El derrame de crudo en el Golfo de México es uno que sigue creciendo: no es como nos han dicho, ni “gotitas” (Rocío Nahle) ni tampoco un barco solitario fantasma.
Mapas satelitales indican que el derrame inició en febrero, cerca de una plataforma de Pemex llamada Abkatún, frente a las costas de Campeche, aparentemente relacionado con una embarcación que se encontraba frente a la plataforma.
Así inició, pero continúa hoy mismo cubriendo la costa del Golfo, desde el multimentado Paraíso, Tabasco (Dos Bocas), hasta el norte de Tuxpan, Veracruz, poniendo en riesgo severo el llamado corredor arrecifal del Golfo de México y, por supuesto, a las numerosas especies que lo habitan, pero sobre todo a las tortugas marinas que anidan en las playas de esa zona, cubiertas ya de chapopote en una mancha que continúa creciendo.
En las organizaciones ambientales nacionales existe una grave preocupación, ya que el derrame, lejos de estar controlado, se expande en el Golfo, mientras que las labores de “limpieza” son localizadas -no generales ni amplias- y el Gobierno aún no confirma de dónde viene la fuga ni tampoco cuándo la va a tapar.
La Presidenta, todo indica, mintió cuando afirmó en una de sus conferencias que “el derrame no era de Pemex”. Si no lo es, ¡que informe entonces qué otra empresa perfora y explota pozos petroleros en las aguas del Golfo de México!
Por más que lo nieguen ella y la en mala hora Gobernadora de Veracruz, la olímpicamente inepta ex Secretaria de Energía con el Ayatola Macuspeño, responsable de la construcción de Dos Bocas -que costó el triple y se tardó el cuádruple y que acaba de matar a cinco y contaminar el Río Seco en una explosión-, Rocío Nahle, existe constancia de que el derrame es mucho más extenso de lo que reconocen y las probabilidades son altísimas de que esté relacionado con Pemex.
Todo esto comprobado por imágenes satelitales, que indican que el derrame es considerable y que cada día cubre un área mayor en el Golfo de México. Negarlo es pretender generar sombra con un alfiler tapando el sol, algo que se confirma que intentan hacer dado el hecho de que, según ONGs ambientalistas, las autoridades tenían conocimiento del derrame por lo menos desde el 11 de febrero, y su respuesta ha sido opaca, rayando en nula.
Se trata, pues, de criminal negligencia, pues sabiendo desde hace más de un mes no hicieron lo que deberían hacer, sobre todo si existe -como aparenta- un esfuerzo concentrado por deslindar a Pemex de cualquier responsabilidad, afirmando que “no es de Pemex” el derrame, siendo que es la única empresa monopólica que extrae crudo en nuestras aguas territoriales, lo transporta y/o lo refina o exporta.
Claramente buscan proteger a la quebrada entidad de ser demandada por negligencia y escatimar esfuerzos por controlar el derrame.
Está claro que la cuatroté usa como herramienta el embuste, intentando esconderle al pueblo sus múltiples pifias y errores, pretendiendo que tiene todo bajo control cuando no controla nada, pues en lugar de gobernar se dedican a grillar y a buscar la acumulación de poder.
Los resultados de los errores -que realmente son horrores- están a la vista: datos del INEGI indican que el año en curso inició con una caída de la actividad económica de casi un uno por ciento año con año, indicando una debilidad terrible, contraria a los cuentos de hadas que recitan los oficialistas cuando afirman que “vamos requetebién”.
El ambiente de incertidumbre y desconfianza que han creado en México ha impactado fuerte y negativamente nuestra economía: ello en un entorno externo supuestamente favorable, pues en teoría nos beneficia el nearshoring.
¡Pero ni de eso hemos podido tomar ventaja, dadas las taras mentales que exhiben nuestros gobernantes, obsesionados con ayudar a Cuba, ciegos y sordos a las necesidades del sector productivo, tercamente abocados a matar a nuestra tierna democracia tras haber acabado con la independencia de los Poderes, sometiendo al Judicial con acordeones y subyugando al Legislativo con una sobrerrepresentación ilegal avalada por un INE (Taddei) incondicional del Ejecutivo!
Transitamos, pues, por el sendero de la ruina, que no el de la prosperidad, libertad y justicia: ¡Bébanse, pues, su mancha!

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