En un tibio amanecer del día de la golondrina, cuando el sol empezaba a brillar en el horizonte marítimo mazatleco, aparecieron, de repente, unos enormes pajarracos negros haciendo un ruido aterrador. Se acercaban a una lujosa zona del puerto congestionado por barcos camaroneros.
Si nadie había visto surcar en el espacio aéreo esas enormes aves de acero, menos imaginaron que, de la panza de esos amenazadores zopilotes empezaban a salir numerosas cuerdas de las que pendían soldados uniformados que aterrizaban sobre el techo de una ostentosa residencia en la que se escondían de inmediato.
La inolvidable escena bien podría haber sido extraída de una película norteamericana. Momentos después, los invasores volvieron a aparecer, pero esta vez acompañados de hombres atados con sogas y con la cabeza cubierta con máscaras negras. El grupo fue jalado al unísono hasta ser engullido por los inmóviles pajarracos que, al concluir la misión, emprendieron rápidamente la retirada hacia el norte, como si unos cazadores armados con armas letales fueran a aniquilarlos.
Mientras se digería la sorpresa en la otrora alegre ciudad porteña, hoy enlutada, la multitud suponía la identidad de los pasajeros secuestrados, así como su destino a manos de jueces de distrito en Nueva York, en lugar de juzgadores mexicanos. ¿Por qué los inconfundibles marines, se decía, tenían que haber hecho un trabajo, do the job, que correspondía al ejército mexicano? ¿Era peor el coraje por la invasión extranjera o por la vergüenza generada por la sospechosa inacción militar del gobierno mexicano? ¿Por qué los extranjeros tenían que resolver nuestros problemas domésticos? ¡Claro que habían secuestrado al gobernador y a su cáfila de colaboradores!
Sheinbaum volvió a disparar sus argumentos inútiles en relación a la soberanía, a “la no intervención extranjera”, a “la solución pacífica de las controversias”, a que “ninguna potencia extranjera nos va a decir cómo gobernarnos”, a que “nada puede estar por encima de los intereses del pueblo.” Trump siempre los escuchaba negando sonriente con la cabeza. Nadie podía ignorar su desprecio por el derecho internacional ante el retiro de EU de la OMS, su renuncia a pertenecer al Acuerdo Climático, su displicencia por la ONU, sus deseos por abandonar a la OTAN, para ya ni hablar del secuestro de Maduro, ni de los bombardeos masivos en Irán, entre otras decisiones radicales más.
Los gobiernos morenistas acusados de proteger a carteles imputados de asociación delictuosa y de exportar toneladas de narcóticos a EU, causantes de más de 100 mil muertes y del envenenamiento con cocaína, heroína y metanfetaminas de sus ciudadanos y de sobornar a las autoridades norteamericanas con su impresionante poder económico, ¿acaso creían que Trump no intentaría atrapar narcos para lucirse ante su electorado, sobre todo, si buena parte de lo que ocurre en México afecta a EU? ¿Vamos a rechazar la intervención de EU, su ayuda indirecta, cuando los carteles destruyen nuestra democracia, dañan la economía y el Estado de derecho, extorsionan, imponen gobernantes, jueces y congresistas, matan, enlutan, y controlan la mitad del territorio nacional ante la inentendible negligencia o complicidad del gobierno?
Trump necesita mejorar su imagen pública para retener el control del congreso federal. Imponer el orden en el pintoresco vecino del sur, incapaz de gobernarse por sí mismo, constituye una poderosa opción. No se requiere disparar un solo tiro: bastaría con cancelar, por unos días, la exportación de gas y de gasolina de EU a México, paralizar al país, y obligar así al gobierno a cumplir con sus compromisos constitucionales. Los 400 mil efectivos nuestro ejército extinguirían laboratorios y sembradíos en un par de semanas.
Si aparecieran más pajarracos negros en México para secuestrar a integrantes del crimen organizado y se violara una y otra vez la supuesta soberanía, ¿Sheinbaum ordenaría invadir Texas como represalia, o impondría aranceles al 500% a las importaciones de EU? ¿Sí.?
La defensa de la soberanía no pasa de ser un rugido de ratón para Trump, quien también, ¿por qué no?, podría exigirle a Sheinbaum la reposición del Estado de derecho en México. Los morenistas son responsables ante la historia: prefieren proteger a delincuentes, antes que defender los intereses superiores de la República. Nada de que Yankee, Go home.