Quisiera decirte que siempre soy la misma que conoces y que llevo el control de mis estados de ánimo, que es simple y sencillo predecirme, pero estaría mintiendo. A veces mis emociones giran dentro de una vorágine ardiente; otras, tranquilas, fluyen rítmicas con el pasar de las horas.
Sin embargo, hay veces que esa persona que conoces se transforma, a tal grado que yo misma me desconozco. Me sorprenden temores, miedos, a veces enojos incomprensibles, porque no he descubierto a ciencia cierta todo lo que se esconde en mi corazón.
Y sé, que basta una rendija para aflorar por entero ese sentimiento agazapado en lo más profundo de mis afectos, adormecido y enquistado como una larva que abriera su capullo, estirara sus alas y emergiera de mí como un volcán submarino, derramando su lava candente.
Por eso, a veces he tratado de buscar esos senderos que me involucran, en los que algo de mí vaga sin rumbo, y así llegar a conocerme completamente. Pero lo considero un imposible. ¡Cuántas cosas se almacenaron porque no supe procesarlas y se mandaron a la bodega infranqueable de la que no se me dio la llave!
Hoy pienso en esa, en la oculta, en esa que deambula por senderos que enyerbo el tiempo tratando de unificarse, en esa que desconozco a pesar de saber que somos la misma.
Me conoce tanto puesto que soy una mujer habitada, así que puede leer mis pensamientos y descubrir caretas que yo no he visto aún, y me las susurra en el corazón, hablándome de falsedades que hasta ese momento, eran invisibles para mis ojos. Gracias, te digo en silencio. Te considero una personita sabia, me agrada que nos unifiquemos. Yo trataré, en la medida de mis posibilidades, de darte respuestas y razones, aunque en gran parte no existan explicaciones.
En ratos, en mis horas de calma, la escucho expresarse, tratando de traer al aquí y al ahora sus dudas para que encuentren su rumbo por medio de mis palabras. Y ciertamente te resultará difícil conocerme, puesto que ni yo he logrado hacerlo por completo conmigo misma. El proceso de unificarme es lento, requiere la paciencia de muchos días, y hasta que esté completamente integrada, no podré decirte que seré una persona nueva, sino una más evolucionada, que ha aprendido a caminar sin muchas respuestas y que me acompañarán como lo hace la rémora al tiburón o los percebes a la tortuga.
Porque estoy convencida de que llevamos el amor y el consuelo en nuestro bagaje, aunque probablemente no nos habíamos dado cuenta.