- Dos obras indispensables. En Guanajuato hay mucho por construir, pero dos obras sobresalen por su necesidad y oportunidad. Desde hace 30 años, como mínimo, se ha proyectado dotar a León de más agua. Primero de Jalisco y ahora de la presa Solís, en el sureste del estado: una gran necesidad. Como oportunidad está el proyecto de construir una carretera desde Silao hasta San Miguel de Allende. La obra hidráulica garantizaría el abastecimiento de León y de las ciudades del corredor industrial; la carretera abriría una arteria fantástica para llegar a San Miguel de Allende y, eventualmente, a un entronque con la carretera 57, que conduce a la frontera con Estados Unidos.
- Urgente para San Miguel. La joya turística de Guanajuato, podría duplicar su tamaño y abrir las puertas a proyectos extraordinarios en la zona; las inversiones y el empleo crecerían como nunca. Hoy el acceso es tardado y peligroso. Una carretera moderna es indispensable. Durante el sexenio de Miguel Márquez Márquez hubo entusiasmo por realizar la obra, pero faltó decisión para llevarla adelante cuando algunos moradores de las tierras por donde pasaría se opusieron por la presencia de restos arqueológicos.
- Hace justo 2 años, un día antes de terminar su mandato, Diego Sinhue Rodríguez firmó un contrato de concesión con VISE, una de las mejores constructoras de México y, sin duda, la más importante en su ramo en Guanajuato. Todo parecía bien, hasta que surgieron los detalles. A VISE se le otorgaría la concesión de la carretera Silao-Guanajuato a cambio de un pago de 100 millones y del compromiso de renovar el acceso a Guanajuato y construir una carretera moderna de dos carriles que ahorraría tiempo en el trayecto entre Silao y San Miguel. VISE se quedaría con las dos concesiones y el estado recibiría el 0.5% de los ingresos de la caseta de Guanajuato.
- El principal pretexto que usó Diego Sinhue (una gran mentira) fue que el gobierno no tenía dinero para actuar como inversionista. En la fecha de su decisión, el Estado contaba con más de 30 mil millones de pesos en activo circulante, es decir, dinero en bancos y cuentas por ingresar. Además, la deuda total del Estado era de apenas 16 mil millones. Unos meses antes se había construido una carretera de 4 carriles de 30 kilómetros entre San Miguel de Allende y Dolores Hidalgo, libre de peaje y con un costo de 3 mil 200 millones de pesos. Una gran obra de calidad.
- Con los puros intereses. Al 30 de junio de 2026, el gobierno tenía en activo circulante y depósitos a largo plazo 43 mil millones de pesos. Si el promedio de saldos del gobierno fuera de 30 mil millones, con los intereses de dos años se habría podido construir la carretera Silao-San Miguel de Allende sin siquiera pedir prestado. Sobraría dinero.
- Las cuentas no dan. El presupuesto se elaboró sin siquiera contar con el proyecto, porque el gobierno no lo ha presentado, y marca un costo de 5 mil 200 millones de pesos para la carretera A2 (dos carriles) de asfalto en un recorrido de 52.7 kilómetros entre Silao y San Miguel. Justo el mismo valor que la A4 (cuatro carriles), construida en concreto hidráulico. No se necesita ser ingeniero o contador para comprender que, dadas las condiciones de terreno semejantes (lomerío con algo de montaña), una carretera pueda presupuestarse al doble.
- Presupuesto sin proyecto. ¿Cómo pudieron Diego Sinhue y sus técnicos de obras públicas aceptar un presupuesto de obra si no había proyecto? Según datos de expertos en carreteras, no existía un presupuesto detallado de las obras al firmarse la entrega de la concesión. El gobernador había entregado un bien público a particulares sin siquiera saber (o sí sabía) que los números estaban trucados. Expertos en construcción de carreteras e indicadores paramétricos de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes de la Federación estiman un costo de no más de 50 millones de pesos por kilómetro, y no los 100 millones presupuestados, en terrenos de lomerío para una carretera A2 de asfalto. Nos han dicho que la obra tendrá muchos puentes, pero no tenemos certeza porque el proyecto no se ha hecho público.
- Los que van a pagar. A algunos habitantes de la capital les “cayó el 20” de que pagarían un peaje durante 30 años para entrar y salir de su ciudad. El dinero no iría a los fondos públicos; cada pago sería un abono a la hipoteca de una empresa privada. Pagarán, al menos, 250 millones de pesos al valor presente durante 30 años, lo que equivale a unos 7.500 millones de pesos. El exgobernador y hoy candidato a la alcaldía de la ciudad, Juan Carlos Romero Hicks, lo sabe. Valdría la pena que nos dijera cómo se va a presentar ante los electores, justificando o dándole la vuelta al tema del despojo perpetrado por un gobernador de su partido.
- La premura. Diego Sinhue dejó la huella de quien tenía prisa por cerrar un trato desleal con sus gobernados. Maquinó una transacción nunca antes vista en Guanajuato: entregar un bien que vale unos 3 mil millones (la carretera de Silao a Guanajuato) para “ayudar” a una empresa privada a construir otra carretera que no será patrimonio de los guanajuatenses, sino de la constructora.
- Los tiempos. Los dos años que se han tardado en la preparación de permisos, el libramiento de vía y el proyecto revelan que había una prisa desmedida por parte de Diego Sinhue, una firma de “la última y nos vamos”. La gobernadora Libia García defiende lo indefendible, por más contratos y papeles que se quieran usar para explicar el despojo.