“Vamos a gobernar el país”
Trump en su discurso del sábado sobre la invasión a Venezuela.
La agenda que venía saturada de temas delicados para México en este 2026 se ha convertido en el laberinto más peligroso para nuestro gobierno desde que Trump logró su triunfo. La prioridad era el control de la violencia, seguida de la renovación del tratado de libre comercio. Hoy la relación con Estados Unidos lo envuelve todo. Nuestro destino depende del talento con el que se trate a Donald Trump.
No es cuestión de alegar soberanía ni poner el pecho con la bandera nacional al frente; tampoco significa ceder en todo lo que pida el presidente norteamericano. A nadie conviene ni un distanciamiento ni un rompimiento. Según van las cosas en Venezuela, se avecinan tormentas internas y externas. La pregunta que todos nos hacemos es si los militares que mandan y se benefician de la riqueza petrolera cederán ante Estados Unidos. Delcy Rodríguez, la sustituta de Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y el general Vladimir Padrino López, tienen la opción de negociar con Marco Rubio una transición, salvando el pellejo y sus fortunas. La amenaza de Trump a Delcy fue clara: “Le puede ir peor que a Maduro”; eso solo puede significar su muerte.
El momento de la discusión sobre la ilegalidad de la invasión y la extracción de Maduro quedó atrás. Sabemos que la invasión no fue legal; no fue propicia para muchos. También sabemos que si Estados Unidos y los líderes del chavismo en Venezuela llegan a un acuerdo rápido, será lo mejor para México.
Donald Trump enseñó el cobre cuando puso al frente la retribución de los negocios petroleros que le quitó al chavismo; se vio mal que antepusiera los intereses económicos negros frente a la noble tarea de liberar a un pueblo oprimido por un usurpador.
El día 2 de la invasión, la dictadura chavista endureció sus amenazas contra la población: cualquiera que manifestara júbilo ante la esperanza de un cambio sería castigado. Estados Unidos removió al capitán del barco, pero quedaron todos los marineros. La medida de mantener, ahora sí, el bloqueo petrolero en las costas del Atlántico puede ser contraproducente si se exacerba el sufrimiento de los ciudadanos.
Uno de los factores que facilitaron la extracción de Maduro fue la cantidad de información que poseía el ejército norteamericano. Tenían un diagnóstico preciso de todo lo que ocurría a su alrededor. Espías de la CIA, informantes a sueldo y colaboradores de la oposición debieron ayudar a la operación: “Resolución Absoluta”. Su nombre lo dice todo.
Si las negociaciones fracasaran, seguro que Trump tendría una segunda etapa de ataque. En la primera, apagaron la red eléctrica mediante un hackeo; en la segunda, pueden paralizar a Venezuela antes de poner botas en el terreno. Si eso sucede, será importantísimo que México no intervenga en defensa de Venezuela. Hizo mucho daño la relación de Andrés Manuel López Obrador con Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua.
El discurso no puede ser la condena permanente a Estados Unidos; eso nos pondría del lado de los enemigos de Trump, quien solo ve en blanco y negro. Marco Rubio sabe que la mayoría de las diplomacias occidentales condenan la invasión, pero en el fondo están complacidas por el fin de una terrible dictadura. Además, los vecinos no necesitan invadirnos para buscar cambios; con la información que tienen, pueden desestabilizarnos más de lo que imaginamos.