Hay una forma de robo que no aparece en las noticias. No tiene víctima que pueda quejarse. No genera escándalo porque quienes lo sufren todavía no nacen. Es el robo que un gobierno comete cuando decide gastar hoy pasándoles la cuenta a generaciones futuras –y a los niños que hoy celebramos– cuando se endeuda no para construir, no para educar, no para ponerle la mesa a un mejor futuro, sino para comprar votos, repartir dinero a cambio de lealtad y perpetuarse en el poder a costa de generaciones que aún no nacen y que, cuando lleguen a este mundo, heredarán no solo la carga de la deuda, sino el caos que la acompaña. México lleva años en ese camino y el costo va creciendo.

La deuda pública no es en sí misma un pecado. Puede tener sentido endeudarse para construir infraestructura, invertir en capital humano, educar a nuestros jóvenes, mejorar la salud pública o impulsar la productividad. Lo que nunca tiene sentido moral ni económico es endeudarse para repartir limosnas disfrazadas de política social. Eso no es solidaridad, es clientelismo. Es la apuesta más cínica que puede hacer un gobierno: asumir que el ser humano no merece más que un billete cada dos meses, que no aspira a ganarse la vida, que no necesita dignidad, ni propósito, ni el orgullo de construir algo con sus propias manos.

Es francamente insolente que este gobierno presuma la creación de 6.9 millones de empleos desde 2019 sin reconocer que 42% ocurrieron en la economía informal: trabajadores sin seguridad social, sin prestaciones, sin acceso a crédito ni a una jubilación digna, y que tampoco contribuirán pagando impuestos más allá de los que genere su consumo.

El politólogo George Will dice que el populismo acaba sucumbiendo por su incapacidad de cumplir lo que promete. Peor aún, dice que es peligroso que éste asuma que la gente sabe lo que quiere. Un buen ejemplo proviene de la política migratoria en Estados Unidos, donde Trump cumplió su promesa de cerrar la frontera, y hoy incontables sectores se topan con el encarecimiento de servicios y con la imposibilidad de encontrar trabajadores para construcción, hospitalidad, cuidado de niños y ancianos.

Morena incumple su promesa de crecer. El ingreso per cápita de México lleva siete años bajando. El pastel crece más lento que los comensales a la mesa. Al no generar riqueza, el “gasto social” se paga quitándoles recursos a educación y salud pública. Y, cada vez más, lo paga quien aún no nace. México seguirá acumulando déficits de más de 5% anual. Pronto nuestra razón de deuda a PIB estará por encima de 60%: niveles donde Brasil, Colombia y Sudáfrica perdieron el grado de inversión. Eso imposibilitaría que grandes fondos de pensiones e instituciones puedan comprar deuda mexicana, lo que también les encarecería el crédito a nuestras empresas.

Este año hemos perdido 250 mil empleos formales. Las implicaciones son graves no solo para quienes pueblan la informalidad, sino para un gobierno que deja de recaudar impuestos sobre la nómina, y para el IMSS que percibe menos ingresos mientras sus requerimientos de gasto aumentan conforme envejecemos.

El tan celebrado aumento al salario mínimo no ha estado acompañado por incrementos en productividad ni acceso a mejor tecnología o infraestructura, y ha vuelto imposible que muchas empresas pequeñas y medianas cumplan sus obligaciones sin que el alza en costos las saque del mercado. La migración a la informalidad continuará. Insistimos en encarecer el empleo formal cuando el mundo enfrenta el reto de defenderlo ante una inteligencia artificial que avanza sin días de asueto, sin pagar sueldos, prestaciones, ni liquidaciones.

No solo consumimos a expensas de quienes no han nacido. Les heredaremos una sociedad polarizada, conformista y fracturada; una infraestructura cayéndose a pedazos; un gobierno tan mediocre como voraz y corrupto, aliado con criminales. Un país que se aleja del imperio de la ley, de la prosperidad y del progreso.

Algún día, nuestros hijos y nietos nos preguntarán qué hicimos mientras esto pasaba. Ojalá tengamos algo mejor que decirles que: vimos el futbol.

450 Historias de León

Acompáñanos en un recorrido por la historia de León. Recibe en tu correo relatos sobre personajes, barrios, tradiciones y momentos clave, que celebran la identidad leonesa, en el marco de los 450 años de nuestra ciudad.