La información llegó a TV Azteca desde una fuente del gobierno mexicano. Era la dirección del empresario tabasqueño Jorge Amílcar Olán Aparicio en Lugano, Suiza. Vía Collina número 20. El dato iba acompañado de la fotografía de un edificio pintado de rojo:
“Aquí está Amílcar. 100% seguro”.
Esto ocurrió hace tres semanas y parecía cuadrar con un dato, proporcionado poco antes por una familia mexicana, que había indicado que Olán tenía a sus hijos en la costosa Scuola Americana de aquella ciudad.
La televisora decidió enviar a un reportero experimentado, Irving Pineda, así como a un camarógrafo (cuyo nombre se reserva por motivos de seguridad).
El pasado 16 de septiembre, los periodistas arribaron a Lugano, uno de los grandes centros financieros de Suiza. Árboles, autos de alta gama, residencias lujosas rodeadas de colinas y, al fondo, la postal espectacular del Lago de Lugano.
Tuvieron una suerte igual de espectacular porque el primer día localizaron a Amílcar sentado en una banca, en el pequeño parque de su edificio, hablando por su teléfono celular.
Desde la camioneta que habían rentado, Pineda escuchó el fragmento de una conversación en español. Tuvo la impresión de que Olán Aparicio “hablaba como en clave”.
No intentaron abordarlo esa vez. Quisieron confirmar que se trataba de él. Cuando el personaje se metió al edificio pintado de rojo, checaron el buzón. Tenía escrito este nombre: “Jorge Olán Aparicio”.
Aquel 16 de septiembre el empresario tabasqueño no celebró el Grito. No salió a ninguno de los dos restaurantes que se hallan a menos de tres minutos de distancia. De hecho, no hubo más movimiento.
Esa sería la constante en los seis días que siguieron: el hombre que tuvo las manos metidas en las grandes obras del sexenio de López Obrador, el beneficiario visible de los millonarios contratos que Andy y Gonzalo López Beltrán, los hijos del expresidente, pusieron en sus manos, el dueño de la empresa acusada de traficar millones de litros de huachicol, vivía escondido, sin pisar la calle, sin salir siquiera al balcón.
Amílcar había desaparecido desde septiembre de 2025 cuando comenzaron las muertes vinculadas con el tráfico ilegal de combustibles y empezaron a estallar los grandes escándalos de corrupción dentro de la cúpula de la Marina.
Cuando trascendió que autoridades habían detectado movimientos por 3 mil millones de pesos enviados precisamente a bancos de Suiza.
Pineda y el camarógrafo montaron guardias en el estacionamiento del edificio de Vía Collina 20, y también desde el parque que rodea una iglesia cercana. Desde ahí, con ayuda de un telefoto, vigilaron desde las seis de la mañana hasta las 10 o las 11 de la noche, la propiedad.
Como muestran las imágenes que obtuvieron, vieron a Amílcar hablar por teléfono, sentarse frente a la computadora, dar vueltas de la cocina a la sala, y de la sala a la recámara.
A lo largo de seis días no pisó la calle. Comedor, computadora, celular, sillón, vueltas y vueltas por el lujoso departamento de 14 mil francos suizos mensuales: más de 350 mil pesos.
Solo sus hijos y una empleada mexicana salían del edificio. Ellos, para ir a la Scuola Americana (un millón y medio de pesos al año por cada alumno), y a ningún sitio más; ella, a tirar la basura, revisar el buzón, y tal vez hacer alguna compra.
A los periodistas les resultó evidente que Amílcar Olán se estaba escondiendo.
¿De quién, si en México no hay orden de aprehensión en su contra? ¿De las agencias de Estados Unidos? ¿O bien de sus antiguos socios, en vista de la “limpia” de marinos y funcionarios involucrados en el tráfico de huachicol que fueron asesinados en los meses anteriores a la salida de México del empresario?
Pineda ha relatado que las cortinas del departamento en el tercer piso se abrían hasta después de las 11 de la mañana y que alrededor de esa hora comenzaba la rutina de Olán. No salió un solo día, ni a caminar, ni a pasear, ni a divertirse ni a hacer ejercicio.
Y desapareció un día después del séptimo día: esa tarde en la que los periodistas lo abordaron y él trató de arrebatarles el teléfono, con el rostro descompuesto.
Esa tarde, luego de que Amílcar los amenazara con llamar a la policía, Pineda y el camarógrafo volvieron a su hotel y, antes de que otra cosa ocurriera, enviaron a México el material que habían obtenido.
Olán Aparicio desocupó el departamento horas después. En algún otro lugar hablará por teléfono, se sentará frente a la computadora, dará vueltas de la cocina a la sala y de la sala a la recámara, escondiéndose ¿de quién?
Esa es la pregunta.
@hdemauleon