Opinión

El día que la sociedad rebasó al Presidente

“Una cosa fue la campaña y otra es gobernar”; AMLO mismo lo decía. Podía prometer crecer el PIB al 4% y nos llevó a la recesión; acabaría con la corrupción y hoy es el mayor procurador de compras por adjudicación directa; callaría a Trump para convertirse en su constructor de muros; prometió gobernar para todos y nos polarizó.

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Por: José Luis Palacios Blanco*

No será difícil en esta sección editorial de casi 20 años, rastrear mi defensa de las banderas que ha enarbolado AMLO: el necesario reparto de la riqueza, acabar con los privilegios de los partidos políticos, la perversidad de la alianza de empresarios con gobierno, la entrega del País a los cuates y el más importante, su diagnóstico: la inseguridad es el fruto de las enormes diferencias entre ricos y pobres y que solo se acabará en la medida en que demos mejores oportunidades a las mayorías excluidas del desarrollo.

AMLO, el gran animal político que es, el que se formó en el PRI y luego en el PRD, el dueño de Morena, luchó por décadas junto al pueblo pobre para construir una plataforma política que acumuló la mayor simpatía electoral de nuestra historia reciente. Su victoria se debió también a que cosechó décadas de gobiernos del PRIAN que no dieron los resultados que la gente quería.

Hasta allí, incluso la simetría con la enorme expectativa que creó Vicente Fox para lograr la alternancia y sacar al PRI con sus 71 años de rapacidad. Pero las promesas de cambio generan en la gente expectativas altas que no siempre se pueden cumplir.

“Una cosa fue la campaña y otra es gobernar”; AMLO mismo lo decía. Podía prometer crecer el PIB al 4% y nos llevó a la recesión; acabaría con la corrupción y hoy es el mayor procurador de compras por adjudicación directa; callaría a Trump para convertirse en su constructor de muros; prometió gobernar para todos y nos polarizó.

Dijo que acabaría con la delincuencia y les dio tregua. Inventó la chunga de la rifa (que no es rifa) del avión (que no es avión).

AMLO en los últimos meses cometió enormes errores, pues esas son las desventajas de que un movimiento sea caudillista: no se reparten responsabilidades y la figura del líder se convierte en la del Mesías. La 4T planteó un cambio de régimen que comenzó a atender reclamos pendientes por décadas como elevar al rango constitucional las ayudas sociales, priorizar a las mayorías en el presupuesto y atacar desde la raíz las causas de la inseguridad.

Pero el carácter de AMLO le fue ganando; no basta con la voluntad. Se tiene que generar primero la riqueza y después repartirla. No al revés. Ha logrado en este año y medio resultados importantes, es cierto: el enfoque social del gasto público; el buscar invertir en proyectos que llevarían desarrollo al sur del País; establecer programas interesantes como “sembrando vida”, las “becas Juárez” y las ayudas a la tercera edad.

Pero pronto, muchas voces opositoras (los que llama sus “adversarios”) comenzaron a cuestionarlo. Es cierto que el desgaste de las “mañaneras” es enorme; se ha convertido en el centro de los ataques y no comparte el desgaste con algún funcionario. Se exhibe y es frecuentemente arrebatado por su ira y carácter dictatorial y mesiánico.

El discurso de culpar a otros, de no reconocer los datos oficiales, y de arremeter siempre contra el periodismo, le ha mostrado su carácter de intolerante. Particularmente parte de las clases medias, profesionistas y universitarios, la tercera parte del electorado que cautivó, lo han abandonado al darse cuenta de sus torpezas. Sus niveles de aprobación cayeron hasta menos del 50% esta semana.

Pronto todo cambió con el 2020. Ya AMLO se había autonombrado en el pasado como “indestructible” siendo Jefe de Gobierno; las encuestas todavía en marzo del 2019 mostraban el clímax de su popularidad (70 al 80% de aprobación). Considero que la soberbia y el enorme apoyo popular le incrementaron la ironía y el egocentrismo, evitando ver errores e ignorar movimientos sociales que –insistía- eran provocados por sus adversarios.

Llegaría 2019 como el año más violento de la historia; serían los feminicidios y su indiferencia el movimiento nacional de las mujeres; el desabasto de insumos médicos y la creación del INSABI, las que se conjuntarían al inicio del año con la recesión del 2019 provocada por factores internos. 

Pero le llegó a AMLO “la kriptonita como a supermán”: la pandemia del coronavirus. Como una variable externa, trajo lo que no estaba planeado por él: una gran crisis donde debería haber convocado a la unidad y en medio del cotorreo que hace de todo, se animó a ignorar el fenómeno dando señales a todos de que no debíamos tomar al coronavirus en serio.

Amuletos y claros desafíos a la OMS al seguir dando besos y abrazos ignorando a sus funcionarios de la salud. Enorme error. La Organización Mundial de la Salud declaró antes que él, la etapa 2. AMLO había dicho desde Oaxaca que “él nos diría cuando meternos a las casas”. La sociedad, algunos gobernadores, las empresas, las universidades, lo rebasamos y tomamos medidas preventivas.

¿Está todavía a tiempo AMLO de rectificar? Quienes lo conocemos desde joven, sabemos de su necedad. Se seguirá sintiendo acorralado y dirá que hay un complot y hasta hablará de un golpe. La pandemia era una enorme oportunidad para mostrarse como el líder conciliador de todos. Ojalá rectifique y vea que todos los mexicanos queremos un Presidente que gobierne a todos. Que para que nos vaya bien, debe irle bien a él. Que no queremos revocación de mandato, sino que gobierne bien. Perdió la oportunidad de ser el gran líder frente a la pandemia, es cierto. Ese día, cuando estaba en Oaxaca, nosotros tomamos las decisiones y la sociedad, lo rebasó.

*Consejero local del INE.

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