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En Europa hay doce monarquías, incluidas las de cinco micro-Estados. Bélgica, Dinamarca, España, Noruega, Países Bajos, Reino Unido y Suecia; más Andorra, Lichtenstein, Luxemburgo, Mónaco y el Vaticano. En todo el mundo hay 43, según la Wikipedia (“List of current monarchies”, 2026).

Parece extraño. Se supone que la monarquía es una reliquia de otros tiempos ¿Cómo puede haber tantas? ¿Cómo puede haberlas en países plenamente modernos? ¿Cómo es posible que algunos (como el Reino Unido) sean monárquicos y democráticos?

La monarquía es milenaria. Ha tenido muchas formas: Según el número de personas en el poder supremo: monarquía unipersonal (la más común), diarquía, triunvirato, tetrarquía (infrecuentes, inestables y con tendencia a volverse unipersonales).

Según las limitaciones del poder del monarca: no poder romper la tradición; no poder elegir sucesor caprichosamente, ni al jefe del gobierno, aunque debe consagrarlos; no poder rebasar la constitución (monarquía constitucional), no poder vetar las decisiones legislativas, ejecutivas y judiciales de la administración pública (monarquía parlamentaria). En el extremo opuesto: tener a su cargo la administración pública (monarquía absoluta, en distintos grados).

Según la forma de llegar al poder supremo: por las armas (en las monarquías arcaicas y luego en las feudales), por aclamación (en la Antigüedad), heredando el trono (monarquía tradicional), heredándolo como hijo adoptivo del emperador (Roma antigua), por elección de sus iguales (Colegio de Cardenales), por golpe militar, por usurpación (presidente que

asume poderes monárquicos), por un golpe de mano (Napoleón le arrebata al Papa Pío VII la corona y se corona él mismo como emperador).

Ante esta variedad de situaciones, se inventó el término monocracia, que las cubre todas. El monócrata puede usar oficialmente títulos como rey, emperador, presidente, Duce, Secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética, Jefe Máximo de la Revolución Mexicana, Primer Generalísimo de la República Dominicana, Führer, Caudillo de España por la Gracia de Dios, Mariscal y Presidente Vitalicio de Yugoeslavia, Presidente de la República Popular China, Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba, Presidente del Consejo Presidencial de Libia, Líder Supremo de la República Islámica de Irán, Líder Supremo de la República Popular Democrática de Corea.

Los títulos rimbombantes reflejan la desmesura que permite la monocracia. Desmesura ilustrada por la proclamación de Luis XIV: “El Estado soy yo”. Y por la leyenda de que el emperador Calígula nombró Cónsul de Roma a su caballo Incitatus.

Hay quienes sueñan en un buen dictador, que tenga un poder sin límites y lo use en beneficio de sus súbditos. Es una ingenuidad. ¿Por qué alguien que soñó en el poder absoluto y lo obtuvo va a preferir los sueños de los súbditos? Otra forma de la misma ingenuidad, que padeció el mismísimo Platón: Pensó que para llevar sus ideas políticas a la práctica debía convencer a un tirano de aplicarlas. Fracasó, y estuvo a punto de perder la vida. Ilusión semejante: la crítica desde adentro. Renunciar a la crítica pública del poder y convertirse en asesor interno.

El poder sin límites atonta. El monócrata pierde el sentido de la realidad. Cree que sabe lo que no sabe, que puede lo que no puede. Se vuelve una desgracia para todos los que padecen su desmesura.

A lo largo de los siglos, se han inventado remedios parciales para la desmesura. Solón (638-558 a. C.), impuso la rendición de cuentas de los funcionarios públicos atenienses. Montesquieu (1689-1755) propuso la separación de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. En 1787, Edmund Burke señaló la existencia de un “cuarto poder”: la prensa. En 1993, Peter Eigen fundó Transparencia Internacional, organismo no gubernamental, que hoy promueve la transparencia del gasto público en más de cien países.

Las monarquías subsisten porque han ido aceptando la pérdida de poder. En los países que pueden pagarlas son un lujo que se justifica porque contribuye a la estabilidad política. Además, son vistosas y tienen demanda para el turismo y el público de Hola TV. Otra cosa son las monocracias del crimen que aspiran a ser micro-Estados, dueños únicos de la violencia en sus territorios.

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