logrado seguir vigente pese a la llegada de cadenas farmacéuticas y la industria cosmética, por ejemplo, la coreana y otras más.

“Nosotros no compramos cremas ni productos de patente ni de ningún laboratorio químico, todo lo creamos de cero con nuestra propia receta. Nuestros insumos, que son puros, los adquirimos de Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Y complementamos con esencias naturales 100% mexicanas”.

Los productos más solicitados

Por ejemplo, la loción para manchas y paño facial es uno de sus productos más solicitados, al igual que los tratamientos para estrías generadas por embarazos u otras cuestiones. Así como productos para alopecia, acné, quemaduras e hidratantes.

“Es mucho amor al negocio y querer ayudar a las personas, es una gran satisfacción saber que las recetas de hace 100 años siguen ayudando a nuestros clientes. Todos nuestros  productos son creación de mi abuelo y mi mamá”. Compartió Lourdes.

La vigencia de La Moderna se respalda en la confianza de generación en generación. Su publicidad es “de boca en boca”, pues, a la fecha, tienen muchos clientes desde hace 50 años e incluso de Estados Unidos.

A más de un siglo de su fundación, La Moderna —también conocida simplemente como “La Droguería”— sigue siendo testimonio de la evolución de la medicina, de la adaptación a los cambios en la regulación sanitaria y del orgullo por el conocimiento heredado de sus antepasados.

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