“Las personas carismáticas no pueden ser simplemente buenas o malas, explicó la psicóloga. Si son malas todo el tiempo alienarán a todos. Y una persona carismática sin un séquito es una contradicción. Del mismo modo, los líderes carismáticos no pueden ser siempre benevolentes.
En el fragor de la vida, inevitablemente habrá momentos en que choquen intereses y opiniones, y alguien debe imponerse. Dados sus dones excepcionales, las personalidades carismáticas terminarán imponiéndose, por mucho que se esfuercen por evitar dominar a los demás.”
Apenas unos párrafos del gran libro “The Infinity Machine” (te lo recomiendo, en inglés en cualquier librería digital), que cuenta la historia de Demis Hassabis, uno de los cofundadores de DeepMind y también uno de los pioneros de la Inteligencia Artificial (IA).
Es cierto.
A través del tiempo, muchos de los líderes que han cimbrado la historia poseen esa gran cualidad llamada carisma.
Un rasgo que puede ser una bendición. o una maldición. El carisma es un arma transformadora que puede ser utilizada para bien o para mal.
En la política, piensa en Churchill o Hitler. O bueno, aquí más cerquita, Trump y, aunque duela admitirlo, Andrés Manuel.
El mundo de los negocios está lleno de genios carismáticos que han transformado nuestras vidas, como Steve Jobs o Elon Musk.
Líderes que fijan objetivos que parecen imposibles. Que crean campos de distorsión de la realidad y luego utilizan su poder de convencimiento para llevar a organizaciones o naciones a lugares insospechados.
Insisto, para bien o para mal.
Regreso al libro: “no se trata solo de que las personalidades carismáticas deban oscilar inevitablemente entre inspirar y controlar, porque la oscilación misma forma parte del carisma. Los seguidores se vuelven adictos a los cambios de humor de un Jedi, igual que un jugador se vuelve adicto a las máquinas tragamonedas que decepcionan una y otra vez y luego les dan grandes premios.”
Pues sí, como explica el manuscrito:
- Si las tragamonedas dieran premios similares turno tras turno, el juego perdería su atractivo.
- Si un padre es cariñoso de forma constante, el niño no sentirá la necesidad de aferrarse.
La conclusión es lógica: “La oscilación alimenta la dependencia; crea una trampa.”
Crea la potencial trampa del carisma.
¿Cómo evitar que esta gran virtud no se convierta en gran defecto?
Aquí te va una posible respuesta del libro “Think Again” de Adam Grant (muy recomendable también).
El autor y profesor de Wharton explica dos ciclos mentales opuestos:
a) Repensar: la humildad genera dudas, que provocan curiosidad, que finalmente lleva al descubrimiento (y a evitar pentontadas), que por supuesto te hace humilde. Un círculo virtuoso.
b) Confianza injustificada: el orgullo genera convicción, que promueve sesgo de confirmación, que lleva a autovalidación que reafirma tu orgullo. Un círculo vicioso.
Según el proceso que se adopte, se generan estilos de liderazgo totalmente distintos:
Científico: puedo estar equivocado.
Predicador: tengo la razón.
Fiscal: tú estás mal.
Político: nosotros estamos bien, ellos están mal.
Líder de culto: siempre tengo la razón.
En corto, ese es el máximo riesgo de las personalidades carismáticas y sobre todo las que acumulan poder y éxito: convertirse en líderes de culto que se creen tan iluminados que terminan por oscurecerlo todo.
A veces sin darse cuenta.
Los colaboradores de Hassabis advierten sobre este riesgo: “Tenía buenas intenciones. Por ejemplo, Demis hablaba sobre la influencia de su madre y su horror sobre cómo ella manipulaba a los demás”, señala.
Y sin embargo, como bien explica otro de los cofundadores de DeepMind: “una cosa era aborrecer la idea de controlar a los compañeros; otra muy distinta, dado su carisma arrollador, era evitarlo”.
Exacto.
Precisamente ese es uno de los problemas de los genios detrás de la IA (incluyendo a Hassabis): se juegan el futuro de la raza humana estando totalmente seguros de que el evangelio de la IA nos llevará al paraíso.
Ojalá que no terminemos en el extremo opuesto.
Posdata. Quieren medio corregir el desastre que es la reforma Perjudicial. Demasiado tarde. Deshacer el entuerto sería cancelarla. Un cáncer no se trata con un desenfriolito.
En pocas palabras.
“Para mí, la ciencia es un asunto espiritual”.
Demis Hassabis