Tremenda bronca armó la SEP -o quizá fue uno más de los distractores sobre la realidad de los “narco Gobernadores”-, en esa idea tonta y estúpida, de acortar más el calendario escolar mexicano. La puntada que se aventó Mario Delgado, no solo afectaba a millones de menores, sino también a las familias que tienen en la escuela, el espacio seguro para que sus hijos estudien. Les daba, además, un regalo enorme al magisterio de las escuelas públicas, cuyos Sindicatos han privatizado la educación. 

Los argumentos del pobre Secretario de Educación Pública, un político sin experiencia educativa -pero gran gestor de recursos financieros para campañas electorales-, es el reconocimiento de las graves carencias de nuestro sistema educativo.

A diferencias de los mejores sistemas en el mundo, como los que tienen los países nórdicos o los países orientales, el mexicano está devorado por los Sindicatos, por el 75% del presupuesto dedicado a gasto operativo y con una cultura ancestral que limita el emprendimiento y la formación de habilidades de pensamiento.

Así, es imposible desarrollar habilidades en los menores. Ante el alud de críticas por el error de Delgado al no mantener el calendario original, se reflejó la improvisación que tiene nuestro gobierno. Lamentablemente, así es la manera de pensar y actuar de nosotros mexicanos, al improvisar y cambiar cuando algo ya se había acordado y planeado. Además, tomar como argumento el calor y el futbol, era como claudicar ante las adversidades.

Esa puntada de Delgado, no era solamente la política de un partido político que se hace popular regalando dinero y ahora, vacaciones pagadas, sino el reflejo de la manera de pensar que hemos heredado los mexicanos, al vencernos ante cualquier problema. Es mucho lo que tenemos que avanzar como País para superar durante varias generaciones el derrotismo y la pusilanimidad y para enfrentar el futuro, pues es el trauma de la conquista el que todavía arrastramos. 

Nuestra presidenta Sheinbaum sigue con esa narrativa que tanto gusta a los más pobres: ante la adversidad, reclamarle a Hernán Cortés y a la corona española y al imperio norteamericano y al destino, todas nuestras desgracias. Y eso es algo que le heredamos a nuestros hijos creando fantasmas y siempre echando la culpa al pasado.

Guanajuato, Nuevo León, Jalisco, Chihuahua, Aguascalientes, estados pujantes, reaccionaron de inmediato. El martes 12 de mayo el secretario de Educación de Guanajuato, Luis Ignacio Sánchez Gómez, nos dijo que Guanajuato encabezó la oposición al recorte del ciclo escolar propuesto por la SEP, pues adelantar el cierre al 5 de junio además de ser una ocurrencia, era ilegal, pues reducía las clases a 159 días, contra los 185 que marca la ley. La medida de la SEP se rompería por lo más delgado. 

Provocaría problemas con escuelas privadas que tienen contratos con sus clientes que son las familias y que allí, si exigen calidad. Además, afectaría a las escuelas más necesitadas. Con el cierre normal programado, se podrán continuar programas clave en Guanajuato, como capacitación en educación sexual, la prueba RIMA y el seguimiento a jóvenes que ingresarán a preparatoria.

Es una lástima que carezcamos de líderes y de políticos que invoquen al futuro para construir un porvenir basado en el trabajo honrado y en el estudio. Reducir el número de horas del ciclo lectivo es una afrenta a la inteligencia, que, al final, es el motor de la voluntad, que ha movido a las civilizaciones. Seguir acostumbrando al pueblo a que reciba apoyos a cambio de nada, es tan nocivo como el haber heredado del subsuelo, el petróleo. Necesitamos más horas de educación, escuelas de tiempo completo, mayor inversión en tecnología y formar competencias académicas para que los estudiantes puedan moverse en el mundo globalizado. Sin evaluar en forma independiente los resultados, sin estímulos por resultados a los profesores, las brechas entre la educación pública y privada, seguirán creciendo. 

Me duele y critico a quien sigue aprovechándose de la falta de educación del pueblo. Son falsos profetas como Delgado, que prefieren negociar con sindicatos privilegiados cuando toman decisiones brutas, como el recorte del ciclo escolar que no solo afectaba a las familias, sino también a las pocas posibilidades de construir un futuro mejor para todos.

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