Historia 334
Esta es la historia 334 de 450 que te contaremos sobre León
A los 8 años, el destino de Raquel Aguilera cambió luego de ver una escena en la pantalla de un cine. Ese momento fue la semilla que la convirtió en bailarina profesional, pionera como maestra de ballet clásico y promotora del teatro independiente en León.
Fue durante una de sus vacaciones escolares cuando asistió al cine con sus padres a ver una película. En una de las escenas apareció una mujer, vestida con traje griego, que danzaba entre columnas y árboles. Esta imagen despertó en aquella niña una fascinación que marcaría el rumbo de toda su vida.
Raquel Aguilera nació el 28 de junio de 1933 y murió el 22 de junio de 2023, seis días antes de cumplir 90 años. Raquel dejó un legado en generaciones de niñas que se iniciaron, bajo sus enseñanzas, en el ballet, así como aplausos y reconocimientos en los escenarios por sus obras que montó para el teatro.

Sus zapatillas expresaron pasión
En 1941, cuando Raquel tenía 8 años, aprender ballet en León no era sencillo: se carecía de profesionales y escuelas especializadas. Además, había que enfrentarse a los prejuicios que implicaba la disciplina en cuanto a baile, ejercicios y vestimenta.
Fue hasta que cursó la secundaria cuando logró convencer a sus padres de que quería ser bailarina.
La oportunidad llegó de manera inesperada. En la antigua tienda de Fábricas de Francia, un anuncio ofrecía clases de ballet clásico impartidas por el maestro Jorge Araujo. Su madre no dudó en contactarlo y así comenzaron las clases y ejercicios tres veces por semana, de 7 a 8 de la mañana. Posteriormente, Raquel se dirigía a sus clases de secundaria.
Después de un año de clases con el maestro Araujo, continuó su formación con una maestra de Guanajuato, quien cada sábado viajaba a León en compañía de su pianista para impartir clases particulares de tres horas diarias, en las que se incluían sesiones de ballet clásico, danza folclórica y española.
Con el paso del tiempo empezó a compartir sus conocimientos impartiendo clases a un par de niñas; pronto se convirtió en un grupo de 15 alumnas. Sin embargo, el sueño de Raquel desde niña era ser bailarina profesional, por lo que sabía que tenía que seguir preparándose.

A los 20 años viajó a Ciudad de México, donde ingresó a la Academia Nacional de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes. Durante su estancia también descubrió otra disciplina artística: en sus horas libres tomó clases de natación y poco después ya practicaba ballet acuático.
A su regreso a León retomó su etapa como maestra de ballet, siendo pionera en la enseñanza de esta disciplina en la ciudad, además de impulsar otras expresiones artísticas como el teatro y la promoción cultural.
La primera escuela de ballet en León
Beatriz Eugenia Juárez Aguilera, hija de Raquel, contó que su abuelo, el notario Ladislao Aguilera Gallardo, fue quien construyó y habilitó un salón de ballet en la casa donde vivía Raquel, sobre la Calzada de los Héroes.
Mi mamá cuando regresó de Bellas Artes, continuó impartiendo clases, pero fue hasta 1958, que mi abuelo le construyó y habilitó un salón de ballet en su casa, aquí sobre Calzada de los Héroes, donde toda su vida vivió”, compartió Beatriz.

Bety recuerda que, cuando era niña, su mamá tenía un bocho modelo 1969, en el que se trasladaba para sus presentaciones en el teatro del IMSS, María Grever, Manuel Doblado, Casa de la Cultura, hoteles, desfiles, auditorios y plazas públicas.
“En su bocho beige íbamos mi hermana y yo, además, cargaba vestuario, tutus, zapatillas, maquillaje, acetatos, luego casetes y CD. Ese bocho la acompañó toda su vida e incluso ese bocho aún existe, lo tiene un primo”, recordó.
Raquel Aguilera tenía pasión y amor por lo que hacía, escuchaba e interpretaba, pero sus obras favoritas eran El Cascanueces y El Lago de los cisnes. Entre los músicos, sus favoritos eran Chopin, Beethoven y Chaikovski.
Mi madre impulsó en León el teatro y el ballet clásico, principalmente. Rompió y se enfrentó con todos los prejuicios y obstáculos de la época, a la par atendió a su familia y su carrera”, así describe Bety a su madre.
“Era una mujer fuerte, imparable, estricta, perseverante y fuerte”, agrega.
Complejo Cultural Raquel Aguilera
Hoy, la casa de la Calzada donde creció y vivió toda su vida Raquel Aguilera se convirtió en un punto de encuentro para la creación y promoción artística bajo el nombre de Complejo Cultural Raquel Aguilera, impulsado por su hija Beatriz Aguilera.
Beatriz explicó que el propósito es preservar la memoria y el legado de la trayectoria de su mamá, a través de la difusión del arte y la cultura.

Dijo que el proyecto se encuentra en una primera etapa de ocho fases. Actualmente inició con bazares, talleres y actividades culturales. Posteriormente, se pretende incorporar charlas, conferencias, exposiciones y espacios para talleristas, artesanos y emprendedores.
Además, se busca generar recursos para la restauración de la finca, una de las casas de la zona que se mantiene intactas. Entre sus planes está la rehabilitación del salón de danza de Raquel Aguilera para convertirlo en una galería de arte.
DAR
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