“El crecimiento económico es la base del desarrollo social y económico: crea empleos, genera oportunidades de ingreso y ayuda a reducir la pobreza”.
Banco Mundial
El país tiene muchas prioridades: seguridad, salud, justicia, educación, entre otras. Sin crecimiento económico sería imposible cumplir con el presente y el futuro de las nuevas generaciones. El crecimiento promedio en los 8 años de la 4T es del 1 % anual. La población crece al 0,7 %, lo que significa que el crecimiento per cápita apenas llega a 0,3 %.
El país tendrá, al final del año, unos 135 millones de habitantes. Una bendición, porque somos de los países que aún crecemos, mientras que otras naciones parecen suicidarse. En Grecia muere el doble de personas de las que nacen; Japón, que era más poblado que México, pronto reducirá su población en un 10 % respecto de su máximo histórico.
Estudios demográficos estiman que México puede alcanzar 147 millones de habitantes en 2052 y que, a partir de ese año, comenzará a disminuir. Por lo pronto, necesitamos crecer vigorosamente, tal como lo prometía Andrés Manuel López Obrador, quien juraba que se podía crecer, cuando menos, al 4 % anual.
El peor sexenio fue el de Miguel de la Madrid, cuando apenas crecimos un 0,5 % anual. Carlos Salinas de Gortari logró lo que pocos creían: revitalizó la economía mediante una mayor participación empresarial, la apertura y la liberación comercial y, algo muy importante, el entusiasmo y la confianza de los inversionistas. Fue entonces cuando crecimos al 4 % anual, a pesar de la crisis de 1994. Eran tiempos de esperanza, de construcción de infraestructura y de transformación económica con el TLC. El levantamiento del EZLN en Chiapas y el magnicidio de Luis Donaldo Colosio nos llevaron a una crisis, también empujada por el alza de los intereses en Estados Unidos.
¿Qué se necesita para crecer? Todo es político. La administración de la presidenta Claudia Sheinbaum requiere, primero, hacer ajustes políticos, dolorosos pero indispensables: romper con el pasado obradorista daría al país confianza en su poder de mando. Lo hizo Lázaro Cárdenas al enviar al exilio a Plutarco Elías Calles. Lo hizo José López Portillo al enviar a Luis Echeverría a Canberra, Australia, y también Ernesto Zedillo al meter a la cárcel a Raúl Salinas de Gortari.
El peligro de no hacerlo es la presión constante de los Estados Unidos para que haya cambios, para que el gobierno no proteja a personajes como Rubén Rocha Moya y otros políticos señalados como cómplices de los cárteles. Acto seguido, el país necesita recuperar la seguridad jurídica que teníamos antes de la transformación del Poder Judicial.
Sin confianza en la inversión nacional y extranjera, el país no crecerá como necesitamos. Para Morena sería la seguridad de repetir triunfos más allá de los apoyos sociales. El crecimiento trae empleo, movilidad social, mejores salarios, oportunidades para los jóvenes y estabilidad política. Tendríamos mejores cosechas en el campo y una mayor extracción de petróleo, gas y minerales; si liberamos la producción de energía, tendríamos suficiente para el desarrollo industrial. Habría mayor recaudación e inversión pública.
El gobierno entró en una etapa de restricciones presupuestarias que lo limitan a cumplir con lo básico: salud, educación y seguridad pública. Para crecer, es indispensable cambiar la política interna y luego transformar la economía.