Hay personas con una habilidad política que merece reconocimiento: aparecer siempre junto al poder, pero cuando llegan los cuestionamientos, lograr que nadie pregunte por uno.
Ahí están: en la foto, en el video, sentaditos en su lugar del presídium. Muy presentes, muy institucionales, muy calladitos. Pero, ahora que los trabajadores protestan, dejan que un solo nombre concentre el desgaste. Vaya economía de responsabilidad: el comité presume en plural, pero responde en singular.
Al día de hoy, la atención pública sobre el sindicato del IMSS recae sobre su dirigente nacional. Pero no olvidemos que alrededor hay un comité ejecutivo nacional con nombres, cargos y atribuciones puntuales. Hay de todo: responsables del trabajo, conflictos, tesorería y comunicación, entonces, cabe suponer que semejante estructura tiene una utilidad mayor que solamente ampliar la fotografía.
Según el sindicato, ese equipo tiene una “trayectoria profesional y sindical que los avala”. Perfecto, entonces estamos frente a personas con experiencia, criterio y capacidad de intervención, por lo que resultaría extraño que llegado el momento de explicar las decisiones cuestionadas, se descubra que “ninguno tuvo nada que ver”.
Ante las circunstancias actuales, es menester preguntarle a ese equipo sindical del comité ejecutivo ¿qué hizo o qué está haciendo?. Si participaron en las negociaciones con la empresa, ¿qué propusieron?, ¿qué defendieron?, ¿qué alternativas discutieron?, ¿quiénes respaldaron el resultado?, ¿con qué análisis consideraron que lo “logrado” era suficiente? Aquellos quienes debían recoger las inquietudes de las secciones ¿qué estaban escuchando?, ¿lograron detectar el malestar, lo minimizaron o no pudieron transmitirlo?
En efecto, salir en los vídeos y fotografías acreditan presencia, pero, el silencio ante una cámara no es evidencia de conformidad ni responsabilidad en las decisiones. No se ha sabido sobre las intervenciones de cada integrante y es una interrogante conocer si discreparon, respaldaron, no participaron o qué función específica tuvieron en este contexto de reclamos. Porque, para anunciar logros, sí existe “equipo”. Para celebrar acuerdos aparece la “organización”. Sin embargo, cuando llegan los cuestionamientos, todo parece apuntar a una sola persona. Resulta muy práctico pertenecer a ese comité, donde una sola espalda carga las consecuencias.
Que quede claro estimado lector: además del dirigente nacional, todos los integrantes del comité ejecutivo deberían cargar el muertito político que les corresponde. Todos y cada uno según sus decisiones, respaldos, omisiones y atribuciones. Por eso es necesario identificarlos, sacándolos del anonimato colectivo donde la pasan tan cómodamente. Los que negociaron, deben explicar la negociación. Los que aprobaron algo, deben explicar su voto y, es más, quien pudiera haber considerado que todo estuvo mal, tendría que explicar qué hizo cuando estaba en condiciones de intervenir.
Hay algo a resaltar también: varios integrantes del comité han ocupado responsabilidades sindicales anteriores, cambiando cargos y ampliando sus carreras de representación y si bien esa permanencia puede aportar experiencia, obliga a revisar su gestión de manera puntual. El problema radica en que existe escasa evidencia dura y pública sobre sus resultados individuales y pareciera que pesa más la pertenencia a un grupo dirigente, que un desempeño verificable ante sus representados. Es complicado reunir evidencia sobre cuántos conflictos resolvieron, qué condiciones lograron modificar, qué compromisos cumplieron, qué recursos administraron o dónde están sus informes que permitan evaluarlos de manera objetiva.
El dirigente nacional presumió su negociación más reciente. Falta saber qué defendió cada uno de los representantes de su comité. El decir “estuvimos en las mesas” apenas les acredita asistencia. Por ello, la realidad actual del sindicato del IMSS exige indentificar, evaluar y llamar a responder a todos los integrantes del comité ejecutivo para saber qué hicieron o dejaron de hacer desde sus cargos. Concentrar el “desgaste” solamente en el dirigente nacional, dejándolos ahí quietecitos, detrás de él, los blinda del escrutinio público.
Es sumamente cómodo tener un puesto así: mientras uno recibe los cuestionamientos, el resto espera a que pase la tormenta y después, le puedo garantizar, estimado lector, que alguno hasta podría presentarse como la “renovación”. Con el mismo equipo, pero con nuevo discurso y una saludable confianza de que todo se olvida.
Es menester revisar la gestión de todo el comité ejecutivo sindical, haciendo aparecer sus nombres, decisiones y resultados, porque el silencio no puede convertirse en certificado de inocencia política, ni la salida de uno en la absolución del resto. Dios los hizo y ellos se juntaron. Si para presumir logros cabían todos en la foto, ahora para cargar el muertito también debe alcanzarles el espacio.
*Médico Patólogo Clínico. Especialista en Medicina de Laboratorio y Medicina Transfusional, profesor universitario y promotor de la donación voluntaria de sangre.