No fue una invitación a título personal. No fue solo una foto. Más de la mitad de los senadores del PAN, encabezados por su coordinador, invitaron al recinto oficial al presidente de Vox, un partido que encarna la resurrección del fascismo en España y Europa. 

El término, aplicado a esta agrupación, no es un exceso retórico ni un alegato simplista: basta con hacer un listado de algunas de las declaraciones públicas de Santiago Abascal para que no queden dudas sobre la etiqueta. El suyo, como el de otros extremistas de la ultraderecha global con quienes se ha aliado -Trump, Orban, Bolsonaro-, representa el vocabulario que el fascismo utiliza a principios del siglo XXI para abrirse camino, y de paso hacer negocios, en el río revuelto de nuestras confrontaciones.

“La Guerra Civil la provocó el PSOE”, dijo Abascal en alguna ocasión, e insistió en calificar a la República como un “régimen criminal”. Al mismo tiempo, se niega a “condenar a nuestros abuelos”, es decir, aquellos que participaron en el bando nacional y que luego se integraron al franquismo.

“Que no. Que no fue un golpe militar. Que fue media España que se alzó contra la otra media porque estaba siendo agredida”, escribió a su vez Agustín Rosety, diputado de Vox. Abascal añadió: “Dijimos que no solo querían profanar la tumba del general Franco sino echar al Rey y derribar la Cruz con la complicidad judicial y vaticana”, en referencia a la posibilidad de quitar la cruz que preside el Valle de los Caídos.

La reivindicación del fascismo es parte central de la agenda de Vox, adocenado con un furibundo nacionalismo español -o españolista- nacido como respuesta a los nacionalismos periféricos, sobre todo el catalán. “España no se va a detener hasta reconquistar su grandeza”, ha afirmado, imaginando que esa supuesta grandeza se basa en aplastar los independentismos tanto como en reivindicar el imperialismo español.

Una afirmación que engarza con el comunicado de Vox respecto a la conquista de México: “Tal día como hoy hace 500 años, una tropa de españoles encabezada por Hernán Cortés y aliados nativos consiguieron la rendición de Tenochtitlan. España logró liberar a millones de personas del régimen sanguinario y de terror de los aztecas. Orgullosos de nuestra historia”. Una burda manipulación de la historia, como si las intenciones de Cortés fueran semejantes a las de Bush Jr. en Afganistán o Irak.

Por supuesto, en todos los demás temas de la agenda conservadora, Vox se ubica en el punto más radical. “Que se prohíba todo tipo de ayuda social a la inmigración”. O: “Veto migratorio a los países musulmanes”, como si nos halláramos en la España de la reconquista. “¿De dónde proceden los asesinos de mujeres?”, se preguntó retóricamente en otra ocasión, sugiriendo, sin sustento alguno, que estos crímenes son cometidos por musulmanes, a quienes luego acusó, igualmente sin pruebas, de cometer el 40 por ciento de los crímenes sexuales en España.

“Hay que derogar la ley contra la violencia de género”, se despachó en otro momento, asegurando que “El feminismo nos quiere oprimir”. En esta misma línea, sostuvo: “Defendemos el matrimonio tradicional entre hombre y mujer” y se ha pronunciado una y otra vez contra el aborto.

Como cereza en el pastel, su posición respecto a la corrupción: “forma parte de la naturaleza humana y hay corrupción en todos los partidos”.

De modo que el coordinador de los senadores del PAN, y la mayoría de sus miembros, invitaron a quien ha sostenido cada una de estas posiciones, se tomaron fotografías con él y firmaron la carta que él les presentaba para luchar contra el comunismo en el seno de la Iberósfera. Se aliaron, sí, con un fascista en el Senado de la República. Ante la controversia, el PAN se limitó a despedir a un asesor y a justificar que el encuentro había sido a título personal, insultando la inteligencia de sus propios votantes.

La línea roja para vetar a cualquier partido es que no pacte con los fascistas. Al no destituir a su coordinador en el Senado y sancionar a quienes suscribieron la carta de Abascal, el PAN se ha convertido en su cómplice.

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