Dos agentes de la Policía Federal lo detuvieron hace 10 años, la mañana del 8 de enero de 2016. Había escapado por un túnel, burlando un operativo de la Marina a cargo del almirante Marco Antonio Ortega Siu. Lo acompañaba su jefe de sicarios: Orso Iván Gastelum, “El Cholo Iván”.

Salieron de una alcantarilla en el centro de Los Mochis: llovía y el nivel del agua amenazaba con ahogarlos. Iban en ropa interior. “El Chapo” llevaba una camiseta con tirantes y una pistola en la mano. “El Cholo” solo iba en calzoncillos y cargaba un arma larga, con aditamento para lanzagranadas.

La ciudad de Los Mochis enloquecía con sirenas, patrullas, helicópteros sobrevolando. El reporte que rindió la Comisión Nacional de Seguridad indica que salieron de la alcantarilla a las 9:08. “El Cholo” le marcó el alto al conductor de un Jetta blanco y lo bajó con violencia. Cuadras más adelante, el auto dejó de funcionar. Detuvieron entonces un Focus rojo que conducía una mujer que iba con su iba con su hija y su nieta de cinco años. Orso Iván cometió el error que desató lo que vino después: le devolvió su bolsa. En ese bolso la mujer llevaba un teléfono celular: reportó el robo al C-4 y se lanzó la alerta de que un Focus robado iba huyendo hacia el sur.

Los agentes de la División de Seguridad Regional de la Policía Federal —en una crónica los llamé Carmona y Rosales— hacían guardia bajo un puente. Se lanzaron tras el Focus con la torreta encendida. A la persecución se sumó el responsable del turno —llamémosle Valladares—, que le dio un cerrón al automóvil en el que los narcos huían.

“El Cholo” descendió sucio, semidesnudo, en calzoncillos. “Comandante, aquí traigo al Patrón. Échenme la mano”, les dijo. Carmona se acercó a la patrulla con la mano en la funda de la pistola. Nunca, ni en sus sueños más delirantes, había esperado lo que vio. Aquel rostro era inconfundible. “Ay canijo, es El Chapo”, pensó.

—¿Sabe quién soy?

—Sí sé.

—Entonces, comandante, écheme la mano.

Carmona lo bajó del Focus. Subieron a ambos a la patrulla. Les dijo “El Cholo”:

—Comandante, no la chinguen. Ya viene mi gente a rescatar al Patrón y los van a matar a todos si no nos dejan irnos. Van a estar aquí, qué le digo, en cosa de minutos. Déjenos ir, comandante.

Valladares lo mandó callar. Vía telefónica, porque sabían que si empleaban la comunicación por radio la gente del cártel iba a escucharlos, le avisaron al jefe de estación que tenían al “Chapo” Guzmán. Pidieron refuerzos.

—Ayúdenme a llegar a Che Ríos —insistía el capo—. Yo les arreglo la vida para siempre.

La información de la captura fue subiendo de nivel y llegó al comisionado nacional de seguridad, Renato Sales Heredia. “¿Seguro que es ‘El Chapo’? Que nos manden una foto para que verificar si es él”, ordenó. Le enviaron la foto que más tarde todo México vio.

En la carretera, mientras tanto, las cosas se estaban poniendo feas. Por la radiofrecuencia, los federales escucharon que 30 camionetas con hombres armados iban volando hacia Los Mochis para rescatar al “Chapo”. Los agentes supieron que no tenían tiempo para llegar a su cuartel: en cualquier momento tendrían que encontrar de frente esas camionetas. Decidieron esperar a los refuerzos en un motel del camino, el Doux. Ahí, en la habitación 51, pasaron 20 minutos a solas con “El Chapo”.

En ese tiempo el narcotraficante los tentó con dinero, con la oferta de empresas que les resolverían la vida, y también con amenazas: “Me van a venir a rescatar, va a haber un regadero de sangre, mejor déjenme ir”.

Los federales resistieron. La carrera del “Chapo” terminó aquel 8 de enero, hace diez años.

Obtuve tres videos inéditos, tomados aquel día.

En el primero, “El Chapo”, con la camiseta manchada de lodo, aparece lavándose la cara y el pelo en la habitación 51 del Hotel Doux. Le pregunta a uno de los federales si no le caerá mal el jabón:

—¿No hace daño a los ojos? ¿En los ojos no me cae mal?

—No se eche en los ojos mejor. Si quiere quítese la playera —le contesta este.

En el segundo video, “El Chapo” va a bordo del vehículo que lo lleva al hangar desde el cual fue trasladado a la Ciudad de México. Luce abatido, con los ojos cerrados.

—Todo bien, gracias —dice.

—¿No lo han tratado mal? —le preguntan.

—No, señor.

—¿No le han pegado?

—No, señor.

En el tercero aparece limpio, vestido con unos pants de color azul. Conversa con uno de los agentes. El diálogo es como sigue:

—Al vecino ese, ¿por qué se lo echaron? Al Canicón ese de los Zetas, el pinche Canicón. ¿Estaba ahí de vecino, no?

—No, pero ese cabrón…

—Era pura pinche basura ese cabrón…

—No le paraba la boca –dice “El Chapo”.

—Puro mugroso ese hijo de su puta madre.

—No, pues los Zetas. Digo, yo ya platiqué con él y quedamos de que no iba a haber pleito. Pero usted sabe, la educación de ellos, completamente otra cosa. Ellos son rateros, estafadores, no narcotraficantes.

—Puro pinche mugroso de mierda.

—Y yo me dediqué a sembrar mota desde que estaba joven, a traficar. A robar, no. Nadie puede decir que yo le haya robado.

—Sí, por eso le comento del Gabito, porque yo sé la forma de trabajar de usted, que no anda en ese desmadre de andar robando y secuestrando.

—No, no. Inclusive el gobierno del estado… era un estado tranquilo. No tenía yo ninguna otra cosa, pero por mí, ahora que salí, ya estaba la cosa muy normal.

—¿Y ahora cómo se va a poner la cosa allá? ¿Sí se va a poner cabrón?

—El director que hay allá es fuerte. Sí trabaja bien. Pero… no, a mí no me conviene que nuestra gente pelee con el gobierno. Ellos, yo les tengo bien dicho, si un día fracaso, ustedes no quiero que vayan a pelear con ningún policía. Para nada. No, no va a haber guerra. Para nada. De eso estoy seguro, que no, no va a haber. Para nada.

—Ojalá, para que se mantenga tranquilo el estado.

—Sí, señor, que esté tranquilo —cierra “El Chapo”.

Aquel día, en Los Mochis, había comenzado el último amanecer en libertad del “Chapo”. Estos videos se agregan a la historia de su caída, de la pesadilla que se cernió sobre México durante su reinado, y del rumbo sangriento que tomarían las cosas después.

@hdemauleon

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