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Esta línea 12 no tarda en darnos un susto. Está muy mal estructurada”. –Mondragón Yeka. Otoño del  2020

En la universidad los maestros nos decían: las obras avisan; las trabes no se caen sin mostrarnos grietas, flexión excesiva o marcas en el concreto. Las obras hablan antes de la fractura, incluso crujen antes del colapso. Después, cuando las varillas retorcidas y cortadas muestran su historia de esfuerzo, cuando el concreto hecho pedazos de piedra se analiza, sabemos por qué fallaron. 

Claudia Sheinbaum, la jefa de Gobierno de la CDMX llamó a expertos noruegos independientes para que hicieran un peritaje y dictaminen. ¿Qué pasó? ¿Quién es responsable de la tragedia y la muerte de 24 personas y decenas de heridos? ¿La constructora, los calculistas o quienes debieron vigilar su integridad? Tal vez sean todos. Lo cierto es que el terrible accidente pudo evitarse si la directora del Metro, Florencia Serranía, hubiera tenido la competencia para estar en ese puesto. 

Vecinos del lugar supieron desde hace medio año que la estructura estaba mal. Tomaron fotos de una pendiente inusual en la trabe; describieron el problema pero no los escucharon. Ellos no son expertos ni conocen de la resistencia del concreto y el acero. Sin embargo en Facebook comentaron el problema. Una chica que firma como “Mondragón Yeka” lo anunció en su página: “esta línea 12 no tarda en darnos un susto…”. Ojalá hubiera sido sólo un susto, un descarrilamiento o cualquier otra falla sin pérdida de vidas. 

Sin tener datos técnicos precisos, sin conocer a detalle las circunstancias de la fractura de la trabe, podemos aproximarnos a la más probable responsable: la directora del Metro, a quien hace cabeza en el sistema de transporte más importante del país. Corresponsable es Claudia Sheinbaum quien la nombró y también los técnicos que no advirtieron del peligro. 

La estructura había funcionado durante 9 años. Incluso soportó el temblor de 2017 y presuntamente fue reparada. Día con día cientos de convoyes transitaron las vías en lo alto. Las varillas, sólidas y flexibles, cargaron con trenes y pasajeros; el concreto, apretado por el esfuerzo, resistió como siempre lo hace en todos los puentes del país. Casi imposible que los calculistas lo hayan hecho mal; difícil que los constructores no hayan atendido las especificaciones. No imposible, pero sí remoto. 

La estructura debió estar herida, lastimada por movimientos del subsuelo, por el temblor del 2017 o factores que no conocemos. ¿Qué falló? Algo tan sencillo como errores en el proceso de decisiones al dar mantenimiento a la estructura. Algo tan simple como escuchar a los vecinos, y primordialmente a la obra que gritaba por ayuda a través de sus grietas y desniveles. 

La línea 12 del Metro inició con malos augurios cuando descubrieron que las especificaciones de los vagones no concordaban con los de las vías, un tema por el que Marcelo Ebrard salió a Francia para resguardarse de que lo culparan de la falla. 

Durante la administración de Claudia Sheinbaum el Metro sufre incendios, apagones y fallas. No le dan la importancia que tiene y no cambian de director. El resultado es la mayor tragedia de ese sistema de transporte en su historia. El peritaje también debe revisar el proceso interno de decisiones. 

Tal vez sigan pensando que es bueno tener a funcionarios con un 90% de honestidad y un 10% de capacidad, cuando, por lo menos en esos puestos, deben tener 90% de competencia y 100% de honestidad. 

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