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1.- ANTECEDENTE.
A las nuevas generaciones de creadores de contenido en plataformas les fascina el mito pero les estorba el dato, la información fidedigna y comprobable.
El fenómeno y tendencia reciente de biografías y videos cortos en redes sociales ha revivido las viejas glorias de la música popular del Siglo XX, elevando a figuras de carne y hueso a altares de infalibilidad comercial. El caso más evidente es el de Julio Iglesias, cuya exitosa carrera ha sido inflada digitalmente con cifras inverosímiles que confunden la estrategia publicitaria de una época con la realidad del mercado. Veamos.
Seguramente muchos lectores se han topado en YouTube o TikTok con breves reels o extensos documentales que magnifican de forma desmesurada la trayectoria de Julio Iglesias. Estos espacios le atribuyen con frecuencia una hazaña histórica: haber vendido más de 300 millones de discos. Los creadores de contenido suelen ubicar la cúspide de este logro entre 1980 y 1985, el periodo en que el cantante grabó en inglés para conquistar el mercado anglosajón.
Aquella fue una agresiva estrategia de marketing de su disquera, CBS, que incluyó lanzar sus éxitos en 14 idiomas. Además, los videos suelen presumir que el artista editó 80 álbumes, acumulando infinidad de discos de platino y un supuesto e inédito disco de diamante por vender 100 millones de copias de un solo golpe. Hasta ahí el relato comercial funciona muy bien.
Es innegable el éxito de Iglesias como uno de los artistas más importantes de habla hispana, pero dista mucho de ser el único o el más grande, como este endiosamiento digital nos pretende hacer creer. Cabe hacerse una pregunta que los documentalistas omiten: ¿de esos millones de discos anunciados, cuántos terminaron abaratados en las tiendas de saldos y cuántos miles de sobrantes se destruyeron en las bodegas?
2.- El se reto detrás de los ‘números alegres’
Las compañías discográficas nunca han sido transparentes con estas cifras, y menos en los años ochenta, cuando los controles fiscales sobre las ventas globales eran más laxos. Sin embargo, al investigar los antecedentes de la industria salta a la vista una práctica común: el material que no se vendía, a pesar de las millonarias campañas publicitarias, se remataba a precios inferiores a su costo de producción bajo el sello de “cut-outs” (saldos). Los excedentes que ni así salían al mercado, se destruían por miles en absoluto secreto para no dañar la imagen del artista. Lo que la disquera reportaba eran, en buena medida, números alegres.
Entre 1983 y 1985 tuve la oportunidad de viajar a Los Ángeles, Las Vegas y Miami. Me llamó profundamente la atención ver los contenedores de remates en tiendas departamentales como Sears y J.C. Penney repletos de álbumes de Julio Iglesias a solo 99 centavos de dólar. Yo lo viví, no me lo contaron: los discos estaban ahí acumulados y no se vendían ni a ese precio.¿Qué era lo que fallaba? Sencillamente, el mercado anglo resistía la fórmula. Sus dos duetos estelares en inglés -“To All the Girls I’ve Loved Before” con Willie Nelson y “All of You” con Diana Ross- no terminaron de encajar en el gusto masivo estadounidense, fuera de las comunidades hispanas. Eso es lo que los videos de TikTok ocultan. En la dura radiografía de la crítica estadounidense, si recurrimos a las herramientas de inteligencia artificial para rastrear las publicaciones de la época, encontramos que el lanzamiento de su álbum “1100 Bel Air Place” (1984), recibió severas críticas por su sonido meloso, artificial y sobreproducido (cheesy).
Continuará…