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¡Cómo me gusta el silencio de mi casa! ¡Cómo me gusta sentirme “dueña y señora” de este espacio! Cuando es solo para mí y me puedo mover en él con la total seguridad de que no habrá otro ruido ni otro movimiento más que aquellos que yo elija, produzca o deje de producir.

Esto sucede raras veces… cuando mi esposo sale de viaje, ahora que ya no están las hijas en casa y cuando los nietos o nietas no piden venirse a dormir. En esas inusuales ocasiones, ¡creo que es maravilloso disfrutar de mi soledad!

Soy una de esas excéntricas personas a las que les gusta estar solas. Ya sé que no a todas se les da y varias veces me han dicho que es extraño…

Pero no deseo que se me malentienda: ¡me encanta socializar y reunir a la familia o a las amistades! Mas también disfruto de esos extraordinarios días y momentos en los que no hay que correr para cumplir con la agenda; que no necesitas atender a nadie; que no tienes que organizar a las personas que tienes la suerte de que te ayudan en casa; no debes conciliar con alguien si vas a algún lado o te quedas, si quieres o no desayunar o comer tal cosa; si quieres quedarte en pijama o arreglarte… simplemente el hecho de no tener que hablar es ya en sí relajante.

Esto también me hace recordar cuando estaba recién casada y los domingos Héctor se iba con sus cuates a andar en motocross… ¡era tan bello tener la mañana solo para mí! Leer hasta tarde echada en la cama, desayunar cualquier cosa; si se me atrasaba la comida, abría una lata de ostiones ahumados (que en aquella época solo se compraban en el extranjero y que yo guardaba como joyas) con una botellita de vino blanco y saboreaba cada momento… con toda calma.

Luego vendría la época de las hijas, también hermosísima. ¡Todavía recuerdo el ruido de mis tacones en sus piececitos rompiendo el silencio! ¡O cuando jugaban a corretear a la chiquita en el andador! ¡Qué tiempos! ¡Cuántos recuerdos! Pero he de reconocer que entonces no esperaba a Héctor con toda calma, sino con la urgencia de salir e ir a comer a algún lado para no tener que cocinar… ¡y verlo llegar cansado y con ganas de quedarse en casa hacía que me salieran chispas! ¡Ja, ja! ¡Todo pasa y parecía tan eterno! Y ahora ya quedó en el ayer…

Después sería el tiempo en que salíamos todos en las motos y cuatrimotos, con Lulú, Cando y familia. ¡Cuántas aventuras, cuántas risas, cuántos lugares! Las idas al campo, las idas al Rancho… pero casi siempre con la obligación y el gusto de atender, de apoyar, de preparar algo para aquellos a quienes amas. O quedarse en casa y gozar de los shows creados especialmente para papá y mamá, con sus creativos disfraces, a la luz de los riegos del jardín que parecían mariposas doradas iluminando sus pequeñas obras de teatro.

En los momentos de la adolescencia y juventud de nuestras hijas, ese estira y afloja de los permisos o no permisos, del «tiende tu cama y alza tus cosas o no vas»; de quererse ir con el novio u obligarlas a quedarse y convivir en familia… pero también gozosos, únicos e irrepetibles.

Y después, empezar a quedarse sola la casa y nosotros… primero una, luego dos juntas, que regresaban a veces y luego, cada vez menos… con todo el dolor que implica el «nido vacío»… aunque, de igual manera, con el gusto de reencontrarnos como pareja y tener más tiempo para volver a compartir gustos, momentos, espacios.

Y atesorar también estas raras ocasiones en las que estoy yo sola… con el espacio y tiempo solo para mi propio disfrute. Hacer lo que me venga en gana sin necesidad de explicación o excusa; al instante que yo quiera, lo que quiera, como quiera… darme la oportunidad de preguntarme: ¿se me antoja? ¿Deseo esto? ¿Qué le gustaría a mi ser? ¿De qué tengo ganas? Yo, solo yo, soy la importante hoy. Y disfrutar esa sensación, saborear cada segundo, cada decisión con calma, sin prisa, sin presión… porque sé que es solo una pequeña ventana en el gran tren de mi vida.

MARI AGUADO DE CUADRA

León, Gto., a 27 de septiembre de 2026.

P. D. 1: ¡Qué gusto que ya salió Ernesto Ruffo Appel de prisión! ¡Claro que es un preso político! ¡Qué vergüenza con la 4T! ¡Pifia tras pifia! ¡Mandarlo en auto a su casa en Ensenada, en un viaje de 31 a 48 horas, qué infamia! ¡Qué decir del “histórico decomiso de huachicol de Guanajuato” que resultó falso también! ¡Y lo de los memes políticos castigados con cárcel impulsando una dictadura!

P. D. 2: Me uno a la Carta abierta que publica Gerardo Pons Zepeda en el Periódico AM hoy domingo 27 de septiembre. ¡Que entregue cuentas la Alcaldesa Alejandra Gutiérrez del gasto en espectaculares con su imagen y de su “II Informe de Gobierno”! Habiendo tantas necesidades en nuestro León, ¿por qué se gasta en eso? ¿Quién lo decide?

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