El presidente Donald Trump está desesperado porque sabe que su partido corre el riesgo de perder la elección intermedia del próximo mes. Lo demostró cuando ofreció entregar 5000 dólares en efectivo a los votantes: una burda maniobra rechazada tanto por el electorado como por los congresistas. Luego, pactó con Vladímir Putin la compra de diésel para reducir la presión sobre el mercado de su país, donde el combustible superó los 6 dólares por galón.
La medida resultó sorprendente tanto para demócratas como para republicanos, quienes comprenden la gravedad de transferir recursos a Rusia mientras continúa martirizando a Ucrania. Para los países de la Unión Europea representa una grave afrenta: durante varios años han luchado por contener la invasión rusa, tiempo en el que han proporcionado recursos económicos y armamento a Volodímir Zelenski para defender la soberanía de su nación.
Aunque la decisión de Trump pretenda parecer pragmática, resulta en una verdadera traición a Occidente y al bloque de naciones democráticas que históricamente ha liderado su país. Desde la Segunda Guerra Mundial, no se había visto un punto tan bajo en la política exterior estadounidense. Si la amenaza de los aranceles ya había agraviado a medio mundo, los ataques contra Canadá resultaban inimaginables y el conflicto con Irán mantenía entrampados a su ejército y a su economía; la compra de diésel a Putin constituye la mayor ofensa contra sus países aliados.
Trump pretende gobernar como un emperador romano, jugando con la geopolítica al estilo de la parodia de Hitler en la película «El gran dictador» de Charles Chaplin (1940). No obstante, las encuestas señalan una alta probabilidad de que los demócratas recuperen el control del Congreso y, tal vez, del Senado. Si los republicanos pierden la mayoría, Donald Trump se convertirá en un «pato cojo» (lame duck), pues los legisladores acotarán su poder, algo que no consiguieron al inicio del conflicto con Irán.
Quienes votaron por segunda vez a favor de Trump toman conciencia de las fallas morales y estratégicas de su presidente. Desde la caprichosa idea de ser galardonado con el Premio Nobel de la Paz hasta su narcisismo exacerbado en todo lo que hace y dice. Recordemos la imagen que publicó en sus redes sociales con su rostro de Jesucristo como protector.
A nuestros paisanos y a todos los migrantes que hacen posible el crecimiento de la economía norteamericana, los ha tratado como extranjeros dañinos, como terroristas o criminales. Lo malo de personajes como Trump o el propio Andrés Manuel López Obrador es que el daño que causan sólo se puede calibrar con el paso del tiempo y no mientras lo infligen.
Para el próximo presidente norteamericano, será una tarea enorme recuperar el prestigio perdido de su nación. Es probable que la economía se enfríe después del boom de las inversiones en IA; también es probable que el gobierno tenga que corregir el gasto público y aumentar los impuestos para evitar que las tasas de interés ahoguen al consumidor y al propio país con su deuda de 40 billones de dólares (trillions).
Cualquier turbulencia en la economía del vecino se reflejará en México debido a nuestra dependencia de las exportaciones e importaciones. También queda pendiente saber cuál será el show que prometió el subsecretario de Estado, Christopher Landau. Después de quitarle la visa a Andy López Beltrán, los comentarios se multiplican en las redes sociales sobre información que se publicará antes de las elecciones del 4 de noviembre. Lo veremos pronto.