A lo largo de la historia política de Guanajuato, cada gobernador ha dejado algo más que programas, obras o presupuesto. Esa impronta, a veces sobria, a veces mediocre y, en ocasiones, solo un mosaico obsceno de liviandades; estas improntas terminan siendo el verdadero sedimento que permanece en la memoria colectiva de los pueblos.

El estado ha conocido perfiles muy distintos. Juan José Torres Landa, recordado como un gran estadista. Carlos Medina, gobernador espurio, oportunista y soberbio; ahora busca medrar en “Somos México” … Juan Carlos Romero, reflexivo y talentoso, respetuoso de la diversidad de pensamiento, cruzó el pantano sin mancharse el plumaje. Miguel Márquez, político de oficio, astuto, desconfiado y carismático; pero carga para la historia con la mácula del pecado original de haber concebido a su sucesor, Diego Sinhué Rodríguez. Este, por su parte, terminó simbolizando lo indeseable: un despojo de la política y remedo de empresario.

En ese contexto, Libia Dennise García Muñoz Ledo rinde su II Informe de Gobierno, que permite observar la arquitectura política de su administración. Más allá del ritual institucional que acompaña cada informe, el balance que emerge revela tres ejes, además de varias acciones sociales que estructuran su proyecto gubernamental: seguridad, agua e infraestructura. No se trata de prioridades circunstanciales; son los pilares sobre los que descansa la viabilidad económica y social de Guanajuato.

En materia de seguridad, el desafío sigue siendo mayúsculo, tema que a su antecesor le molestaba tratar. Así las cosas, le dejó un estado cargado con indicadores de violencia que lo colocan en el centro de la conversación nacional. Por su parte, la gobernadora, Libia, concentra toda su voluntad política para pacificar Guanajuato y brindar seguridad. La estrategia se basa en liderazgo, fortalecimiento de las corporaciones locales, coordinación con las federales y tareas de inteligencia. Así, la seguridad viene a ocupar un lugar preponderante en este gobierno. Cada avance, por pequeño que parezca, tendrá enormes beneficios para los guanajuatenses.

El segundo eje que emergió con claridad es el agua. Su escasez, problema que ningún gobernador anterior quiso asumir con verdadero liderazgo, se ha convertido en uno de los grandes desafíos para quien gobierne Guanajuato. En ese contexto, el proyecto del acueducto aparece como uno de los temas centrales que la Gobernadora decidió tomar a su cargo.

Aquí se advierte una diferencia respecto del pasado inmediato. Sin ambages, la Gobernadora ha defendido la necesidad de trabajar con el Gobierno federal, municipios y con la Presidenta de la República. La estrategia es la de una líder que suma para construir, lo que resulta políticamente y socialmente plausible. Una obra hidráulica de esa magnitud difícilmente puede avanzar sin la participación federal.

El tercer eje es la infraestructura. Queda claro que el gobierno apuesta por mejorar el ritmo de inversión en conectividad, Tren México-Guadalajara, carreteras y logística. Guanajuato forma parte de uno de los corredores industriales más dinámicos del país, y su competitividad depende, en buena medida, de la calidad de su infraestructura física.

La discusión política alrededor del informe también dejó ver otro componente: el fuego amigo de sus detractores, que la denosta y acusa de entregar el estado a Morena. Frente a esas interpretaciones insidiosas, Libia Dennise dio la cara y advirtió sin titubeos: “coordinarse con el Gobierno federal no significa alineamiento partidista. Las necesidades de Guanajuato no son una opción ideológica, sino una condición de gobernabilidad”.

La glosa del informe sugiere que Libia ya está sobre la ruta de su propio estilo de gobernar. Poco a poco se advierte a una gobernadora que desea escribir su propia historia política, distanciándose de inercias heredadas y de la sombra de su antecesor, que en ocasiones la ha puesto contra la espada y la pared. 

Entonces, cuando el tiempo inexorable redimensiona los hechos y pone distancia entre el discurso y la realidad, los gobernantes no son recordados por la elocuencia de sus discursos. Al final, la historia juzga con implacable claridad: “el presente siempre termina siendo consecuencia del pasado”. Así las cosas, se disipan las cifras y se olvidan los aplausos de ocasión. Lo único que permanece es la impronta que dejó el ejercicio del poder. Así, la gobernadora Libia Dennise está escribiendo su propia historia en la memoria colectiva de Guanajuato…

alejandropohls@prodigy.net.mx

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