A las 19:41 del miércoles 2 de septiembre, una cámara de seguridad captó a Diego Sebastián Rosen Ferlini en el área de estacionamiento del fraccionamiento Grand Viure, en Bosque Esmeralda de Atizapán.
Había bajado por las escaleras de servicio después de matar de un disparo en la cabeza al tecladista de Camilo Séptimo, Jonathan “Honas” Meléndez, así como a su esposa Ana Paula, que estaba embarazada, a la hija de ambos, de tres años, a la nana de los niños, una muchacha de 21 años, y a una de las mascotas de la familia, a la que había hecho que le amarraron el hocico porque “estaba muy nerviosa” y “sabía lo que iba a pasar”.
Un testigo que aquella tarde había llegado con el tecladista al edificio, y lo esperaba en la recepción, declaró que en la caseta del fraccionamiento Rosen Ferlini encañonó “a la chica de seguridad” para evitar que esta revisara la cajuela del Kia en el que huía del lugar y que lo amenazó a él también: “Pinche negrito, donde se te ocurra decir que me viste te voy a matar como a tus pinches amigos”.
Rosen Ferlini declaró al ser detenido que al salir del fraccionamiento había atravesado la avenida Gómez Cantú y que se fue “desviando, desviando” hasta encontrar una barranca: ahí desarmó la pistola y le quitó el silenciador, y tiró las herramientas que había empleado durante el múltiple homicidio: los cinchos, los guantes, el tapabocas, los cargadores.
Confesó que iba en busca de una caja fría con dos millones de dólares en bitcoins que Jonathan Meléndez le había dicho que tenía en su poder.
Según el comunicado oficial, eran las 19:43 cuando la vigilante levantó la pluma y el Kia, conducido por Gerardo Cisneros Bejarano, el cómplice al que Rosen le había ofrecido dos millones de pesos para que lo ayudara a hacer el robo, salió del fraccionamiento.
Faltaban, pues, unos minutos para las ocho de la noche. Según los reportes, cerca de esa hora se notificó de los hechos a la policía municipal de Atizapán de Zaragoza. Pero no fue sino hasta las 00:40 cuando informó al agente del ministerio público con sede en Tlalnepantla que “al interior del domicilio ubicado en Bosque de Amates, fraccionamiento Grand Viure, se localizan cuatro personas sin signos vitales”.
Eran las 1:05 horas cuando personal de la fiscalía del Estado de México llegó al sitio de la tragedia. Habían pasado casi cuatro horas desde la huida de Rosen y el aviso al ministerio público, y cinco hasta el arribo de personal de la fiscalía.
Esas horas siguen en la oscuridad.
Nadie ha explicado qué ocurrió en ese lapso.
Investigadores consultados refieren que el departamento del tecladista fue hallado completamente revuelto y en un desorden inimaginable.
¿Esto fue obra del asesino de la familia, que permaneció en el lugar desde 17:23 hasta las 19:41? ¿Qué hizo la policía municipal de Atizapán durante todo ese tiempo?
El cuerpo de Jonathan Meléndez fue hallado en un sofá, con las manos atadas por delante. Por la posición del cadáver los investigadores creen que Rosen pudo ponerle un teléfono o una laptop en las manos para que realizara una transferencia. A su lado, sin embargo, no estaba ninguno de estos aparatos.
Al ser detenido, Rosen ofreció al comandante de la fiscalía un soborno de un millón 600 mil pesos. Dijo que era la cantidad de que podía disponer en ese momento, pero en la cadena de mentiras y contradicciones que existen en sus dichos, sostuvo también que le había hecho una transferencia a su esposa, de la que está separado y quien vive en Madrid.
Al hablar con los investigadores, Rosen dijo también que podía mover criptomonedas sin dejar rastro.
No hay noticia del avance de esas investigaciones.
El tecladista llegó a su domicilio a las 19:28, según la videocámara. Rosen Ferlini salió del lugar 13 minutos después. Tenía a la familia en su poder desde las 17:42. El orden en el que, según ha declarado, cometió los asesinatos, no coincide con la ventana de tiempo abierta por los peritajes.
Demasiada oscuridad en uno de los hechos que más han lastimado a una sociedad incesantemente lastimada, estremecida por la violencia.