A los 92 años falleció Lolita James de Battaglia; la esposa de Don Antonio Battaglia (+) simplemente se quedó dormida, su corazón dejó de latir y terminó así para ella, cualquier clase de sufrimiento.
El 18 de diciembre de 1925 nació, en esta ciudad de León, la hija menor del matrimonio que formaron el comerciante francés Emilio James Caire y la laguense María de los Dolores Torres Márquez.
Su carácter alegre y la calidez de su trato, le valieron el amor y la amistad de sus seres queridos y amistades que conservó por muchos años.
Cuando Lolita tenía un año, la familia debió emigrar a Francia, en donde vivió hasta los ocho años cuando nuevamente, por cuestiones laborales de su papá, debieron regresar a León para establecerse en una casa, muy cerca del Santuario de Guadalupe.
Varios acontecimientos marcaron la vida de la recordada señora; uno de ellos, el más trágico de todos quizás, era la causa de que a ella no le gustara el mar y es que, según recuerda su hijo Mauricio, cuando ella cumplió 15 años, su papá la envió de viaje a Acapulco, junto con su mamá. En el trayecto hacia el paraíso mexicano, sufrieron una emboscada; unos matones las confundieron y les dispararon acabando con la vida de doña Dolores, dolor del cual se sobrepuso y no le amargó el carácter, por el contrario, a unos días de su fallecimiento, quienes la trataron la recuerdan por su actitud positiva ante la vida.
Sus primeros estudios los realizó en Francia y a su llegada a León, fue alumna del Colegio “Jovita Medina”, antes de que la enviaran a continuar sus estudios en el internado del Sagrado Corazón de Jesús, en San Luis Potosí.
La guapa jovencita llamaba la atención por sus finas facciones y su rizado cabello rubio, de ahí que fuera coronada como Reina de la Ciudad en 1944 y luego fue invitada como madrina del Club León.
Ella misma platicaba que cuando estaba con un grupo de amigas, en el Jardín Principal, pasaron un grupo de muchachos que jugaban con el equipo de futbol León. Cuando ella vio al argentino Antonio Battaglia les comentó: “Ese coloradito es para mí”. Era el año de 1944 y ya para el 5 de febrero de 1947, el sueño se había hecho realidad.
Casados Antonio Battaglia y Lolita James tuvieron 6 hijos: Antonio, Mauricio, Emilio, Fernando, Lucía y la Polla. Además alcanzaron a abrazar a 17 nietos y 16 bisnieto.
Su hija Lucía la recuerda como una mamá siempre al pendiente de todos, cariñosa, inteligente, cálida, con una actitud positiva ante la vida, “siempre te arropaba y te ayudaba a salir de los problemas”.
Además, tocaba el piano y era muy alegre y bromista. Un día su nieta, Giovanna Battaglia, le comentó: “¡ay, abuelita, ya cumplí 37 años!” y la sabia mujer le respondió: “Pues más vale que los goces porque de ahí siguen los 38”.
Las personas que trabajaban para la familia Battaglia James llegaron a convertirse en parte de su núcleo, así, su enfermera Lucy Alcalá, habló de ella como un ser humano bondadoso. “Lolita era muy discreta para realizar sus obras altruistas y no le gustaba que los demás se enteraran, pero ayudaba entusiastamente a los Misioneros Guadalupanos, a las Madres Blancas, a las Capuchinas, las Vicentinas y a las Congregaciones Marianas y las obras del Santuario de Guadalupe; apoyaba a la Fundación León y enseñaba a leer en AMSIF, para esto preparaba sus clases y se entregaba a la labor humanitaria”.
Compartía el amor por el baile (en especial por el tango) y los viajes con su esposo. Enseñó a sus descendientes a permanecer unidos, ante cualquier problema familiar.
En especial aprecio tuvo siempre a sus amigas de la jugadita de los jueves; María Eugenia Díaz Infante, Grace y Martha Aceves, Silvia Arreola, Cuquita Castro, Chuyera de Zermeño, Poly Villanueva, Lucita González Obregón, Chata Rogenhofer, Chata Urtaza y Tita Yamín.
Una faceta que distinguía a Lolita James era su militancia política dentro del PRI; nunca quiso ningún cargo, prefería estar con las bases.