A dos años de gobierno de Libia Dennise García Muñoz Ledo, el Segundo Informe deja una fotografía con claroscuros: hay resultados que deben reconocerse, pero también pendientes que no admiten maquillaje. La disminución de los homicidios dolosos es un dato relevante: entre febrero de 2025 y febrero de 2026, el Gobierno estatal reportó una reducción de 64% en víctimas. Pero la seguridad no termina cuando baja un indicador.
Porque mientras disminuyen los homicidios, las desapariciones siguen siendo una herida abierta. En 2024 se reportaron 4 mil 428 personas desaparecidas y en 2025 fueron 4 mil 339: 89 casos menos, apenas 2%. Y más allá de porcentajes, detrás de cada expediente existe una familia que no tiene el lujo estadístico de esperar.
Aquí hay que reconocerle a Libia un cambio de sensibilidad política: el acercamiento con las madres y familias buscadoras. Hay diálogo, acompañamiento y recursos. Al cierre de septiembre, el Gobierno estatal reportó 246.5 millones de pesos ejercidos en medidas de apoyo para víctimas, incluyendo alimentos, gastos funerarios, atención médica, jurídica, vivienda y transporte. Pero las dependencias de seguridad y procuración de justicia todavía tienen que hacer mucho más.
También están las obras y los apoyos a los municipios, junto con programas sociales que han dado identidad propia al llamado Gobierno de la Gente. La Tarjeta Rosa, con más de 645 mil mujeres inscritas y una meta cercana a 690 mil, es probablemente el ejemplo más visible de una administración panista que incorporó instrumentos de apoyo directo con un lenguaje que tradicionalmente asociamos con gobiernos de corte social.
Ese Gobierno de la Gente resulta, por ello, sui generis: derecha en su origen partidista, pero con tintes populistas en la comunicación, los programas sociales y hasta en la denominación de sus dependencias. ¿Es contradictorio? No necesariamente. Es una adaptación política a los nuevos tiempos, y mientras la ciudadanía perciba beneficios concretos, la fórmula puede tener aceptación.
Pero en infraestructura hay cuentas pendientes. El Acueducto Solís-León sigue siendo una expectativa enorme para Guanajuato: el proyecto contempla 201 kilómetros de conducción y una inversión estimada superior a 15 mil 700 millones de pesos. La pregunta ya no es solamente cuándo se anuncia, sino cuándo comienza y cuándo el agua llegará efectivamente a León y al corredor industrial.
Algo semejante ocurre con el tren de pasajeros: anunciado como proyecto estratégico, todavía forma parte de esa larga lista de obras que generan expectativa antes de convertirse en realidad cotidiana. Guanajuato necesita menos ceremonias de arranque y más kilómetros terminados. En infraestructura, la fotografía no cuenta: cuenta la obra funcionando.
Y hay una diferencia política que tampoco debe ignorarse. Libia Dennise ha construido una relación cordial y de coordinación con Claudia Sheinbaum. Ambas han hablado de hacer equipo por Guanajuato y la Presidenta ha reconocido públicamente esa colaboración. Eso puede traducirse en gestiones y recursos para el estado.
Es un contraste con la relación áspera que Diego Sinhue mantuvo durante buena parte del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, marcada por desencuentros públicos. Puede discutirse cuánto dinero federal dejó de llegar y por qué, pero el hecho político es que aquella confrontación no ayudó a Guanajuato. Hoy la coordinación federal-estatal ofrece una oportunidad que habrá que convertir en resultados.
Dos años después, pues, Libia tiene números que presumir y pendientes que atender. Menos homicidios, sí; pero desapariciones que siguen lastimando. Más programas sociales, sí; pero obras estratégicas todavía en espera. Cercanía con la Federación, sí; pero esa cercanía deberá medirse, finalmente, en agua, seguridad, infraestructura y justicia. Porque gobernar no es solamente informar lo que se hizo: también es responder por lo que todavía falta…
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