Para el viajero, el conocimiento de un País se puede dar por lecturas previas, experiencias de anteriores visitantes, pero se constata siempre de primera mano, al contacto con los residentes, cuando se visita esa tierra.
Cuba es una hermosa isla, quizá el país con quien tenemos más afinidades culturales e históricas. Con el resto de América Latina es cierto, nos unen también afinidades étnicas, geográficas, incluso ideológicas, pero ninguna, como con Cuba.
Su historia, su proyecto, es parte de nuestra historia y de nuestras diferencias. Los gobiernos priistas vieron en ella y en la defensa que le hacían, un argumento para fortalecer su política exterior; los gobiernos panistas, por el contrario, tuvieron en su rechazo, respuesta a las presiones norteamericanas para seguir aislando a la isla.
Hoy, el gobierno de la Presidenta Sheinbaum hace una defensa abierta del País, pidiendo el fin del bloqueo y el derecho a que México pueda decidir lo que hace con su petróleo, mientras se da internamente un debate sobre la donación enorme de recursos hacia Cuba.
Hice seis viajes a la isla, como cantidad de latinoamericanos, en ese idealismo de conocer la utopía, el proyecto de una sociedad más justa y conozco de primera mano su tránsito de los últimos años, desde el “periodo especial” de los noventa, hasta la catástrofe social que viven en la isla.
La revolución socialista y el proyecto que construyó, les hizo enfrentarse a los intereses económicos de los Estados Unidos, lo que provocó el bloqueo económico, y el que el País, aislado, se echara a los brazos de la Unión Soviética desde los años sesenta.
Este inhumano bloqueo económico, condenado por prácticamente todos los países miembros de las Naciones Unidas, no fue suficiente para doblegar a los cubanos quienes recibieron, después del “periodo especial”, inversiones extranjeras provenientes de España, Canadá y Venezuela y que permitió reactivar su economía mermada por el aislamiento, pero también por la falta de incentivos para la productividad individual que prohíbe el socialismo.
Aun siendo constructores del “hombre nuevo” que imaginó el Ché, el gobierno revolucionario ha excluido y reprimido a quienes opinan distinto sobre el proyecto y facilitaron en los primeros años, la migración de miles de cubanos hacia Miami donde en el exilio, se concentran quienes ideológicamente se distanciaron de la revolución.
El proyecto cubano obtuvo importantes logros en educación, salud y deporte y construyó un sistema social que formó a generaciones con un conjunto de valores que se apreciaban a diario en las calles y en su quehacer: la solidaridad, el compartir los bienes, pero que experimenta ya por décadas, el agotamiento del sistema socialista y los efectos del bloqueo, lo que se traduce en la caída dramática de la productividad.
No es posible juzgar al sistema socialista cubano si no se le conoce y se le trata de acerca. La revolución cubana fue el símbolo de un proyecto que enarbolaron los mejores movimientos idealistas en el mundo.
Cuba vive el dilema del socialismo: los bienes se comparten en partes iguales; el dinero no se acumula, sino que el Estado provee de lo necesario, poniendo límite a nuestra natural codicia por tener más, pero mata la generación de riqueza y por tanto, la creatividad y la producción.
En México se coincide completamente en el fin del bloqueo a Cuba, pero se discrepa sobre las libertades y el estado de deterioro económico y social que afecta a todo el pueblo cubano. Cuando parece que el capitalismo y su mutación, el neoliberalismo, triunfaron como lo afirma Francis Fukuyama, el pueblo cubano, -doy testimonio de ellos por amistad con académicos- tiene una enorme herencia: los valores de poner en común lo que se tiene. Algo muy difícil de entender para nosotros en México.
Cuba tuvo trascendentes modificaciones de sus bases productivas, aun cuando repitió muchas de las deficiencias comunes de los países socialistas: sobredimensionamiento de proyectos, ausencia de esquemas de incentivos a la producción individual, uso de tecnologías atrasadas y descuido de la competitividad. Durante tres décadas nuestra Cuba se mantuvo al margen de las enormes transformaciones que se sucedían en los mercados de Occidente.
Al amparo de los arreglos con los países socialistas, contó con mercados seguros para sus exportaciones, una relación de intercambio favorable y un generoso financiamiento a su balanza de pagos. Todo se complica ahora al derrumbarse la dictadura en Venezuela.
Hoy, reitero mi admiración por el pueblo cubano y sus valores y veo inminente su debacle por la falta total de insumos y de incentivos para sobrevivir.