Hace poco menos de un año, pensábamos que Donald Trump sería lo peor para México y Latinoamérica. Creíamos que su política antiinmigrante y su ostensible racismo serían una catástrofe. Su política de aranceles, que pega a todo lo que se mueve, desestabilizaría el comercio mundial.

Sus ofensas a Canadá, queriendo convertirlo en el 51.º estado, o su insistencia en adueñarse de Groenlandia, serían una tónica verdaderamente lamentable. ¿Qué decir de su cercanía con Vladimir Putin y de su maniaca idea de que Ucrania había iniciado la guerra en Europa, cuando todo el mundo vio que era una invasión del dictador ruso? La sombra de Trump estaba sobre todo y sobre todos: peleando con Europa, con la OTAN y con China, a quien en 2 ocasiones le impuso aranceles aún después de quitarlos.

Sin duda es extraño: lo que nunca imaginamos, a un año de distancia, que se convertiría en el héroe de Venezuela. Aunque no les guste a los del dogma de la izquierda, la intervención del gobierno de Estados Unidos al extraer al dictador Nicolás Maduro da las primeras señales de esperanza para un pueblo que ha sufrido la ignorancia y la estupidez humana en su mayor grado.

Trump alienta los cambios en ese país: el rescate de la industria petrolera, el resurgimiento de la iniciativa privada, elecciones reales y que la participación democrática vuelva a construir un país literalmente destruido por la izquierda del chavismo.

No para ahí. Sabemos que Cuba vivía de las dádivas de Venezuela y de México; si su economía ya estaba dada al traste, ahora no van a tener ni para una muela. Se aproxima a una tragedia humana increíble que no hemos visto en nuestro continente desde hace muchas décadas, salvo la pobreza de Haití después del terremoto del 2012. No habíamos visto que estuviera sufriendo por falta de insumos básicos y los servicios elementales. La escasez de combustible provoca apagones de varios días que dificultan conservar los alimentos, bombear el agua y recoger la basura. Hoy, La Habana y la mayoría de las ciudades cubanas son enormes basureros donde pululan los mosquitos y las enfermedades infecciosas. Los hospitales están sin medicamentos. Realmente lo único que podemos vaticinar es un colapso en menos de 12 meses. No sabemos cuál será la salida, pero la única respuesta coherente para Cuba es la libertad: “Patria y Libertad”.

Donald Trump será el campeón de Cuba y de los exiliados de Florida. Pero no queda ahí el tema. Sigue porque en Irán hay una serie de manifestaciones públicas. La gente está cansada de una economía en declive. Un país rico en petróleo sufre las consecuencias de una guerra tonta contra Israel, la amenaza de bombardeos de Estados Unidos y, sobre todo, la falta de esperanza.

Alí Hoseini Jamenei, un viejo religioso que somete a todo el mundo al fusil, ya no puede seguir gobernando sin antes provocar una catástrofe humanitaria. Sería el propio ejército quien pudiera negociar el cambio con Estados Unidos.

El efecto dominó llega a México. Si Venezuela y Cuba logran despojarse de sus sistemas totalitarios, si Irán va en camino a su libertad, México tendrá que alinearse con Estados Unidos para lograr acuerdos comerciales y evitar lo que sería una dolorosa incursión de fuerzas militares extranjeras. El 2026 está empacado de cambios. (Continuará)

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