Sabemos que el mundo padece peligrosa polarización alimentada por algoritmos, pero nuestra creciente propensión a encasillar a la ligera es otra secuela nociva. Dividimos al mundo entre quienes habitan nuestra tribu y quienes no -izquierda o derecha, conservadores o liberales- etiquetas simplistas que nos ahorran la “molestia” de pensar.
Confunde esa perspectiva binaria. Cuando escribí sobre la posible pérdida del control republicano del Congreso de EU, varios empresarios me manifestaron preocupación de que la “derecha” pierda espacio. Preguntémonos si el gobierno de Trump merece esa etiqueta.
La derecha empresarial debería defender disciplina fiscal para evitar que un gobierno voraz desplace al sector privado y acapare crédito. Debe defender libre comercio, una economía de mercado, política monetaria independiente, Estado de derecho, propiedad privada, instituciones autónomas y contrapesos que limiten excesos del Estado. Contrastemos eso con la realidad. Jamás otro gobierno acumuló déficits fiscales de esta magnitud, menos aún en tiempos sin crisis y de evidente prosperidad. Este año, por primera vez, pagó más por intereses sobre su deuda que en gasto militar.
Trump debilitó a la Reserva Federal al presionar para reducir tasas e impulsar la salida de Jerome Powell. Tampoco cree en el libre mercado. Washington adquirió 10% de Intel mediante una inversión cercana a 10 mil millones de dólares. Su gobierno ha negociado participaciones en otras empresas estratégicas, convirtiendo al Estado en regulador, financiador y accionista.
Trump ve al comercio internacional como un juego suma cero. Impuso aranceles que encarecen insumos a su industria y merman la competitividad que Norteamérica, como región, había alcanzado. Los aplica por berrinche o como castigo a quien no se somete a sus caprichos. Utiliza tarifas, subsidios y participación gubernamental para elegir qué industrias deben prosperar, política industrial enemiga del libre mercado que la “derecha” debe defender.
Y ni hablar del gobierno más corrupto en la historia, donde la familia Trump “monetizó” la Presidencia para embolsarse más de 3 mil millones de dólares en un año. Además, intentó revertir el resultado de una elección que perdió en 2020, proceso que culminó con el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021. No existe principio conservador más elemental que respetar el voto.
Desmanteló el orden internacional basado en reglas. Amenazó la soberanía de aliados -Canadá, Dinamarca- mientras mostraba afinidad con gobernantes autoritarios de Rusia, China o Corea del Norte. Eso tampoco encaja en coordenadas de derecha. Venezuela ofrece otra contradicción. Trump sorprendió al remover a Nicolás Maduro mediante una operación militar. Nueve meses después, Delcy Rodríguez encabeza un gobierno con impresentables como Diosdado Cabello. Ha bloqueado el regreso de María Corina Machado, y el ilegal acuerdo petrolero firmado entre ambos países mereció de Ricardo Hausmann el calificativo de “fusión de dos cleptocracias”.
Claro, Trump tampoco es “de izquierda”. Ese es el punto. Esa calificación binaria impide entender fenómenos complejos. Quizá no sea malo que los demócratas recuperen el Congreso. EU ha tenido logros con gobiernos divididos. Reagan negoció con una Cámara baja demócrata la reforma fiscal de 1986. Clinton gobernó seis años con un Congreso republicano. Reformaron programas sociales y se logró el último presupuesto superavitario. Los contrapesos no son un defecto del sistema de EU. Son su fortaleza.
Muchos mexicanos quisieran que Washington investigue los vínculos entre la 4T y organizaciones criminales. Una derrota republicana en noviembre haría que Trump dedique más energía a su política exterior. Puede ser.
Abandonemos la comodidad de las etiquetas. No todo lo que hace un gobierno republicano es “de derecha”, ni todo contrapeso demócrata representa un avance “de izquierda”. El empresariado debe mejor apoyar a quien respete el Estado de derecho, los mercados y las finanzas públicas sanas, a quien le imponga límites al poder de quien gobierna. Defendamos principios, no etiquetas.
@jorgesuarezv