Acapara titulares la amenaza existencial de la Inteligencia Artificial. No quiero sumarme a la larga lista de opinadores que pontifican sobre sus riesgos sin comprender bien el desarrollo de esta tecnología. Pero hay un área de daño que ya es evidente: el que hace en las mentes de millones de jóvenes que le delegan su capacidad para razonar, crear y pensar.
Ellos ya no leen. Un profesor universitario me decía que ni uno solo de sus alumnos lee el periódico. Los algoritmos -con sus peligrosos sesgos- les informan. Escuché en Ciberdiálogos a una profesora de Oxford (!) decir que sus alumnos hoy no entienden textos que otros hace cinco años comprendían. Los resultados de la prueba PISA reflejan que la comprensión de lectura está mundialmente en caída libre. Aplicaciones adictivas como TikTok les roban tiempo a los jóvenes, pero además reducen seriamente su umbral de atención.
Aun antes de la reciente explosión del video corto, los adolescentes de EU ya veían pantallas casi 9 horas diario. La mediana de atención a la misma pantalla es de 40 segundos, hace diez años era de 2.5 minutos. Estas aplicaciones les están secando el cerebro. Más allá del deterioro cognitivo, los jóvenes ya no socializan. En un estudio de JAMA, entre hombres de 18 a 24 años en EU, uno de tres declaró no haber tenido una relación sexual en el último año, hace dos décadas era uno de cinco.
Las secuelas políticas son graves. El resurgimiento del antisemitismo -aberración que creíamos superada- revela alarmante ignorancia histórica, alimentada por algoritmos que lucran con la ira. Muchos jóvenes repiten consignas profundamente ignorantes, como From the river to the sea, que más que abogar por un Estado palestino, exige la desaparición del israelí. Ignoran que la presencia israelita en esa tierra se remonta a 1200 a.C., que Israel sólo ocupó Gaza después de ser atacado por sus vecinos en la Guerra de los Seis Días de 1967, y que retiró de ahí a sus fuerzas y asentamientos en 2005; o que 21% de la población de Israel es árabe y participa en su vida política e institucional; mientras que comunidades judías que durante siglos florecieron en países árabes han casi desaparecido.
Esto no justifica los excesos del gobierno israelí. Se puede -y debe- condenar la conducta de Netanyahu y exigir que todo crimen de guerra sea juzgado conforme al derecho internacional. Igualmente hay que aprehender a quienes han atacado a árabes desde asentamientos judíos ilegales. Pero trasladar la responsabilidad por los errores de un gobierno a todo judío -viva donde viva- es el epítome del prejuicio: convertir los actos de individuos o gobiernos en la culpa colectiva de todo un pueblo. Igualmente lo sería considerar que todo musulmán es fanático. Da profunda vergüenza lo ocurrido en Polanco durante Rosh Hashaná, cuando manifestantes gritaron “fuera los judíos de México” frente a una sinagoga.
La falta de contexto histórico lleva a que miles de jóvenes que dicen defender los derechos humanos idealicen a Hamás. El 7 de octubre de 2023, sus combatientes asesinaron a hombres, mujeres y niños, filmando violaciones sexuales y decapitaciones que fueron confirmadas por la ONU. Más allá de la bestialidad del 7 de octubre, el régimen de terror de Hamás en Gaza ha ejecutado personas, torturado a opositores, reprimido manifestaciones y restringido gravemente la libertad de mujeres, devolviéndolas por la fuerza, por ejemplo, al hogar de un padre o marido violento. Defender los derechos palestinos exige reconocer esa realidad. Convertir a Hamás en símbolo de liberación exige cerrar los ojos ante su extremismo religioso, misoginia, homofobia y atrocidad al combatir y gobernar.
Como humanidad, nuestro mayor riesgo no es convivir con máquinas cada vez más inteligentes, sino convertirnos en seres que cada vez piensan menos. Defendamos el conocimiento leyendo más libros y estudiando humanidades, aprendamos a escuchar y a respetar a quien piensa distinto. Si renunciamos a la curiosidad, al pensamiento crítico y a la conversación, la amenaza de la IA será lo de menos. Nos habremos derrotado solos.Opinión y comentarios