“Una vida breve también deja una huella eterna”
Hay dolores para los que ninguna familia está preparada. La pérdida de un bebé durante el embarazo, el parto o los primeros días de vida es uno de ellos. En pocos instantes, la ilusión de recibir a un hijo se transforma en una despedida inesperada. Quedan una cuna vacía, planes suspendidos y preguntas que rara vez encuentran respuestas suficientes.
En México, durante 2024 se registraron 22 mil 31 defunciones fetales, cerca de 60 al día. La estadística permite dimensionar el problema, pero no describe el sufrimiento de las mujeres, las parejas y las familias. Tampoco revela cuántas recibieron apoyo psicológico, información comprensible o un trato respetuoso en la institución de salud.
En Guanajuato se registraron mil 424 defunciones fetales en 2024, la tercera cifra más alta entre las entidades del país. Fueron 53 casos menos que en 2023, pero siguen representando casi cuatro pérdidas diarias. Son familias guanajuatenses que requieren atención médica, así como privacidad, escucha y acompañamiento profesional. Cada una merece algo mejor que regresar a casa con los brazos vacíos y el dolor desatendido.
Los hospitales están preparados para atender embarazos, partos y complicaciones clínicas. Sin embargo, no todas las unidades cuentan con protocolos para acompañar a quienes reciben la noticia de que su bebé ha fallecido. La respuesta suele depender de los recursos disponibles, de la organización interna y, muchas veces, de la sensibilidad de quienes están de guardia.
También debemos reconocer la situación del personal sanitario. Médicos, enfermeras, psicólogos y trabajadores sociales enfrentan momentos emocionalmente complejos. Comunicar una pérdida requiere tiempo, preparación y condiciones adecuadas. Capacitar al personal no significa cuestionar su vocación, sino ofrecerle herramientas para informar con claridad, escuchar sin apresuramiento y acompañar sin invadir.
Una palabra desafortunada puede permanecer durante años en la memoria de una madre. También puede hacerlo como gesto de respeto. La manera de comunicar la muerte, el lugar donde se brinda la información y la posibilidad de despedirse influyen en cómo comienza el duelo.
Por ello presenté ante la Comisión Permanente un punto de acuerdo para exhortar a la Secretaría de Salud, al IMSS, al ISSSTE y a las demás instituciones del Sistema Nacional de Salud a analizar la viabilidad de implementar protocolos integrales de atención al duelo gestacional, perinatal y neonatal.
La propuesta contempla una experiencia denominada “Código Mariposa”. Este modelo permite identificar a las familias que enfrentan una pérdida, activar el acompañamiento de psicología y de trabajo social, orientar sobre los procedimientos posteriores y favorecer una comunicación respetuosa.
Cuando la infraestructura lo permite, el protocolo contempla los llamados Cuartos Mariposa. Son espacios privados y tranquilos que evitan que una mujer que acaba de perder a su bebé permanezca en la misma área donde otras familias celebran un nacimiento. No se pretende ocultarla ni aislarla, sino proteger su intimidad durante uno de los momentos más difíciles de su vida.
El ISSSTE ya ha impulsado esta estrategia en algunas unidades médicas. La experiencia demuestra que es posible avanzar hacia una atención más humana en las instituciones públicas. No obstante, todavía desconocemos cuántos hospitales cuentan con protocolos, personal capacitado, atención psicológica o espacios adecuados.
El punto de acuerdo no propone construir de inmediato una habitación especializada en cada hospital. Solicita primero un diagnóstico nacional y un análisis serio de las necesidades operativas, presupuestarias e infraestructura. A partir de sus resultados podrían emitirse lineamientos para una implementación gradual, adaptada a las posibilidades de cada unidad, pero sostenida en estándares comunes de dignidad, privacidad y acompañamiento.
El duelo no corresponde únicamente a la madre. La pareja, los hermanos y los abuelos también pueden experimentar una pérdida profunda. Con frecuencia sufren en silencio porque socialmente se minimiza la muerte de quien apenas comenzaba a vivir. Ningún hijo es reemplazable y ningún duelo tiene un calendario predeterminado.
La medicina dispone de tecnología extraordinaria, pero su calidad no puede medirse únicamente por el equipamiento, las camas o los procedimientos realizados. También se revela en la capacidad de acompañar cuando la curación ya no es posible.
No podemos evitar todas las pérdidas gestacionales, perinatales o neonatales. Si podemos evitar que una familia las enfrente en soledad o que la atención hospitalaria agrave su sufrimiento. Código Mariposa significa reconocer que una vida, aunque haya sido breve, deja una huella que merece respeto, cuidado y memoria.