Después de mucho pensar, decidiste desprenderte de tus acumulaciones y decir adiós a esos recuerdos empaquetados.
Aunque la decisión estaba tomada, preferiste que lo hicieran otras manos, pues sabías perfectamente que, si optaras tú, no podrías despedirte de nada, y que probablemente volverías a asirte a esos objetos sin remedio.
Porque. ¿Quién entiende las razones del corazón, y es capaz de escuchar sin pasar por el filtro del entendimiento? ¿Cómo comprender que dentro de cada cosa que tenías ahí guardada, se encontraban escondidos momentos, sonrisas, miradas o, sueños, y resultaba imposible separarlos?
Por eso, cada vez que repasaban tus manos aquellos objetos, se abrían las compuertas, te latía el corazón de prisa, la remembranza te anclaba profundo como si el tiempo se hubiera detenido, y sumergías en esa agua cristalina hasta la última partícula de tu ser.
Tantas cosas acumulaste, que llenaste el cuarto, la cocina y el baño, también ya habías invadido gran parte del patio, porque en esto de las acumulaciones, no existen límites claros y las cosas suelen salirse de control.
Sin embargo, tus oídos fueron sabios y comprendiste que tenían razón. Así que después de mucho enojo y molestia de tu parte, vino la aceptación, dejaste de luchar, abriste tus palmas y dejaste ir.
Afortunadamente yo estaba contigo, y al ver tu mirada inquieta al ver tus objetos preciados, te decía: no te preocupes, esa ropa tiene moho, está picada o rota, no tiene ningún sentido guardarla, que se la lleven mejor. Y tú, asentías con resignación.
Tomando tu buen ejemplo, quisiera hacer lo mismo, e irme despidiendo no sólo de cosas materiales sino de muchas otras que cargo conmigo que resultan por demás irrelevantes. Aunque sé, que para desprenderme de ellas, tengo que hacerlo de manera solitaria, sin un consejero al lado. Un salto al vacío rompiendo cadenas.
Es una labor difícil la que haré, lo entiendo, no es fácil dilucidar sí las cosas fueron verídicas, si fue mi interpretación, o si se trataba de una creencia que se fue pasando por generaciones.
Así, de la misma manera, voy a vaciar mis cajones, lo haré extensivo a mi ropero y repisas, sin omitir mis pensamientos.
Finalmente, he comprendido al igual que tú, que lo más importante, lo llevo conmigo, grabado a fuego, que nadie podrá arrancarlo de mi unicidad, que no requiero equipaje para acceder al infinito.
Porque la aceptación y el desprendimiento son procesos solitarios que me facilitarán extender mis alas. Así, ligera sin ningún peso sobre de ellas, en un instante, o un suspiro, libre al fin, podré cruzar el cielo filtrando los rayos del sol.