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Al revisar las políticas públicas sobre el derecho a la información que concurre con el derecho a la salud, un tema puesto en el escenario con más de una decena de iniciativas enfocadas a prevenir la alimentación, sobrepeso y obesidad fue el etiquetado de alimentos. 

Dichas iniciativas fueron dictaminadas en el pleno de la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados. 

Un tema no abordado en ellas relativas al etiquetado llamado de “Advertencia”, tiene que ver con aquellos alimentos (“productos”) puestos a la venta y que hoy se sabe que para muchas personas pueden ser motivo de desencadenar una alergia, primordialmente en los niños. 

Por ello, estamos preparando, después de ver las fallas de la norma oficial mexicana, una reforma a la Ley General de Salud que de facultades a la Secretaria de Salud para que todos los productos puestos a la venta alerten a los consumidores (“población”) acerca de aquellos compuestos que a la luz de la ciencia hoy se sabe son más alergénicos. 

Esta es la razón de compartir con ustedes esta columna.

Una alergia alimenticia es una reacción anormal de una persona a un alimento provocada por el sistema inmunológico, responsable de combatir aquellos gérmenes que pueden provocan las infecciones.

La reacción provocada por el sistema inmunológico varía para cada persona y puede ser leve o grave, incluyendo la posibilidad de la pérdida de la vida.

La alergia alimenticia debe distinguirse de la intolerancia a los alimentos, que produce también síntomas no gratos como distensión abdominal, gases y cólicos estomacales. En la intolerancia no se ve involucrado el sistema alimentario.

Un elemento clave para saber si es una alergia es que los síntomas suelen presentarse de manera inmediata. 

Los síntomas más comunes incluyen la presencia de grandes ronchas en la piel conocidos como urticaria, inflamación, comezón, hormigueo en la boca, sabor metálico, tos, dificultad para respirar, silbidos con la respiración, opresión en la garganta, diarrea y vómitos. 

La persona alérgica también puede tener la sensación de que está por enfermarse, tener la piel pálida debido a la presión arterial baja o perder el conocimiento. 

Las enfermedades crónicas más comunes asociadas con las alergias alimentarias son un trastorno de la piel llamado eczema y el asma.

El riesgo a la vida ocurre con lo que se llama choque anafiláctico, donde la reacción del sistema inmunológico produce un bloqueo de las vías respiratorias y, por ende, al faltar el oxígeno se produce la muerte cerebral.

Si bien cualquier alimento puede potencialmente producir alergias, la mayoría son causadas en más del 90% de las veces por la ingesta de frutos secos, cacahuetes, leche, huevos, soja, trigo, pescado y mariscos. 

Es importante saber, que rara vez se es alérgico a solo un producto, es decir, quien tiene este tipo de respuestas inmunológicas, lo es de al menos tres o más alimentos.

Además, los estudios han demostrado que algunos aditivos alimenticios causan problemas como el aspartame usado como endulzante artificial, y colorantes alimenticios. 

La utilización de alimentos procesados explica porqué hoy son más comunes las alergias alimenticias.

Es importante decir que, si usted o algún familiar ha tenido los síntomas arriba mencionados, o si usted es hipocondriaco y cree haberlos tenido, debe estar alerta para saber qué alimentos pudo haber ingerido y vaya con su médico, quien a través del conocimiento que tiene de su historia clínica, irá descartando uno a uno o quizá le proponga algunas pruebas específicas.

Hoy se sabe que, si su niña o niño tiene alergia a la leche, huevos, trigo o productos de soya, es probable que la tenga a lo largo de su vida. 

Igual ocurre con los adultos que son alérgicos a los cacahuetes, nueces, pescado o mariscos.

De aquí la importancia que las etiquetas de los alimentos comercializados alerten sobre todo si este tipo de alergenos, ya sean alimentos o excipientes están presentes.

Una vez que su médico o su sentido común le indica que es usted tiene alergia alimenticia, es claro que la primera solución -y quizá la única- es evitar su consumo. 

Si acostumbra alimentos procesados, debe leer las etiquetas y verificar que no tenga alguno que le provoque la reacción inmunológica. 

Debe además avisar en la guardería, la escuela o la empresa donde trabaja, o al hogar donde quizá acudirá a una visita social, que alimentos le producen alergia y evitar se los den.

Termino recomendándole que, si ya es un hecho que hay alergia alimenticia, le solicite a su médico instrucciones precisas de qué hacer, dado que cuando es leve no hay problema, pero si puede haber un choque anafiláctico, puede requerir siempre tener a la mano un medicamento inyectable para controlar el choque y que no pase a mayores. 

No se trata de infundir miedo, se trata de vivir con calidad conociendo qué restricciones tendrá.

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