Florida.- Fuerzas especiales estadounidenses ya operan en suelo latinoamericano, y lo hacen desde antes de que se firmara cualquier acuerdo formal, incluso como el llamado Escudo de las Américas que el presidente Donald Trump promovió y firmó con 15 naciones con gobiernos afines.
Militares de Estados Unidos asesoraron operativos en Ecuador, participaron en bombardeos contra campamentos de narcotráfico en la frontera con Colombia y destruyeron embarcaciones en el Caribe y el Pacífico.
En paralelo, la CIA ha volado drones MQ-9 Reaper de forma encubierta sobre México desde 2025 para espiar cárteles y localizar laboratorios de fentanilo.
Por lo anterior, la coalición conocida como Escudo de las Américas —firmada en una propiedad privada del mandatario estadounidense— no surge como una iniciativa aislada, sino como la formalización de una operación que ya estaba en curso, para el sociólogo y académico Raúl Valencia.
El acuerdo establece, entre sus puntos centrales, que Washington proveerá adiestramiento, inteligencia, logística y armamento avanzado —incluidos misiles— a los países que lo soliciten para atacar a líderes de cárteles.
Escudo ideológico

Los 16 gobiernos que suscribieron la America’s Counter Cartel Coalition concedieron permiso a que fuerzas militares extranjeras operen dentro de sus fronteras, cedan instalaciones estratégicas y coordinen efectivos bajo mando compartido con Washington.
Sin embargo, la coalición presenta una contradicción estratégica: el acuerdo cuyo fin declarado es la “desmantelación de los cárteles criminales en la mayor medida posible” deja fuera precisamente a los Estados que concentran la mayor parte de la producción, el tráfico y la logística del crimen organizado en el hemisferio occidental: México, Colombia y Brasil.
Raúl Valencia, profesor de Relaciones Internacionales con trayectoria en la Universidad de Guadalajara, la Universidad Pedagógica Nacional, la Universidad de Guanajuato y la Universidad Iberoamericana. Concibe la exclusión de estos tres países a factores ideológicos.
La exclusión de México, Colombia y Brasil de esta coalición no parece responder a criterios estratégicos, sino fundamentalmente ideológicos. Marginar a tres actores fundamentales del hemisferio por razones ideológicas no hace sino debilitar la propia iniciativa, cuya eficacia depende precisamente de la participación de los países con mayor incidencia en la dinámica del narcotráfico regional“, señaló en entrevista con AM.
Asimismo, esgrime que su exclusión a su vez evidencia su carácter estratégico.
La exclusión de los países más relevantes en la producción y tránsito de drogas despoja al “Escudo de las Américas” de cualquier pretensión de ser una estrategia antinarcótica hemisférica eficaz. Su composición revela que se trata, fundamentalmente, de una coalición geopolítica e ideológica que busca reconfigurar las alianzas en la región bajo el liderazgo de EE.UU”, declaró en entrevista al periódico.
Pero… ¿Qué es el Escudo de las Américas?
El Escudo de las Américas es una coalición integrada por 12 presidentes, un primer ministro y un presidente electo; José Antonio Kast, de Chile, quien al momento de la cumbre aún no había asumido formalmente el cargo.
Entre los países participantes que asistieron a la cumbre constitutiva figuran Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay y Trinidad y Tobago.
Otras naciones como Bahamas, Belice, Guatemala, Jamaica y Perú suscribieron la coalición sin enviar representantes.
El acuerdo busca incrementar la cooperación militar regional, habilitar operaciones conjuntas con participación directa de fuerzas estadounidenses y establecer un marco de acción punitiva contra las organizaciones que la administración Trump denomina ‘narcoterroristas’, concepto que no tiene reconocimiento dentro del derecho internacional pero que la Casa Blanca ha difundido ampliamente como categoría operativa.
Antes de la cumbre formal, ya se habían registrado operaciones militares conjuntas entre Estados Unidos y Ecuador contra organizaciones criminales en la frontera con Colombia, que incluyeron asesoría de fuerzas especiales, bombardeos a campamentos de narcotráfico y operativos de destrucción de embarcaciones.
Desde septiembre pasado, Estados Unidos ha realizado más de 40 ataques contra presuntas embarcaciones del narcotráfico en el Caribe y el Pacífico, acciones que han provocado al menos 157 muertos y que distintos sectores han calificado de ilegales.
Firmado en un club de golf

La cumbre constitutiva del Escudo de las Américas no se celebró en la Casa Blanca ni en el Capitolio. Se realizó en el Trump National Doral, el complejo hotelero y de golf propiedad del presidente de Estados Unidos en Florida.
La elección del escenario condensa el carácter del acuerdo: la América’s Counter Cartel Coalition no pasó por el Congreso estadounidense, no fue sometida a ratificación legislativa ni tramitada como tratado internacional bajo los procedimientos que establece la Constitución.
Se firmó como una declaración política entre jefes de Estado, al margen de los mecanismos formales de control institucional, lo que la deja jurídicamente expuesta, al no contar con respaldo legislativo, provocando que su continuidad dependa de la voluntad del Ejecutivo que la promovió.
Del lado latinoamericano, la situación es similar. Varios de los países firmantes suscribieron compromisos que sus propios marcos constitucionales no autorizan claramente.
Ecuador, que ha sido el socio más activo, ilustra dicha problemática: su Constitución de 2008 prohíbe expresamente la presencia de bases u operativos militares extranjeros en territorio nacional. Para Valencia, esa contradicción no es un tecnicismo jurídico, sino un síntoma del tipo de concesiones que implica el acuerdo:
Al suscribirse a esta coalición, el presidente Noboa estaría actuando en contra del propio marco institucional que dice dirigir, en claro menoscabo de la soberanía de su país. Esta cesión implica que los países participantes estarían entregando territorio, instalaciones y efectivos, lo que constituye un precedente grave que debería preocupar al resto de la región”.
Por otra parte, el especialista señala que el Escudo de las Américas tiene antecedentes; aportando como referente inmediato al Plan Mérida, acuerdo bilateral firmado en 2008 entre George W. Bush y Felipe Calderón, que respondía también a una lógica militarizada.
A diferencia de aquel acuerdo, sin embargo, el Escudo aspira a articular a dieciséis países.
Esa mayor amplitud no se traduce necesariamente en mayor solidez. Al contrario, advierte Valencia, la coalición desestima más de treinta años de cooperación construida con México, Colombia y Brasil, e incorpora en cambio a naciones con escasa experiencia institucional o con debilidades documentadas frente al crimen organizado.
El Escudo de las Américas se perfila como una estrategia poco eficaz, fundamentalmente porque desestima una trayectoria de más de 30 años de cooperación bilateral y trilateral entre Estados Unidos, México, Colombia y Brasil, ignorando todos los antecedentes y acuerdos construidos con estos países.”
Implicaciones internacionales

Uno de los aspectos más controvertidos del Escudo de las Américas es la categoría jurídica que le sirve de sustento.
Al denominar a los cárteles ‘organizaciones narcoterroristas’, la administración Trump construye un marco que le permite aplicar la lógica de la guerra al combate contra el narcotráfico, habilitando el uso de herramientas militares propias de los conflictos armados internacionales.
El problema, apuntan especialistas en derecho internacional, es que ese concepto no tiene reconocimiento en el marco jurídico vigente.
Las consecuencias prácticas de esa categorización son las que preocupan a Valencia. El investigador identifica cuatro implicaciones concretas del acuerdo que trascienden la retórica de la seguridad:
La primera tiene que ver con la cesión del monopolio de la fuerza. Los países signatarios estarían permitiendo operaciones unilaterales encubiertas en sus territorios.
De esa cesión se desprende una segunda implicación: la adopción de un modelo de seguridad sin límites definidos. El Escudo promueve un esquema basado en la militarización y la fuerza letal.
Dicha lógica trae consigo, a su vez, una tercera consecuencia: la pérdida de control sobre el uso de la fuerza estatal. El especialista señala que a diferencia del reciente operativo mexicano contra el CJNG donde el Estado demostró mesura, el Escudo no contempla estado de derecho.
El propio Trump ha anunciado el uso de “armas espectaculares” sin ningún mecanismo de control ni límite.
El resultado acumulado de todo lo anterior configura la cuarta y quizá más duradera implicación: un profundo retroceso en materia de derechos humanos.
Al carecer de mecanismos de rendición de cuentas, el esquema compromete la transparencia en el uso de recursos públicos y erosiona siete décadas de avances en la construcción de derechos humanos en la región.
El esquema propuesto socava al menos dos décadas de avances en la región, al carecer de cualquier mecanismo de rendición de cuentas. Se compromete así la transparencia en el uso de recursos públicos y se erosionan los logros acumulados durante los últimos 70 años en la construcción y defensa de los derechos humanos a nivel regional.”
Amenazas externas: China y la disputa por la región

Para diversos especialistas, incluido Valencia, el Escudo de las Américas no puede interpretarse únicamente como una iniciativa de seguridad pública.
En paralelo al combate al narcotráfico, la coalición tiene un objetivo geopolítico explícito: reducir la presencia de China en Centroamérica, el Caribe y Sudamérica; regiones donde Pekín ha consolidado acuerdos comerciales, inversiones en infraestructura y préstamos estratégicos durante la última década.
Valencia subraya que ambas dimensiones —la securitaria y la geopolítica— son inseparables:
El Escudo de las Américas no puede leerse únicamente como una iniciativa antinarcóticos. Una interpretación más completa sugiere que uno de sus objetivos centrales es precisamente contener y repeler la presencia china en Centroamérica, el Caribe y Sudamérica, regiones donde Pekín ha consolidado acuerdos comerciales e inversiones estratégicas durante la última década.”
Por otra parte, Washington ha señalado que México carece de la capacidad para impedir que el fentanilo producido a partir de precursores químicos chinos llegue al mercado estadounidense. Sin embargo, los márgenes reales de la tensión tienen límites estructurales.
China es el origen del 20% de las importaciones mexicanas, incluyendo componentes esenciales para la manufactura de automóviles y dispositivos electrónicos. México y China mantienen, en términos económicos, un entendimiento sólido. El conflicto aparece cuando entran en juego los temas de seguridad y los intereses norteamericanos, momento en el que China pasa a ser percibida como un agente que introduce discordia en la relación entre México y Estados Unidos.”
La presión de Trump para que los países de la región desmantelaran sus acuerdos con Pekín ya ha producido resultados concretos.
Panamá canceló el memorando de entendimiento que mantenía con China sobre el canal interoceánico. Sin embargo, el gobierno chino ha declarado públicamente que no tiene intención de renunciar a los derechos adquiridos mediante sus inversiones en América Latina, lo que augura un escenario de tensión sostenida.
Lo que viene: tres escenarios para la región

Al proyectar los efectos del Escudo de las Américas a mediano plazo, Valencia anticipa tres tendencias que, en conjunto, reconfigurarán el mapa político y de seguridad del hemisferio occidental.
La primera es la consolidación de un nuevo bloque regional militarizado e ideologizado, alineado con Washington, que vendría a reemplazar los esquemas de integración previos.
Bloques como la Alianza del Pacífico o el Mercosur, que durante años articularon a distintos países de la región en torno a agendas compartidas, atraviesan hoy sus propios procesos de fractura y desintegración. En su lugar, lo que se perfila es esta nueva coalición militarizada bajo la lógica de lo que Valencia y diversos analistas conciben como la “Doctrina Donroe“.
Para comprenderlo mejor, Valencia propone abordarlo desde dos enfoques teóricos.
Desde el realismo político, sostiene que, Estados Unidos estaría interpretando el sistema internacional como un entorno anárquico donde el derecho internacional no ofrece certezas suficientes, por lo que recurre a la fuerza como instrumento de política exterior; para los países de la coalición, acercarse a Washington representaría la posibilidad de acceder a esa influencia.
Mientras, desde el enfoque del sistema-mundo, el especialista señala que los países integrantes —en su mayoría periféricos o semiperiféricos— buscan conciliarse con un centro hegemónico haciendo concesiones a cambio de dicho acercamiento.
Los Estados son actores que participan en la búsqueda de ese poder y, obviamente, para los países involucrados, acercarse a Estados Unidos les significa la posibilidad de tener acceso a ese poder”.
Por su parte, la exclusión deliberada de actores como México y Colombia puede leerse, a su juicio, como un alarde de fuerza y una forma de presión, aunque ambos países ya habían anunciado que no aceptarían sumarse a la coalición.
La segunda tendencia es la persistencia del narcotráfico como fenómeno estructural, independientemente de la presión militar que se ejerza sobre él:
El Escudo de las Américas no va a traducirse en una reducción real de la producción, el tráfico y el consumo de estupefacientes en América del Norte. Podrán cambiar las rutas, podrán cambiar los actores, pero el fenómeno habrá de continuar.”
La tercera es la fragmentación regional acelerada. Ecuador constata dicho proceso: su ruptura diplomática con Cuba, el allanamiento de la embajada mexicana en Quito y el distanciamiento con Colombia ilustran cómo la adhesión a la coalición puede deteriorar en poco tiempo vínculos regionales construidos durante décadas.
Por ultimo, Valencia retoma, al cierre, una observación del presidente colombiano Gustavo Petro sobre la economía política del modelo militarizado; evidenciando que el combate al narcotráfico mediante la fuerza responde, en buena medida, a las necesidades de una industria armamentística estadounidense de enorme escala que requiere mercados y justificaciones para operar.
Petro esbozaba una suerte de economía política del crimen organizado que, en términos analíticos, resulta difícil de refutar. La experiencia de su gobierno, orientada al desarrollo rural y a la persecución selectiva de líderes criminales antes que a la militarización de la respuesta, logró contener en cierta medida la producción de estupefacientes, lo que sugiere que los enfoques alternativos pueden mostrar mayor efectividad que el modelo de fuerza que el Escudo de las Américas propone como paradigma regional”.
Proclama completa del Escudo de las Américas

Estados Unidos, bajo mi liderazgo, ha demostrado un compromiso sostenido para desmantelar los cárteles y el terrorismo extranjero que operan en el hemisferio occidental. Mi administración ha designado a varios cárteles y bandas transnacionales como organizaciones terroristas extranjeras y, desde entonces, ha dedicado recursos sin precedentes a su destrucción.
Estas entidades internacionales controlan territorios y comercio, extorsionan sistemas políticos y judiciales, poseen armas y capacidades militares, y utilizan asesinatos y terrorismo para lograr sus fines. Para impulsar nuestros esfuerzos, el Secretario de Guerra estableció la Coalición Anticarteles de las Américas, un compromiso de líderes militares y representantes de 17 países que demuestra que la región está lista para desplegar su poder duro para derrotar estas amenazas a nuestra seguridad y civilización.
Abordaremos estos graves peligros utilizando todos los recursos necesarios y las autoridades legalmente disponibles, junto con nuestros países socios.
POR LO TANTO, YO, DONALD J. TRUMP, Presidente de los Estados Unidos de América, en virtud de la autoridad que me confieren la Constitución y las leyes de los Estados Unidos, proclamo lo siguiente:
(1) Los cárteles criminales y las organizaciones terroristas extranjeras en el hemisferio occidental deben ser desmantelados en la mayor medida posible, de conformidad con la legislación aplicable.
(2) Estados Unidos y sus aliados deben coordinarse para privar a estas organizaciones de todo control territorial y acceso a la financiación o los recursos necesarios para llevar a cabo sus campañas de violencia.
(3) Estados Unidos entrenará y movilizará a las fuerzas armadas de las naciones aliadas para lograr la fuerza de combate más eficaz necesaria para desmantelar los cárteles y su capacidad de exportar violencia y ejercer influencia mediante la intimidación organizada.
(4) Estados Unidos y sus aliados deben mantener a raya las amenazas externas, incluidas las influencias extranjeras malignas provenientes de fuera del hemisferio occidental.
EN TESTIMONIO DE LO CUAL, firmo la presente este séptimo día de marzo del año de Nuestro Señor dos mil veintiséis, y ducentésimo quincuagésimo día de la Independencia de los Estados Unidos de América.
JB