La terraformación (terraforming, en inglés) es el proceso de transformar la luna o un planeta para que sea habitable por humanos. En teoría esto implica modificar su atmósfera y clima, así como la superficie, añadiendo oxígeno y creando cuerpos de agua líquida, todo esto con objeto de alcanzar temperaturas adecuadas para la vida.
Marte siempre ha sido el candidato preferido desde hace décadas, sin embargo, esto normalmente es considerado algo más cercano a la ciencia ficción que a la realidad. Transformar un planeta frío y polvoriento en un mundo habitable ha sido un sueño considerado fuera de nuestra capacidad tecnológica.
Con sarcasmo algunos han considerado que es absurdo emplear enormes recursos para transformar otro planeta en lugar de usar los mismos recursos para salvar el nuestro, en el que ya vivimos.
En un congreso reciente sobre terraformación se argumentó que terraformar el planeta Marte debe de ser considerado como un área legítima de investigación a pesar de que cualquier intento de realización sea postergado durante muchos años.
El primer paso consistirá en elevar la temperatura del planeta varios grados. Esto seguramente tomaría algunas décadas, añadiendo aerosoles o gases de efecto invernadero.
Los estudios actuales sugieren que Marte contiene suficiente agua congelada para eventualmente producir un océano que cubriría aproximadamente cuatro millones de kilómetros cuadrados con una profundidad promedio de trescientos metros. Esto requerirá elevar la temperatura promedio del planeta en unos treinta grados centígrados. Una vez logrado esto el siguiente paso es introducir vida microbiana.
Se estima que crear una atmósfera con suficiente oxigeno obtenido a través de fotosíntesis requerirá varios siglos. Inicialmente se necesitará de la construcción de enormes domos habitables en donde niveles suficientes de oxígeno se obtendrían por fotosíntesis de vegetales y/o por electrólisis de agua.
Eventualmente se requerirá crear campos agrícolas para obtener alimento, pero dadas las fuertes y frecuentes tormentas de arena que azotan a este planeta, no se sabe realmente cómo serían estos campos de cultivo. Con toda franqueza los científicos reconocen que el número de incógnitas para una propuesta de esta naturaleza es enorme, se requiere tiempo para responder algunas de ellas.
Es seguro que una vez iniciado el proyecto y estando en Marte, surgirán innumerables problemas, sobre algunos de los cuales actualmente no tenemos la menor idea.