Mientras el Coronavirus no da tregua al mundo, los candidatos a la Presidencia de los Estados Unidos montaron un espectáculo propio de la Carpa México. El esperado debate cara a cara entre los candidatos, Trump y Biden, no fue más que un coro de vulgares epítetos a la persona, que no a los temas de interés. ¿Te vas a callar?, espetó Biden a un atrabiliario y desmedido presidente Trump, luego que éste lo interrumpió 33 veces. Llamó estúpido a Biden, que a la vez lo calificó de “payaso.” Un espectáculo deplorable y espasmódico. “Estoy feliz de no ser un votante norteamericano este año,” declaró un profesor finlandés.
Estados Unidos se encuentra en una vorágine de rencor, odio, racismo y violencia, atizados desde el poder presidencial. “Retrocedan y esperen,” dijo Trump a un grupo de jóvenes fascistas, los Proud Boys. Una muestra más de apoyo a los supremacistas blancos y clara amenaza del Presidente a la pluralidad étnica. Pero, ¿quiénes son la base electoral de este polifacético candidato, que le aguanta todo? La conexión que hace con sus admiradores es algo sin precedente, lo consideraron invencible. Es extraño que les agrade más su apariencia de animador de Las Vegas que de Presidente de Estados Unidos.
Su habilidad como candidato ha sido generar un movimiento en contra del establishment, de políticos que lo representan como Hillary Clinton o Biden, que ya llevan tres o cuatro décadas en política. Lo anterior, los convierte en arquetipo de las élites políticas, de las cuales el electorado norteamericano ya está harto, como lo está también el ciudadano en México, que ya no cree en ellos.
Donald Trump logró amasar una gran base de apoyo de votantes blancos, a los que hizo sentir seguros porque antes no eran tomados en cuenta: Sus seguidores son de estereotipo conservador, cristianos devotos, ignorantes, racistas y de condición socioeconómica baja. A éstos se agregaron los preocupados con la diversificación étnica del país, gente con muy poca preparación, con el sentimiento de pérdida de su clase social. Donald ha dicho constantemente que “su grandeza personal les traería prosperidad,” frase que vendió fuerte…
Lo más deplorable de todo este espectáculo, es el desdén perverso que Donald Trump siente por el sistema electoral y la democracia del país adalid de las democracias del mundo. Trump viola sistemáticamente la norma, él es la norma. Se negó públicamente a comprometerse aceptar los resultados de las próximas elecciones, proponiendo la teoría del fraude y preparando así el camino para no dejar La Casa Blanca. En Estados Unidos, el reconocimiento de la derrota por parte del perdedor es en realidad lo que legitima las elecciones y, ¡Trump lo sabe! Cuando las personas con autoridad e influencia invocan el lenguaje de la violencia política y luego pierden poder, a menudo todo termina en violencia.
La Constitución no asegura una transición pacífica del poder, sino que la presupone; muchos líderes de opinión y analistas políticos de Estados Unidos ven como una amenaza terrible para la economía y el Sistema, que Trump desconozca los resultados electorales argumentando “fraude.”
Trump se proyecta en el fraude, porque él es un fraude: Su teñido y postizo copete, su supuesta riqueza, sus engaños al fisco que le permiten no pagar impuestos, las reiteradas mentiras, sugerir a los infectados tomar cloro contra el virus, las quiebras económicas y el abuso a las mujeres, lo confirman.
¿Las elecciones presidenciales y congresistas, abrirán otro nuevo capítulo de la relación México, Estados Unidos? No olvidemos que la diplomacia mexicana se construyó a partir de aprender a lidiar con el vecino más poderoso del mundo y el Vaticano. México sabe trabajar y producir, escribiremos nuestra propia historia, ni Trump o Biden lo harán por nosotros. No estaremos peor con Trump, ni mejor con Biden. México estará mejor por el trabajo de los mexicanos.
La Covid-19, que tanto desdeño Trump, será la Némesis. El contagio, da al traste con su intento de borrar la pandemia del debate político. ¿Tomará cloro, tal y como lo recomendó? ¿El virus logrará lo que ni los políticos ni los demócratas nunca pudieron: Postrar al mitómano, pero invencible hombre del copete naranja? Mientras, Biden dice elevar sus plegarias por su contendiente&
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