El modelo del Sistema Planetario Geocéntrico propone que la Tierra es el centro de nuestro Sistema. De este modo se tiene que los planetas, incluida la Luna y el Sol, se mueven girando alrededor de la Tierra.

Este modelo fue aceptado durante siglos pues parecía evidente que era así como ocurrían las cosas.  El mecanismo celeste heredado de la cultura helénica, era concebido como una serie de esferas que contenían a las estrellas y a los demás cuerpos celestes y que producían música conforme giraban.

Esferas dentro de esferas. Tal era el sistema geocéntrico de Ptolomeo, el cual permaneció vigente más de mil años. De hecho, Giovanni de Dondi, en Padua alrededor del año de 1350 construyó un “reloj celeste” -una copia del cual se encuentra en el Smithsonian Institute de Washington- con el cual la posición de los siete planetas hasta entonces conocidos (incluido el Sol) podía describirse tal como la vería un observador en la Tierra.  

Luego entonces ¿por qué no aceptar ese modelo? Posiblemente la más adecuada respuesta a esta pregunta es el hecho de que se requieren “siete” elementos para describir el universo conocido, y el firmamento debe contener “una” sola maquinaria y no siete.  Además de esto las órbitas de los “planetas” descritas por este modelo trazan figuras geométricas muy complicadas difíciles de interpretar. Este modelo se complicaría aún más con el descubrimiento de nuevos planetas haciendo uso del telescopio de Galileo construido en 1609.

En 1543 Nicolás Copérnico, publicó un libro titulado “De revolutionibus orbium coelestium” en el cual se da una descripción del universo, pero considerando al Sol como el centro del sistema, en donde los planetas describen órbitas circulares a su alrededor. Este Sistema Heliocéntrico fue finalmente aceptado cuando Johannes Kepler demuestra a partir de las observaciones astronómicas de Tycho Brahe, las tres famosas leyes que llevan su nombre.  La argumentación definitiva se dio cuando en 1687 Newton publica su libro “Philosophiae Naturalis Principia Mathematica” en donde se deducen matemáticamente las leyes observadas por Kepler.

Es interesante que tanto el modelo geocéntrico como el heliocéntrico proponen sistemas solares estacionarios, es decir, estáticos. Posteriormente los avances astronómicos mostraron que en realidad nuestro sistema solar está en movimiento dentro de la galaxia y la galaxia está también en movimiento en el universo. Un interesante artículo recientemente publicado (ver: Lukas Böhme et al., “Overdispersed Radio Source Counts and Excess Radio Dipole Detection”, Physical Review Letters, 2025; 135 (20) DOI: 10.1103/6z32-3zf4) muestra a partir de mediciones de radio galaxias, que en realidad nuestro sistema solar se desplaza en el espacio aproximadamente tres veces más rápido que lo que las observaciones y modelos cosmológicos anteriores predicen. Explicar este nuevo resultado presenta un reto para los físicos y astrofísicos teóricos.

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