Tango para dibujar en un espacio vacío

El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe ya aquí, el
infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no
sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el
punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos:
buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y
darle espacio.

Las ciudades invisibles, Italo Calvino

Es un silencio significante que da un más allá a las palabras y suscita
las apariciones de lo inexpresado.

Mallarmé, Variaciones sobre un tema.

Es casi un susurro. Es decir, todavía no un susurro, ni una palabra, ni un juicio, una idea o un mundo poblado de entes. Es un tango, es decir, una elegía sin rostros, es el ritmo, un vaivén a veces decidido y pasional, otras tantas la sombra de un beso. Sí, de un roce.
Dice Godard en Éloge de l´amour que existe gente con el valor de vivir su propia vida, pero no de imaginarla. Pero, aquí hay ciudades imaginarias que de cuando en cuando se vuelven orgánicas. Dulce María Rivas Godoy dirige una comparsa imposible, una serie de parejas incomprensibles. La primera, lo sólido con lo intangible, el tabique con la luz, las ruinas con el perfecto presente. Una serie de fotografías intervenidas desde esta relación. Luminiscencia oculta bajo la tinta del rotulador, creando la base de una geometría intangible. La segunda, lo sólido vuelto invisible bajo la misma dinámica manual. Parece ser, que en esta danza la epoché dirige toda experiencia, coloca sus paréntesis en toda perspectiva cotidiana. El cuerpo habla de lo oculto al encuentro, de lo inefable que habitamos. Una sombra que no pisamos, la luz que nos envuelve, sin saber exactamente ni cómo, ni dónde. Una línea inexistente que nos visita y se hace presente, como si de algún ánima se tratara y a la cual debemos responder bajo su propio lenguaje cifrado de silencios.
Entonces el ave se posa y cruza lo evidente, volando crucificada las entrelíneas imaginarias. Éstas, una vez concebidas toman una autonomía tal que no son cuerpos que ocupen un espacio, y sin embargo, están ahí. Todos los ángulos de lo no visto nos muestran su epifanía. Padecemos una clausura [en azul] de la realidad, esa de todos los días. Comienza a levantarse la estructura de una arquitectura nunca antes vista, cuyos habitantes son seres que también, quizás, se ocultan en nosotros. Justo ahí, la incertidumbre paraliza y nos cuestiona: no sabemos si el camino es de la ciudad imaginada, levantada en cartulina y esmalte, aquella que va dibujando ángulos, impregnando fotografías hasta llegar al vídeo, o si es a la inversa, desde la experiencia de un espacio vacío hasta la erección de una arquitectura cuya ontología ha bailado una pieza de tango.

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