El gran actor francés Gérard Depardieu estaba muy enojado en 2012, cuando el congreso de su país quiso elevar la tasa de impuestos al 75% sobre lo que se ganara por encima de un millón de euros. La medida lo llevó a mudarse a Bélgica y, después, a Rusia, donde Vladimir Putin le regaló un pasaporte y la ciudadanía.
Todo cambió cuando la ley, considerada confiscatoria, no fue aprobada. El genial y robusto actor de la película Cyrano de Bergerac pudo descansar su colorada nariz y regresar a Francia. Viene esta historia porque ahí el gobierno gasta el 57% de lo que se produce. El Estado se encarga de las pensiones, los servicios públicos, la educación universal y una buena parte de la atención médica. A pesar de apropiarse de ese 57% de la producción, el dinero no le alcanza y recurre a la deuda que llega al 120% del PIB.
En la Unión Europea se preocupan por el destino que puedan tener los bonos de deuda, ya que Francia podría pagar tasas elevadas y, en un momento dado, estos podrían volverse impagables.
Más o menos cada 15 años Francia tiene pequeñas y grandes rebeliones ciudadanas. Agricultores, jubilados, sindicatos y ahora estudiantes no están contentos con lo que reciben. La semana pasada, los preparatorianos reclaman mejores condiciones en sus escuelas deterioradas, más oportunidades de ingresar a universidades de calidad y, en el fondo, un mejor futuro en el mercado laboral. Detrás de las protestas hay razones fundadas por las que los jóvenes piden mejores condiciones en la educación, pero infundadas en los métodos violentos que utilizaron.
Francia es un país rico con una tradición de atención social y una fuerte intervención del Estado en la economía. El problema es que han tomado deuda para ajustar con el gasto, como si no hubiera mañana. Su déficit público en 2024 fue de casi el 6% y en 2026 será del 5%. Tienen que asumir más deuda para que la economía estancada crezca al menos un 1%.
La desventaja radica en su estructura económica, que no resiste el embate de la productividad oriental ni los problemas inflacionarios derivados de las guerras de Putin y Trump. Para México, las protestas violentas en Francia son una advertencia de que también existen problemas serios en el presupuesto. Aunque el gobierno gasta el 27% del PIB (lo cual no es tanto en comparación con Francia), debe recurrir a un endeudamiento de 1,7 billones de pesos en 2027 para cumplir con las obligaciones fiscales establecidas en el presupuesto. La pésima administración de Andrés Manuel López Obrador puso en aprietos al gobierno de Claudia Sheinbaum ante las demandas de la población por más medicamentos y una mejor atención en el Seguro Social.
El principal problema es que el 25% de las empresas opera en la economía informal y el 55% de los trabajadores viven sin prestaciones y sin tributar. El país necesita un cambio profundo para volver a crecer y ayudar al gobierno a mejorar las condiciones de vida de la gente (el pueblo, como dice la 4T). El peligro es que la mala administración de los escasos recursos se convierta en una fuente de inestabilidad social y económica. Pasamos por esta situación en 1982 y fue difícil salir adelante. Ahora no hay que demorarse. (Continuará)