En el universo de Superman existe un personaje trágico llamado Bizarro, quien es una copia deformada del héroe original. En efecto tiene su capa, el emblema y la fuerza, pero todo lo hace al revés. Ahí donde Superman salva, Bizarro destruye, donde el héroe protege, el otro confunde y mientras el primero inspira, el segundo causa vergüenza. Pues bien, tenemos ya en el universo sanitario mexicano a nuestro Bizarro clínico y se llama Pronam.
Los Protocolos Nacionales de Atención Médica nacieron “para unificar atención y garantizar la equidad en salud” mientras se basaban en “la mejor evidencia científica”. Prometen ser esa evolución de las Guías de Práctica Clínica (GPC), pero basta con leer unos párrafos para descubrir que no son el Superman de la medicina basada en evidencia, sino una parodia.
Tomemos el Pronam de Enfermedad Renal Crónica. En teoría debería ser una herramienta técnica que oriente al médico sobre diagnóstico, seguimiento, tratamiento o referencia, pero en la práctica, es un compilado de frases genéricas y moralinas como “Búsqueda intencionada de complicaciones con biometría hemática completa” o “Fomentar el modelo de alimentación de la dieta de la milpa, tradicional, sustentable, asequible, saludable y culturalmente pertinente”.
Nada de fisiopatología, nada de estratificación y ausencia de criterios de laboratorio y objetivos terapéuticos. Es meramente una sucesión de declaraciones que suenan bien en el discurso, pero en la clínica son menos que inútiles. Es como si Bizarro intentara salvar el mundo con frases motivacionales.
Ahora, no es un caso aislado, por ejemplo, el Pronam de Diabetes Mellitus tipo 2, inicia describiendo la enfermedad como si fuera una exposición de secundaria: “La diabetes tipo 2 es una enfermedad crónica que se caracteriza por niveles altos de glucosa en sangre… por lo que es fundamental la evaluación y tratamiento integral, para evitar totalmente complicaciones incapacitantes”. Esta última frase, así, sin matices o base fisiológica o sentido clínico, se vuelve únicamente una fantasía burocrática.
Pero, más allá de errores técnicos, lo que indigna sobremanera es el desdén con el que estos documentos tratan a los médicos y otros profesionales de primer nivel de atención. Los Pronam están escritos como si los clínicos fueran alumnos de bachillerato a los que no se les puede exigir razonamiento ni juicio clínico, pues todo está redactado en un tono imperativo, plano e incluso paternalista, con los “se debe”, “es necesario” o “se recomienda” sin justificaciones, evidencia o para qué escenarios clínicos en particular sirven.
Se ha borrado de manera deliberada (y así lo han expresado sus creadores) esa confianza en los profesionales para integrar información compleja. Se asume que a los médicos de primer nivel solamente les alcanza para seguir instrucciones. En lugar de fortalecer su criterio clínico, lo anulan, en vez de fomentar el pensamiento crítico, se reemplaza por un cuasi “catecismo” sanitario. Es notoria (y humillante) la infantilización del médico con autorización oficial.
Esto es no menos que devastador, porque se han transformado guías clínicas (que son instrumentos de aprendizaje y razonamiento) a manuales de obediencia burocrática. Pareciera que el pensamiento clínico ahora es causa de sospecha y la toma de iniciativa es incluso peligrosa. En contraste con otros sistemas de salud serios, el contraste es brutal. En ellos se entiende que el médico puede con conceptos de fisiología, farmacología, estadística y que puede tomar decisiones razonadas, pero en los Pronam, el médico es ahora un operario que debe seguir órdenes sin preguntar. Es ahora la medicina por decreto, sin método y sin respeto intelectual.
Lo grave: se pedirá que se les tome en serio. Ahora un párrafo que dice “indicar dieta de milpa” deberá tener el mismo peso que una revisión sistemática de información o que instrucciones sin evidencia sean tomadas como GPCs y todo porque está firmado por el Consejo de Salubridad General.
En el mundo de Superman, la verdad y la justicia eran sus principios inquebrantables. En nuestro mundo Bizarro, el sistema de salud mexicano se tiñe de confusión y mediocridad, ahora institucionalizadas y con su membrete oficial. El pueblo mexicano merece calidad asistencial y no una simulación o copia barata de la medicina basada en evidencia. Lamentable, por decir lo menos. Habrá que exigir lo necesario. Es tiempo.
Médico Patólogo Clínico. Especialista en Medicina de Laboratorio y Medicina Transfusional, profesor universitario y promotor de la donación voluntaria de sangre
Salud, San Judas, gobierno y la esperanza de lo imposible…
RAA