Según lo dicho por el secretario de Seguridad Ciudadana, Omar García Harfuch, el empresario Amílcar Olán “está ubicable”. Eso, y decir que lo tienen en la mira, es lo mismo. Además, prometió consultar a la Fiscalía General de la República sobre la existencia de carpetas de investigación en contra del empresario.
Con las nuevas revelaciones de que el tabasqueño, presunto prestanombre de Andy López Beltrán, obtuvo contratos por 22 mil millones de pesos en la refinería de Dos Bocas y un permiso de última hora para que su abuelo ponga en marcha un negocio de apuestas en línea, la presión aumenta para que lo detengan. Si el gobierno de la 4T no lo hace, existe el riesgo de que el asunto “Olán” se les salga de las manos y, con ello, se difunda más información de la que Latinus y MCCI (Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad) han obtenido.
Los números son extraordinarios si sumamos todos los contratos y los negocios que realizó el tabasqueño durante el sexenio de AMLO. Surtió el balastro del Tren Maya y del Interoceánico; proveyó medicinas a estados e instituciones; contrató 22 mil millones de pesos en la refinería; importó combustibles por cientos o miles de millones de pesos con un permiso expreso otorgado por la Comisión Reguladora de Energía. Al final, exportó capitales a Suiza y se fue a refugiar en Lugano con su familia.
En la discordia morenista, destaca el desencuentro entre Omar García Harfuch y el expresidente, así como con su grupo duro de políticos tabasqueños, incluidos los presuntos socios de Amilcar Olán. Al Secretario de Seguridad le vendría muy bien que la presidenta Claudia Sheinbaum le permitiera traer a Amilcar Olán a México desde donde esté. El escándalo está dado y el riesgo de que desaparezca, por las buenas o por las malas, sería aún mayor. Algunos dicen que el super empresario de la 4T podría estar “cantando” a las autoridades estadounidenses para salvar su pellejo y parte de su fortuna.
Una opción para Olán sería presentarse ante la Fiscalía General de la República y celebrar un acuerdo informal de “discreción”, tal como lo deben tener con Hernán Bermúdez Requena, líder de la “Barredora”, un grupo criminal. Desde que lo extraditaron de Paraguay, no se conoce ninguna declaración de lo mucho que debe saber sobre las actividades criminales de su grupo. Es un silencio que habla a montones.
Sabemos que el “clan” de Tabasco no quiere a García Harfuch desde que AMLO se opuso a su candidatura a la gubernatura de la CDMX a pesar de que encabezaba las encuestas. Ese puesto le habría otorgado independencia, fuero y proyección nacional. Desde la Secretaría de Seguridad Ciudadana ha logrado grandes golpes al crimen organizado y hoy es el personaje más popular en las encuestas hacia el 2030. Si nada se descompone en su cancha, la oposición tendría poco que hacer.
La ventaja estratégica de García Harfuch al día de hoy se llama Amílcar Olán. A sus aliados en el gobierno de Estados Unidos les vendría muy bien que las autoridades mexicanas echaran el guante a Olán. Lo que no conocemos es la profundidad de las redes de negocios establecidas por el tabasqueño, porque para hilar tantos negocios tan grandes en tan poco tiempo, tuvo que repartir muchos beneficios. Eso tuvo que ser del conocimiento del propio expresidente López Obrador. Hagan sus apuestas.